Mayo 4 del 2023

Traian Popovici, el desconocido héroe rumano que salvó a 20.000 judíos

Alcalde de la ciudad rumana de Cernauti (Czernowitz, hoy en Ucrania) durante la Segunda Guerra Mundial.

Popovici se negó a obedecer las órdenes de sus superiores, que le conminaban a que deportara a todos los judíos bajo su jurisdicción, y a merced de su coraje, valentía y heroísmo salvó a más de veinte mil judíos, poniendo en riesgo su vida y la de su familia. Esta es su historia. 

Popovici es, seguramente, uno de los más desconocidos y casi anónimos héroes de la Segunda Guerra Mundial y de ese negro y trágico capítulo de la historia que denominamos el Holocausto. Traian Popovici nació el 17 de octubre de 1892 en el pueblo de Rusi Manastioara (Udesti), cerca de la ciudad de Suceava, en el Imperio Austro-Húngaro. Su padre, Ian Popovici, y su abuelo, Andrei Popovici, eran sacerdotes y profundamente patriotas. Su madre, Eufrosina Popovici, nació en la familia Bodnarescu y contaba con otros seis hermanos. El bisabuelo de Traian Popovici, Mihai Bodnarescu, era diputado en servicio en Radauti, ciudad rumana.

Ese ambiente nacionalista en que se crio Popovici determinó que él mismo adoptara esas ideas y abrazase el nacionalismo rumano. En 1908, cuando era estudiante de secundaria, cruzó ilegalmente de Austria-Hungría a Rumanía para ver al gran líder nacionalista Nicolae Iorga, que estaba de visita en la ciudad de Burdujeni. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, sin pensarlo dos veces, fue a Rumania y se alistó en el ejército rumano, luchando hasta el final de la guerra.

En el centro de la foto Popovici

Después de la contienda, estudió Derecho y se licenció en dichos estudios, llegando a cursar el doctorado y mostrando durante el periodo de entreguerras, entre los años veinte y cuarenta, una notable actividad política y profesional en la ciudad en la que viviría casi toda su vida, Cernauti. La vida discurría tranquilamente hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, y la alianza de su amada Rumania con la Alemania nazi, un hecho que resultaría funesto para los miles de judíos que vivían en el país entonces.

Cuando Alemania firmó su pacto de no agresión con la Unión Soviética, tomó Besarabia y el norte de Bucovina de Rumania y se los entregó a la Unión Soviética, entre esos territorios se encontraba Cernauti, donde vivía Popovici. En julio de 1941, cuando Alemania atacó a la Unión Soviética con Rumania a su lado, los dos territorios fueron devueltos a Rumania. Durante tres días, los soldados rumanos que regresaban llevaron a cabo una masacre entre la población judía local, acusando a los hebreos de estar del lado de los soviéticos, algo que tenía más que ver con la propaganda que con la realidad, pues también los judíos habían sufrido las arbitrariedades y la brutalidad de las tropas del Ejército Rojo.

COMIENZAN LAS DEPORTACIONES EN BUCOVINA Y TRANSNISTRIA

Muy pronto, como era de esperar, las cosas comenzarían a empeorar para los judíos. Así relata lo sucedido las páginas del Yad Vashem: “El 10 de octubre de 1941, el gobernador rumano, siguiendo las órdenes de Antonescu, decretó la creación de un gueto y la deportación de los judíos de la ciudad. Popovici expresó su objeción, pero fue en vano. A los pocos días comenzaron las deportaciones y los judíos de Czernowitz fueron transportados a través del río hasta Transnistria. A mediados de noviembre, 28.000 judíos de la ciudad habían sido deportados. Las terribles condiciones en Transnistria y el inhumano trabajo forzado provocaron la muerte de aproximadamente la mitad de los deportados”.

Sobre todos estos hechos, el mismo Popovici dejó un relato detallado de los hechos en su diario: “Ahí fuera, una gran columna de personas se dirigía al exilio: Ancianos apoyados en niños, mujeres con bebés en los brazos, lisiados arrastrando sus cuerpos destrozados, todas con las bolsas en la mano; los sanos empujando carretillas o carros o llevando sobre sus espaldas cofres apresuradamente empaquetados y atados, frazadas, sábanas, ropa, cachivaches; todos ellos sacados de sus hogares y trasladados al gueto”.

Pero Popovici no se iba a quedar de brazos cruzados y dejar que exterminaran a todos los judíos de la ciudad sin hacer nada, como un mero espectador. Sin tener en cuenta el riesgo para su persona, continuó protestando ante el gobernador y el dictador rumano Antonescu, argumentando que los judíos eran vitales para la estabilidad económica de la ciudad. Su artimaña tuvo éxito y se le ordenó elaborar listas de 20.000 judíos en cuatro días. A los judíos que recibieron la exención de deportación se les permitió regresar a su hogar. Popovici distribuyó autorizaciones a judíos, muy por encima de la cuota que le dieron, y a personas que no tenían ninguna habilidad profesional. Lo fundamental era salvar judíos, pensaba Popovici, y el resto era accesorio.

POPOVICI, DESTITUIDO

Pero las cosas habían colmado la paciencia de las sumisas autoridades rumanas dependientes de los nazis, tal como nos cuenta el Yad Vashem: “El abuso de su mandato le costó el trabajo. En la primavera de 1942 fue acusado de conceder permisos a judíos ´innecesarios´, y fue destituido de su cargo y devuelto a Bucarest. En junio de 1942, otros 5.000 judíos de Czernowitz fueron deportados a Transnistria, la mayoría de ellos perecieron. Los judíos que quedaron en Czernowitz sobrevivieron”.

Después de la guerra, Popovici escribió un libro de memorias donde contaba sus vivencias y explicaba las motivaciones que le llevaron a hacer lo que hizo, Confesión de conciencia, donde escribiría a acerca de las mismas:  “En lo que a mí respecta, lo que me dio la fuerza para oponerme a la corriente, ser dueño de mi propia voluntad y oponerme a los poderes existentes, para finalmente ser un verdadero ser humano, fue el mensaje de las familias de sacerdotes que constituyen mi ascendencia, un mensaje sobre lo que significa amar a la humanidad. Lo que me dio fuerza fue la educación que había recibido en la escuela secundaria en Suceava, donde recibí la luz de la literatura clásica, donde mis maestros moldearon mi espíritu con los valores de la humanidad, que incansablemente ilumina al hombre y lo diferencia de las bestias”.

Tras la guerra, Cernauti volvió a manos soviéticas y Popivici huyó a Rumania, también bajo la égida comunista. Un año más tarde del fin de la contienda, en 1946, Popovici murió en el pueblo de Colacu (parte de la comuna de Fundu Moldovei, en el condado de Suceava), y fue enterrado en el cementerio del pueblo, junto a la iglesia de madera de Colacu. Una humilde placa recuerda hoy tan heroica existencia en este lugar olvidado y recóndito. Muy tardíamente, en 1969, fue agregado a los Justos de las Naciones durante una ceremonia en Israel. Traian Popovici fue el primer rumano en recibir este título, que designa a los héroes no judíos que ayudaron y salvaron a judíos en peligro durante el Holocausto.

En lo que respecta a Ucrania, donde su nombre y trayectoria cayó en el olvido durante décadas, el 20 de abril de 2009 se descubrió una placa en el edificio que había sido la casa de Popovici en Czernowitz (antigua Cernauti), ubicada en el número 6 de la calle Zankovetska, en una ceremonia a la que asistieron representantes de la comunidad judía, la Sociedad Popovici (de Rumania), el Ministerio de Cultura de Rumania, del Consulado de Rumania en Czernowitz, y visitantes de Israel y Estados Unidos .

La placa contiene un texto en ucraniano, inglés y francés que dice: “Aquí vivió Traian Popovici (1892-1946). En 1941, como alcalde de Czernowitz, salvó a 19.600 judíos de la deportación a Transnistria y de una probable muerte. Recordado en eterna gratitud por los judíos de Czernowitz”.

 

Fuente: Aurora Digital



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