Diciembre 28 del 2022

Los judíos en la Confederación Polaco-Lituana: 1572–1795

La confederación de Varsovia

Dibujos de indumentaria judía en el siglo XVII – Foto: Wikipedia – Dominio Público

Después de la muerte del rey Segismundo II de Polonia (fallecido sin descendencia, sería el último rey de la Dinastía Jagiellon) los nobles polacos y lituanos se reunieron en Varsovia en 1573 junto con los representantes de todas las religiones mayoritarias (entre ellos los judíos) y firmaron un documento rogándose entre todos respeto, tolerancia y apoyo mutuo. Aun así, entre ellos no estaban los representantes de una secta cristiana antitrinitaria, cuya presencia en Polonia era ya destacable, y que está en los orígenes de la Iglesia Unitaria moderna.

Incrementa el aislamiento. La historiografía tradicional y las investigaciones recientes

Los primeros estudios historiográficos que han tratado el tema de la vida judía polaca en esta época suelen errar de reduccionismo. Suelen hacer énfasis en el aumento de sentimientos antijudíos en la época, centrándose en el aumento de los pogromos (causados por las acusaciones lanzadas por los cristianos a los judíos de profanos, blasfemos o de sacrificar niños cristianos en rituales secretos). Aquella historiografía se centra en destacar un aumento de la persecución y del aislamiento de los judíos que habría dado como resultado una mayor autonomía de la comunidad.

Algunos trabajos recientemente publicados (de historiadores como Fram, Hundert, Rosman, Teller y Teter) han intentado demostrar que ese supuesto aislamiento no era tal. Por ejemplo, sabemos que los judíos de la época no solo hablaban idish, sino que además conocían los idiomas locales, vestían de formas muy similares (por ejemplo, sabemos que los cristianos adoptaron la forma de vestir de los judíos para ir a la iglesia) y compartían los mismos espacios. Conocemos, de hecho, gracias a documentos de la época que había rabinos y clérigos muy preocupados porque los judíos y los cristianos compartían las mismas viviendas.

Contrariamente a la visión tradicional que defiende un total aislamiento judío y su total autonomía con respecto a los cristianos, las evidencias históricas demuestran que los judíos solían recurrir a los tribunales cristianos para litigar contra otros judíos.

Dibujos de indumentaria judía en los siglos XVIII – Foto: Wikipedia – Dominio Público

La existencia del Consejo de las cuatro Tierras (un organismo judío que agrupaba a las comunidades judías de la Gran Polonia, de la Pequeña Polonia, de Rutenia y de Volinia) ha sido empleada para justificar la existencia de un poder autónomo judío que permitía a la comunidad autogobernarse, pero hoy sabemos que su creación y su disolución estuvieron ligadas a la necesidad de las comunidades judías de adaptarse a la transformación económica del Estado polaco.

Igualmente, mientras la historiografía tradicional ha promovido una visión idealizada de la cultura rabínica judía de la época y del autogobierno, centrándose en las fuentes escritas por los propios rabinos, algunos trabajos recientes han demostrado que este fue un periodo de transformación (si no de decadencia) de la autoridad rabínica en la comunidad (por ejemplo, los libros y artículos especializados de Adam Teller).

En resumen, los historiadores de las décadas recientes han aportado una imagen mucho más objetiva de la vida judía en la Polonia-Lituania premodernas que ha ido mucho más allá de la visión tradicional, dejando atrás la típica idea de la persecución y el aislamiento.

El levantamiento cosaco y el Diluvio

En 1648 la Unión Polaco-lituana fue devastada por varios conflictos durante los cuales perdió alrededor de un tercio de su población (aproximadamente tres millones de personas), y las pérdidas judías se pueden contar en cientos de miles. En un principio el Levantamiento de Chmielnicki, un levantamiento cosaco comandado por Bohdan Khmelnytsky, desató masacres de polacos y judíos en las áreas del sur y del este de Polonia que los cosacos lograron controlar (estas zonas corresponden actualmente a Ucrania). Se sabe que Chmielncki arengó a la gente asegurando que los polacos les habían vendido como esclavos “a las manos de los abominables judíos”. El número exacto de muertes puede que nunca se sepa, pero el descenso de la población judía durante este periodo se estima entre 100.000 y 200.000 personas, incluyendo a la emigración, a las muertes por enfermedades y a los judíos que fueron capturados por los cosacos y vendidos como esclavos en el Imperio otomano.

Después, las políticas incompetentes de los reyes de la Dinastía Vasa arrastraron al ya de por sí muy debilitado reino al caos más absoluto, y el país fue invadido por el Imperio sueco en una época que sería después conocida como El diluvio polaco. El reino de Polonia, que hasta ahora había sufrido el Levantamiento de Chmielnicki y varias invasiones desde Rusia, el Imperio otomano y Crimea, iba a ser ahora el escenario de una serie de terribles acontecimientos. Carlos X Gustavo de Suecia a la cabeza de un ejército invadió Polonia, y pronto casi todo el país, incluyendo las ciudades de Cracovia y Varsovia, estaba en sus manos. Los judíos polacos se encontraron entre dos frentes: aquellos que estaban en las zonas ocupadas por los suecos eran atacados por los polacos, que los acusaban de colaborar con el enemigo, mientras el general polaco Stefan Czarniecki en su lucha contra los suecos devastó todos los lugares por los que pasó tratando a los judíos sin ninguna piedad. Los partisanos polacos trataban a todos los no polacos (entre ellos los judíos) con la misma brutalidad. Además, los horrores de la guerra se agravaron por culpa de una plaga. Los judíos y también casi todos los ciudadanos de las ciudades de Kalisz, Cracovia, Poznań, Piotrków y Lublin fueron pasados en masa por la espada tras largos asedios o murieron víctimas de la peste.

Tan pronto como la violencia cesó, los judíos empezaron a regresar y a reconstruir sus hogares arrasados. Aunque es cierto que la población judía de Polonia había descendido muchísimo y se había empobrecido, aún era mucho más numerosa que la que había en las distintas comunidades de los países del occidente europeo. De esta manera Polonia continuó siendo el centro espiritual del judaísmo en aquella época (tal vez como lo son hoy en día Israel o los Estados Unidos). Los reyes polacos generalmente siguieron fomentando el apoyo a la comunidad judía en contraste con un clero y una nobleza hostiles. Para explicar esto debería recordarse que, aunque la pérdida de población judía en esta época fue muy alta, estimada por algunos historiadores en aproximadamente medio millón de personas, la Unión Polaco-Lituana perdió aproximadamente a un tercio de su población, es decir, unos tres millones de sus habitantes.

Las Particiones

El desorden y la anarquía imperaron en Polonia durante la segunda mitad del siglo xviii, desde la subida al trono del último rey polaco Estanislao II de Polonia, que reinó desde 1764 hasta 1795. En 1772 tras la desgracia que supuso la Confederación de Bar (unión de la nobleza polaca para oponerse a las agresiones rusas, que fracasó estrepitosamente) las provincias periféricas de Polonia fueron repartidas entre las tres naciones vecinas: Rusia, Austria y Prusia. Los judíos eran más numerosos en los territorios que pasaron a formar parte de Austria y Rusia.

El consejo permanente creado a iniciativa del gobierno ruso (1773–1788) fue también el tribunal administrativo superior, ocupándose asimismo de la elaboración de un plan que debía reordenar Polonia de manera más racional. Los ilustrados polacos reconocieron la urgencia de extender la educación como primer paso de las reformas. La famosa Komisja Edukacji Narodowej (“Comisión de Educación Nacional”) fue el primer ministerio de educación del mundo. Se creó en 1773, fundando numerosas escuelas y remodelando las existentes. Uno de los miembros de la Comisión, el canciller Andrzej Zamoyski, entre otros, exigió el respeto a las propiedades de los judíos y a su persona física a la vez que reclamó cierta tolerancia religiosa (aunque insistía en la separación de judíos y cristianos en las ciudades, la expulsión del reino de aquellos sin profesión y que los que se dedicasen a la agricultura no pudiesen poseer tierras). Por su parte una minoría de nobles e intelectuales defendían un gobierno nacional bajo el cual los judíos tendrían igualdad política y de derechos civiles. Fue el único ejemplo moderno anterior a la  Revolución Francesa de tolerancia hacia los judíos. Las reformas resultaron efímeras: al poco tiempo los ejércitos rusos volvieron a invadir Polonia, seguidos de los prusianos.

La segunda Partición de Polonia ocurrió el 17 de julio de 1793. Al cabo de un año, un regimiento militar polaco, únicamente judío, dirigido por Berek Joselewicz participó en la Revuelta de Kościuszko en la que los polacos intentaron volver a obtener la independencia, pero que fue brutalmente reprimida por los rusos. Después de la revuelta, la tercera y última Partición de Polonia ocurrió en 1795.

La totalidad de la población judía se convirtió en súbdita del Imperio ruso, aunque durante la primera mitad del siglo xix se mantuvo la apariencia de la existencia de un Estado polaco enormemente reducido en la forma del Zarato de Polonia, un estado títere del Imperio ruso.

Los judíos tomaron parte en la Insurrección de noviembre (1830-1831), en la Insurrección de enero (1863) y en el movimiento revolucionario de 1905. Muchos judíos polacos se alistaron en el ejército polaco en la clandestinidad que luchó por la independencia de Polonia hasta que se consiguió finalmente en 1918.

 

Fuente: Aurora Digital