Noviembre 14 de 2022

Por qué los jóvenes israelíes deberían hacer viajes inversos de Birthright a Estados Unidos

Por: Adar Cohen

Leyendo de la Torah en la sinagoga Ohev Shalom en Washington, D.C.. Muchos miembros de las congregaciones liberales están enojados por la alienación que perciben que los israelíes sienten por ellos.

Como Jerusalem y Babilonia en tiempos antiguos, en el mundo judío de hoy existen dos centros vibrantes: Israel y América del Norte. Y así como Birthright y otros programas ofrecen a los jóvenes de ´Babilonia´ una visita formativa a ´Jerusalem´, Israel necesita iniciar un viaje en la dirección opuesta.

Imagine que en un viaje al extranjero conoce a familiares distantes con quienes apenas había estado en contacto durante décadas y quienes viven de manera muy diferente a usted. Supongo que la mayoría de nosotros sentiría una afinidad inmediata con ellos, a pesar de las diferencias de idioma y cultura. Estaríamos encantados en la reunión renovada con nuestros familiares perdidos hace largo tiempo, nos interesaríamos y empatizaríamos con ellos, y mostraríamos solidaridad por su situación. Incluso estaríamos dispuestos probablemente a hacer un esfuerzo por ellos, y querríamos que nuestros hijos conocieran a sus hijos, incluso si la forma de vida fuera distinta a la nuestra. Después de todo, son parte de la familia.

Me cautivó esa metáfora, que fue tomada de una encuesta que el Centro de Investigación Pew llevó a cabo entre los judíos estadounidenses. Pensé mucho sobre ella durante el último año, que pasé con mi familia como shlichim -emisarios -para el Movimiento Reformista en Estados Unidos, específicamente para la Congregación B´nai Israel, en Sacramento, California. Los miembros de las corrientes liberales del judaísmo -Reformista, Conservador y otros -constituyen casi el 60 por ciento de la judería estadounidense (de acuerdo con la encuesta más reciente, del 2020), pero su judaísmo es diferente de la mayoría de lo que estamos acostumbrados en Israel.

Algunos de nosotros, los israelíes, tenemos familiares en Estados Unidos, pero la mayor parte de ellos son ex israelíes o judíos ortodoxos. Así que no es sorprendente que la mayoría de nosotros no pensemos mucho en la naturaleza de nuestros lazos con esos 3 millones de 4.5 millones de nuestro pueblo -dependiendo de cómo contemos -que pertenecen a las corrientes liberales y sobre el futuro común que compartimos. (Según la misma encuesta, un 30 por ciento de los judíos estadounidenses o no se identifican con ninguna denominación o no están afiliados con una congregación). Durante este intenso año, en el cual conocí a muchos de ellos, obtuve experiencias y percepciones que me sorprendieron incluso después de años de involucrarme con este tema.

La judería estadounidense es una parte importante de árbol familiar judío, cuyas raíces están plantadas profundamente en la identidad judía, a pesar del hecho de que se separó en diferentes direcciones de la rama de Israel. Quiero compartir algunas de mis experiencias, con la esperanza de hacer que tales encuentros estén disponibles para más israelíes.

Lo mismo, pero diferente

Durante el año pasado, escuché múltiples voces que dieron expresión a una asombrosa diversidad de identidades judías en Estados Unidos. A veces eran confusas, pero siempre provocaban mucho pensamiento, y siempre sentí una sensación de identificación. Lo más llamativo para mí, como un israelí nativo, es que tantos judíos liberales se ven a sí mismos como religiosamente observantes. Sin embargo, en lugar de defender las leyes de kashrut y Shabbat -las principales prácticas que asociamos con la religiosidad judía en Israel -enfatizan la búsqueda de la justicia social y prestan atención a la voz moral que emana de la Torah -lo que a menudo se denomina tikkun olam.

Eso puede ser desconcertante para los israelíes. Por un lado, estos estadounidenses mantienen rutinariamente muchos de las prácticas de las ¨personas religiosas¨ (dati´im en hebreo): Rezan, consideran a su rabino (hombre o mujer) como una figura espiritual importante en sus vidas, dan tiempo y dinero al shul, celebran las festividades judías, estudian la porción semanal de la Torah y aman cumplir las mitzvot. Por otro lado, muchos se suscriben a una visión del mundo moderna, liberal, pluralista, trabajan para asegurar la igualdad entre mujeres y hombres, respetan las diferentes identidades sexuales, y son abiertos y positivos hacia otras religiones -en resumen, todo lo que nosotros en Israel comprenderíamos como valores ¨seculares´.

Esta es una combinación rara para los israelíes que crecieron en una cultura que veía una dicotomía entre religiosidad y liberalismo, y que demanda perpetuamente que uno elija entre ellos, mientras que millones de judíos en Estados Unidos encuentran la combinación natural. En algunos casos me preguntaron con asombro -y también con decepción -cómo es que las personas ven una contradicción entre un profundo compromiso con el judaísmo como una religión y un profundo compromiso con la democracia y los valores humanísticos y progresistas, que los judíos estadounidenses consideran un maridaje evidente.

Por ejemplo, nuestra congregación en Sacramento tiene un comité para la justicia racial y social, cuyos miembros consideran su deber, como judíos que caminan en el camino de la Torah, luchar por el derecho al voto de los negros, asistir a los refugiados de Ucrania o Sudán, y luchar por los derechos LGBTQ.

Participantes de un grupo Birthright visitando Israel.

Estas personas no son fanáticos, ni están al margen de la congregación; más bien, constituyen una voz líder dentro de ella. Mi hija y yo nos unimos a docenas de otros congregantes en un recorrido, organizado por B´nai Israel, que nos llevó a Alabama, Georgia y Tennessee, en un esfuerzo por estudiar y comprender el legado histórico del movimiento de los derechos civiles de los años 1960. Algunos de los participantes vieron el viaje no como una salida turística, sino como un viaje religioso, casi un peregrinaje. De hecho, el viaje de una semana incluía oraciones lideradas por el rabino de la congregación, una reunión con un ministro bautista afroamericano, y un diálogo sobre el papel de los judíos en la lucha por los derechos civiles de las personas negras en Estados Unidos. Recorridos similares, supe, se han vuelto comunes entre otras comunidades judías en años recientes.

Otro término interesante que llegué a adoptar es ¨judío por elección¨ (una expresión que no tiene traducción al hebreo israelí). El movimiento reformista reconoce a individuos cuyo padre es judío (incluso si su madre no lo es) como elegible para la membresía a la sinagoga y como parte del pueblo judío. Además, la comunidad hace un esfuerzo concertado para ser tan inclusiva como sea posible, incluso si un miembro elige casarse con alguien que no nació o creció como judío. La cuestión es que el nacimiento de uno todavía es importante, pero desde el punto de vista de la comunidad, y al contrario de lo que es evidente en Israel, no es el boleto de entrada principal y exclusivo al colectivo judío.

Como israelí fue sorprendente para mí darme cuenta, que, más importante que la cuestión de quiénes son los padres de uno, es cómo es la vida familiar, y qué clase de educación están recibiendo los hijos de una familia. En consecuencia, el criterio decisivo no es si ambos miembros de una pareja fueron criados como judíos, sino si los dos han elegido ser miembros de la comunidad judía y criar a sus hijos en ese marco. En algunos casos, el ¨abrazo interno¨ también incluye un procedimiento de conversión formal, pero a veces se conforman con lo que los investigadores llaman ¨conversión sociológica¨, que significa integración a la vida cotidiana judía -incluso si eso no incluye una conversión formal. Esto puede ser una perspectiva impactante para nosotros los israelíes, que estamos acostumbrados a la clásica creencia halájica de que un judío es sólo alguien que nació de una madre judía.

Hablé con muchos judíos que están profundamente comprometidos con las preguntas sobre la continuación y contenido de la identidad judía. Algunas de las preguntas con las que luchan son: ¿Cuáles deberían ser los objetivos de las escuelas diurnas judías? ¿Cuál es la mejor manera de abordar la educación suplementaria de la congregación para los niños, la mayoría de los cuales asisten a escuelas públicas estadounidenses o escuelas privadas no judías? ¿Qué dimensiones de innovación y creatividad pueden ser introducidas en las oraciones para que atraigan a los jóvenes y no sólo a la generación mayor? ¿Debería enseñarse el hebreo principalmente para permitir que las personas lean el libro de oración? (Esta última noción me recordó los tiempos de los judíos en un heder del siglo XVIII). Y constantemente flotando por encima estaba la pregunta que un congregante planteó: ¿Cómo puedo asegurarme de que mis nietos serán judíos?

Llegué a comprender que el estereotipo de los judíos estadounidenses acomodados que viven confortablemente y libres de preocupaciones es inexacto. El bienestar económico ciertamente existe, pero ser un judío involucrado y activo en Estados Unidos es difícil y requiere esfuerzo a largo plazo y una inversión de energía, tiempo y finanzas. La realidad en la que estas comunidades operan es dramáticamente diferente de lo que en Israel damos por sentado. El espacio público que los rodea no es judío, el hebreo no es conocido ampliamente, y el ciclo anual de fiestas nacionales y los días libres no giran en torno al calendario hebreo. No hay instituciones estatales que ofrezcan apoyo económico y organizacional para fortalecer la identidad judía, por lo que en este sentido debe surgir orgánicamente de la iniciativa y financiamiento de la comunidad. Esto es quizás más simple para los judíos haredim (ultraortodoxos), porque su compromiso con la halajá y su relativo aislamiento del mundo exterior preserva su estructura comunal. Sin embargo, los judíos liberales requieren otras soluciones.

El instinto común israelí y sionista sugerirá indudablemente, de manera un tanto burlona, ¨Entonces ¿por qué no hacen aliyah?¨ Sin embargo, es importante comprender que la mayoría de los judíos en Estados Unidos ven a ese país como su hogar. La memoria histórica de Babilonia y Eretz Israel, dos centros judíos florecientes que coexistieron durante cientos de años, puede ayudarnos a comprender la mentalidad en la que viven. Para ellos, no es la vida en un exilio largo y difícil del que sólo pueden anticipar ansiosamente ser redimidos. Es, de hecho, un lugar donde se sienten en casa, quieren continuar viviendo, mantener una forma de vida liberal y moderna, y también preservar su identidad judía como una minoría religiosa. Este es el desafío con el que están lidiando, y no siempre es fácil para nosotros, los israelíes, captar toda su profundidad o ser apropiadamente empáticos. Lo fascinante fue descubrir las soluciones que las comunidades judías liberales están proponiendo para este desafío.

Años para la mayoría de edad

Descubrí que, junto con las fiestas judías y la vida familiar, hay otras anclas claves para cultivar la identidad judía entre la próxima generación: llegar a la mayoría de edad -cuando los mandamientos judíos comienzan a ser observados – los campamentos de verano y los viajes a Israel.

En las sinagogas liberales, las ceremonias de bar y bat mitizvah se celebran para todos los niños a los 13 años, permitiéndoles a todos -niños, niñas, y niños no binarios -estudiar juntos. Como profesor de la escuela dominical, comprendí que el proceso de preparación para el bar/bat mitzvah toma al menos tres años e involucra a toda la familia, y que uno de los papeles de la congregación es ayudar a la familia a prepararse. Aprender cómo orientarse uno en la oración, leer de la Torah, escribir un drash (discurso) -todas las tareas que desafían a muchos niños israelíes seculares cuando se aproxima su bar o bat mitzvah -son muchos más arduas para los niños que no hablan hebreo con fluidez y cuyos amigos en la escuela no comparten una experiencia similar. La preparación que conduce al gran día requiere una serie inversión de los padres, para los cuales no es sólo un momento profundamente conmovedor, sino una clave para ver a sus hijos entrar a una vida de identidad judía.

A diferencia de la ansiedad que tenían sobre leer la Torah públicamente, los niños a los que enseñé estaban generalmente entusiasmados con el campamento de verano judío y lo esperaban con ansias. Dos o incluso cuatro semanas de campamento combinarán actividades deportivas y sociales, oración, aprendizaje judío, y, sobre todo, tendrán una salida para la energía y fervor juvenil que pueden llevar a la creación de amistadas e identidad judía para toda la vida. Conocí a muchos jóvenes que regresan al campamento anualmente, primero como campistas y luego como consejeros, y me di cuenta, que no es solamente diversión, sino un elemento esencial en asegurar el futuro liderazgo comunitario.

Los viajes a Israel, ya sea en la secundaria, el año sabático o la universidad, desempeñan un papel crítico para reforzar el lugar del estado judío y en forjar la identidad judía. La conexión y el compromiso con Israel, no son tan evidentes como lo fueron una vez. Yo estaba muy consciente de que Israel es un tema doloroso para muchos judíos liberales en Estados Unidos, pero el año pasado comprendí en profundidad la complejidad del problema. Por un lado, encontré unan gran ansia por vínculos con nosotros los israelíes, y una intensa curiosidad sobre nuestra cultura y política. La mayoría de los miembros de las congregaciones liberales aman a Israel como un lugar, pero al mismo tiempo, muchos son críticos con el gobierno israelí y sus políticas, notablemente en el problema palestino, están preocupados sobre la continuación de la ocupación y están enojados por la falta de respeto que sienten que los israelíes tienen con ellos como judíos reformistas y progresistas.

Un campamento judío en Kunkeltown, Pennsylvania.

Como cualquier familia en la que hay un primo o una cuñada a los que queremos, pero cuyo comportamiento nos preocupa y enoja, así también, con esto. Se preocupan por Israel y por nosotros, pero están preocupados, y en algunos casos enojados con nosotros. No encontré a ningún partidario del BDS, pero me encontré a mí mismo sin palabras al confrontar sentimientos de decepción e insulto de aquellos que se ven a sí mismos como profundamente comprometidos con Israel, pero lamentan la falta de reconocimiento por su manera de ser judío – de sus rabinos, de su derecho a celebrar servicios de oración igualitarios en el Muro de los Lamentos, y más.

Cálida, pero no unilateral

El estímulo y apoyo para visitas organizadas a Israel provienen de federaciones judías y sinagogas, filántropos judíos, el gobierno israelí, y las instituciones nacionales sionistas (la Agencia Judía para Israel, la Organización Sionista Mundial y el Fondo Nacional Judío), como debería ser. Programas como Birthright son esenciales para perpetuar la conexión entre Israel y la Diáspora y para posicionar a Israel como un componente integral de la identidad judía moderna en Estados Unidos. Pueden incluso servir como peldaños hacia la aliyah.

Sin embargo, durante el año pasado comencé a comprender que una relación cálida con nuestra familia extendida no puede ser unidireccional. No es suficiente para los jóvenes judíos estadounidenses venir a Israel para aprender sobre nosotros y de nosotros, cuando despachamos shlichim profesionales con la misión de inculcar un sentido de conexión y afinidad con Israel. Eso podría incluso ser visto hasta cierto punto como condescendiente.

Como Babilonia y Jerusalem, hay dos centros judíos vibrantes y fuertes en el mundo de hoy, que pueden y deben mirarse entre sí a la misma altura y aprender de la experiencia compartida de cada uno. Las tareas de profundizar nuestra mutua comprensión -como dos mitades iguales del pueblo judío -no debería ser responsabilidad sólo de los judíos estadounidenses. El esfuerzo debería ser mutuo e igual por ambas partes.

Descubrí que nuestros hermanos al otro lado del océano quieren aprender cómo es la vida en un ambiente público judío, cómo el pensamiento sionista se desarrolló en el estado judío, y cómo impartir a la próxima generación el amor a la Tierra de Israel y al idioma hebreo. Pero nosotros, por nuestra parte, tenemos mucho que aprender de ellos sobre un impulso incansable por la justicia social que habla un idioma judío, y sobre adaptar la identidad judía al mundo moderno y a los valores universales. Las comunidades judías estadounidenses son asombrosas en su capacidad para mostrar tolerancia por las diversas formas de vida -judía y en general. Viven exitosamente el pluralismo judío y no sólo hablan sobre ello.

Una de las tareas de nuestra generación es conectar con nuestras hermanas y hermanos en la ´Babilonia´ moderna -el importante otro centro judío de nuestros tiempos. ¨Babilonia¨ y ¨Jerusalem¨ están aquí para quedarse, y la conexión mutua entre las generaciones jóvenes en ambos lugares es crítica para la existencia continua y la resiliencia del pueblo judío. Les guste o no, las comunidades judías estadounidenses son nuestras socias estratégicas para la continuidad judía -no los cristianos evangélicos o la minoría judía ultraortodoxa de Estados Unidos. En consecuencia, esta conexión familiar debería ser nutrida por ambos lados. No es suficiente que ellos lleguen a conocernos. Nosotros, y especialmente nuestros hijos, necesitan hacen un esfuerzo para conocerlos y dialogar abiertamente con ellos sobre judaísmo, Israel, cultura y política.

Muchos jóvenes judíos estadounidenses que visitan Israel a través de Birthright (cuyo nombre hebreo ¨Taglit¨, significa ¨descubrimiento¨) o programas similares realmente descubren un mundo nuevo y se someten a una experiencia transformadora como judíos. Al mismo tiempo, los jóvenes israelíes que van a América del Norte como shlichim (ya sea por un período corto o largo) a menudo experimentan una transformación formativa, incluso discordante, en su identidad judía. Conocimos a israelíes recién salidos del ejército que llegaron como shlichim a los campamentos de verano. En mi interacción con ellos, fue sorprendentemente evidente que su experiencia en encontrarse con las diversas caras de la judería estadounidense no era menos significativa que la de sus campistas en encontrarlos a ellos.

Sin embargo, los emisarios enviados por la Organización Sionista Mundial y la Agencia Judía para América del Norte constituyen sólo una pequeña fracción de la próxima generación israelí. Pueden ser parte del cambio en la experiencia de la juventud judía en Estados unidos frente a Israel, pero su pequeño número es improbable que lleven a una transformación profunda de las percepciones y conocimiento del judaísmo estadounidense por parte de la sociedad israelí. Este es un caso donde la calidad también está determinada por la cantidad.

Descubriendo América

Así como Birthright tiene como objetivo crear un viaje de experiencia para masas de jóvenes judíos viniendo de Babilonia a Jerusalem, debemos forjar un viaje similar a la inversa. De Jerusalem a Babilonia, como un elemento más significativo y vinculante en la educación de los jóvenes israelíes y la cristalización de su identidad judía.

Hoy, un alto porcentaje de las escuelas secundarias israelíes envían estudiantes a Polonia para familiarizarlos con la vida judía que se perdió y con el lugar donde el pueblo judío sufrió su más grande catástrofe -la Shoah. Sin embargo, una mera fracción de escuelas israelíes organiza delegaciones para América del Norte para encontrarse con el mundo judío de hoy. El sistema de educación pública está en una encrucijada en la que un signo de interrogación cuelga sobre el futuro de las delegaciones organizadas a Polonia -que, en cualquier caso, han sido objeto de críticas, lo que ha dado lugar a la necesidad de reevaluar su contenido y carácter. Creo que es tiempo de reconsiderar si esos viajes deberían seguir siendo un punto focal para inculcar los valores judíos entre nuestra juventud.

Estudiantes israelíes visitan Auschwitz. Una mera fracción de sus escuelas organizan delegaciones para América del Norte.

El viaje a Polonia es importante para aprender sobre nuestro pasado, pero el viaje a América del Norte para exponer a la juventud israelí al judaísmo estadounidense es crítica para nuestro futuro como un pueblo. Además de ver de cerca y personalmente los horrores de la muerte y la destrucción, aprender sobre el heroísmo y la firmeza resuelta que nuestro pueblo mostró en Europa en el siglo XX, es igualmente necesario tomar nota del resurgimiento de la creatividad judía en Estados Unidos del siglo XXI.

Creo que es esencial repensar cómo gastamos nuestra energía y recursos, y dividirlos de una manera más balanceada. Los cientos de escuelas que ofrecen la oportunidad para hacer el viaje a Polonia podrían ofrecer a los estudiantes, como una alternativa, la oportunidad de familiarizarse con nuestra familia al otro lado del océano. No hay razón por la que, en lugar de los dos autobuses cargados de estudiantes que las grandes secundarias israelíes despachan a Polonia, podría haber dos delegaciones diferentes -un autobús en cada dirección a través del tiempo y el espacio judío. Se debe permitir a los estudiantes pasar por un juicioso proceso de estudio antes de elegir entre los dos destinos. Al regresar de cada viaje, los estudiantes y profesores compartirán sus experiencias unos con otros, beneficiando a toda la comunidad escolar.

El Ministerio de Educación (y, en este caso, con apoyo del Ministerio de Asuntos de la Diáspora, la Organización Sionista Mundial y la Agencia Judía) debería apoyar y subsidiar estos tours, igual que apoya los recorridos de Polonia. Sin embargo, el ministerio debe considerar más que el financiamiento de un programa así. También debe pensar sobre supervisar las preparaciones para ese viaje, entrenando a los líderes del grupo y fomentar relaciones a largo plazo. Un vuelo a Estados Unidos cuesta más que uno a Varsovia, pero la posibilidad de hospedarse en casas de familias judías podría compensar los costos y crear una experiencia más significativa.

Los viajes a Polonia son una experiencia importante y formativa para muchos jóvenes israelíes en la formación de su identidad, pero sólo cuentan una parte de la historia judía moderna, una que se enfoca en nuestro arduo pasado. Estoy profundamente ligado al Holocausto, como educador y personalmente, pero mi conclusión del año pasado es que debemos permitir a nuestra juventud hacer viajes paralelos y formativos a comunidades judías vivas, no sólo a aquellas que fueron aniquiladas. Les contará una parte diferente y crítica de nuestra historia como un pueblo, y les presenta a sus contrapartes estadounidenses con quienes deben enfrentar las preguntas sobre el futuro de la vida judía en el siglo XXI.

La importancia tanto del pasado judío como la experiencia del futuro judío no necesitan estar en competencia; se necesita encontrar un lugar para ambos en la formación de la próxima generación de israelíes.

El Dr. Adar Cohen es director del Departamento de Educación de Profesores en la Escuela de Educación Seymour Fox de la Universidad Hebrea de Jerusalem, y un ex supervisor nacional de estudios cívicos para el Ministerio de Educación de Israel.

 

Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil
Fuente: Haaretz