Octubre 14, 2022

Un desliz freudiano: la historia no contada de la talentosa sobrina de Sigmund Freud

Tom Seidmann-Freud fue una artista audaz y pionera. Pero el doble suicidio de ella y su esposo aparentemente suprimieron su memoria. Un nuevo libro busca corregir la injusticia.

Por Neta Halperín

Tom Seidmann-Freud. Era una mujer fuerte y reservada. Foto: Archivo de Tom Seidmann-Frued

Hace doce años, la autora y editora Shula Modan estaba decidida a llevar a una amiga a visitar a la nieta de la desconocida sobrina de Sigmund Freud. Esa sobrina, la ilustradora Tom Seidmann-Freud, estuvo activa en Berlín en la década de 1920.

La amiga, la curadora y diseñadora gráfica Ada Vardi recuerda cómo Modan estaba obsesionada por una idea para restaurar a Freud en la conciencia pública.

“Shula quería dar ilustraciones inéditas dibujadas por Tom a David Grossman y producir un libro para niños”, dice Vardi, quien fue arrastrada a la casa de la nieta de Seidmann-Freud, Ayala Drori, en Be’er Yaakov, al sur de Tel Aviv.

El viaje del pez de Tom Seidmann-Freud (1923). Foto: De «El viaje del pez» (Peregrin Publishing)/Archivo Tom Sedimann-Freud

“Fue la primera vez que conocí a Ayala y la primera vez que estuve expuesta al rico archivo de Tom – bocetos, ilustraciones originales, cartas y muchas imágenes. El archivo no era tan grande pero estaba bien organizado, catalogado y perfectamente mantenido. Ayala había trabajado duro y lo había preservado con dedicación y reverencia”.

Los ojos de Vardi estaban a la caza de dos cosas. El primero era el talento monumental de Seidmann-Freud. Vardi, una de las artistas gráficas más respetadas de Israel, ya se había topado con las ilustraciones de Seidmann-Freud, pero la empresa artística de Seidmann-Freud se destapó ante sus ojos ese día. “Evidentemente, este archivo era oro puro”, dice. “Estas ilustraciones únicas desafiaban claramente cualquier tipo de clasificación. Era imposible que las deje de mirar”.

También se centró en la brecha inquietante, casi dolorosa, entre la ingeniosa chispa que habita en las obras de Seidmann-Freud, quien ha sido descrita como una artista pionera y una de las ilustradoras más destacadas del siglo XX, por un lado, y la ubicación actual del archivo, por el otro. «La riqueza de los materiales, su calidad, el mundo que salta de ellos – era inconcebible verlos en el armario de un dormitorio».

El proyecto de unir las ilustraciones de Seidmann-Freud con David Grossman no fructificó y Vardi siguió adelante. Pero las ilustraciones de Seidmann-Freud continuaron estando presentes en sus pensamientos.

“Esperó dentro de mí, persiguiéndome”, dice ella. En 2016, Vardi y Meron Eren, fundadora de la casa de subastas Kedem, decidieron publicar un libro sobre su vida y obra. Hablaron con la autora Marit Ben-Israel, que había escrito algunos artículos sobre la ilustradora en su propio blog, «La ciudad de la felicidad», y esperaba la oportunidad de ampliar el alcance de su investigación.

“El libro de Tom”, editado por Vardi y Ben-Israel, ahora está siendo publicado en hebreo por Asia Publishers, después de años de dedicado trabajo de voluntariado. Es un proyecto encantador y compendio sobre la vida y obra de esta ilustradora poco recordada.                                                                   

Una ilustración de Tom Seidmann-Freud para “El nuevo libro de dibujos” (1918). Foto: Georg W. Dietrich/ Archivo Tom Seidmann-Freud

El libro contiene más de 300 imágenes, materiales de archivo y artículos fascinantes de varios escritores. Dos artículos del filósofo y teórico Walter Benjamin, sobre las obras literarias de Tom, están siendo publicadas por primera vez en hebreo. El libro cuenta una historia prácticamente inconcebible sobre una vida repleta de contradicciones, rastreando el inmenso talento de Tom, que brilló incluso mientras trabajaba junto a gigantes como Shmuel Yosef Agnon y Haim Nahman Bialik. También relata su tormentoso matrimonio que terminó en tragedia familiar – el suicidio de su esposo, el intelectual y editor Jakob Seidmann, y su propia muerte en el velorio.

El libro aborda la brecha considerable entre el relativo repudio de Seidmann-Freud en Israel y su aceptación en Alemania. Por encima de todo, las ilustraciones mismas brillan. Surreales y desconcertantes, son ricas en contenido complejo – pero tenues y apagadas – del mundo del niño. Al mismo tiempo, crean un mundo lleno de sentido del juego, aventurerismo e imaginación.

“Una de las motivaciones que me llevaron a crear este libro es mi objeción a la tendencia a contar la historia de Tom desde el suicidio hacia atrás”, dice Vardi. “La tragedia manchó e incluso eclipsó su producción creativa y es, sin duda, la responsable de su olvido. Además, las ilustraciones de Tom son inquietantes; no intentan complacer al espectador. Sus mensajes toman tiempo, mientras que la tragedia, por el contrario, es inmediata. Mi objetivo es poner sus ilustraciones en el centro, contando la historia desde el principio”.

Juegos y letras

Empecemos por el principio: Marta Gertrud Freud nació en Viena en noviembre de 1892. Era la tercera hija de Maria (Mitzi) Freud, una de las cinco hermanas de Sigmund Freud, y su prima segunda Moritz, comerciante de alfombras. Sigmund Freud y su familia vivían a pocos pasos de distancia, en Berggasse 19 (donde se encuentra el Museo Freud). Sigmund Freud se desempeñó como el cuasi jefe de la familia extendida. La familia se mudó a Berlín por el negocio de su padre cuando ella tenía 5 años. Era una niña talentosa, dotada tanto para la ilustración como para la escritura.

Adoptó el nombre de Tom cuando tenía 15 años. “Era una niña extremadamente talentosa, pero que odiaba ser mujer y por eso cambió su nombre por uno masculino”, escribió su famosa prima Anna Freud. ¿Era esta una forma de recompensar a su padre desilusionado, que añoraba un hijo, o era quizás un medio para expresar la alienación de una mujer joven, sensible y artista, que creaba en una sociedad patriarcal y conservadora, tal como la traductora e investigadora literaria Anat Perry ha escrito?                                                                                                                      

La portada de «El Libro de Tom». Foto: Ada Vardi/Asia Publishers

“No me la creo”, dice Vardi, respecto a la hipótesis de Anna Freud. “Pero obviamente es un acto muy poderoso, ciertamente para esos años. De alguna manera creó una imagen de sí misma yendo en todas direcciones simultáneamente. Esa imagen en realidad se puede encontrar en todos sus dibujos – un personaje asexual con cabello claro, un corte de pelo bob, la mitad de su cuerpo mirando hacia la derecha, la cabeza mirando en la otra dirección”.

En cualquier caso, se matriculó como Marta en la Kunstgewerbeschule, el instituto de enseñanza del Museo de Artes Aplicadas de Berlín, que posteriormente se incorporó a la Universidad de las Artes de Berlín. Inició sus estudios allí en 1911, pero asistió esporádicamente.

“Por lo general, ella no asistía a clases”, se ríe Vardi. La investigadora visitó el archivo de la universidad y revisó los registros de asistencia a las aulas. “Sin embargo, ganó varios concursos hacia el final de sus estudios, lo que significa que sí reconocieron su talento”.

La primera exposición de sus obras, juguetes de madera que diseñó y construyó en una librería de Berlín, apareció en 1913. Se llamó “Juguetes infantiles innovadores y borradores de libros infantiles”. Unos días después se presentó “Una tarde de anécdotas”. Consistía en fábulas, cuentos infantiles y rimas nuevas que compuso. Su hermana Lily, actriz y «artista de la recitación», las leyó en voz alta, acompañada por una pianista, una cantante y una directora, mientras Tom proyectaba simultáneamente las ilustraciones del texto con la ayuda de un farol mágico.                                                       

Ilustración de Tom Seidmann-Freud para “David el soñador” (1923). Foto: Atlantic Monthly Press, Boston/Archivo Tom Seidmann-Freud

Al año siguiente, Tom publicó su “Libro de canciones para bebés”, su primer libro escrito e ilustrado en Jugendstil (art nouveau) y pintura acuarela. Las efusivas respuestas la llevaron a redactar borradores de libros infantiles adicionales. Ilustró poemas de la autora infantil Stora Max para su siguiente libro, » El nuevo libro de imágenes (The New Book of Pictures)», que se publicó en 1918.

Ese mismo año, sin embargo, la artista vivaz fue visitada por primera vez por la Muerte, quien se convertiría en un conocido cercano. Una carta que Sigmund envió a su hermana Mitzi menciona que el prometido de Tom murió en la Guerra Mundial. “Querida Mitzi, tu anuncio nos causó mucho dolor”, escribió Freud. “Me acuerdo de su rostro simpático y de las cartas sublimes, serias y originales del hombre decente, talentoso, que ahora ha muerto por la patria”.

Después de su muerte, Tom se mudó de Berlín a Múnich, donde vivía su hermana Lily, casada con el actor de teatro austriaco Arnold Marlé. Alquiló una habitación y se ganaba la vida con las artes gráficas, incluido el diseño de cubiertas de libros. Mientras tanto, se sumergió en la escena cultural de la ciudad, que incluía a artistas e intelectuales judíos, incluido el erudito en Cábala Gershom Scholem, que vivía en la habitación frente a la suya, y el futuro gigante literario hebreo Shmuel Yosef Agnon.

“La dibujante e ilustradora Tom Freud, sobrina de Sigmund Freud y una de las figuras inolvidables de esos años, vivía al final del pasillo del departamento en Turkenstrasse”, escribió Scholem en sus memorias, que se publicaron como el libro “Von Berlin nach Jerusalem” (De Berlín a Jerusalén). La llamó “prácticamente una ilustradora ingeniosa, y quizás un verdadero genio, de libros para niños”.                                                                           

Tom y Ángela en la década de 1920. Foto: Cortesía

Escribió: “Con un poco de exageración se podría decir que ella subsistía fumando cigarrillos y que la mayor parte del tiempo su habitación estaba envuelta en humo… Sólo a fuerza de un interés especial hubiera sido posible motivarme a permanecer en un cuarto así. Tal fue el caso de Tom Freud, a quien yo respetaba mucho. También tuvo bastantes conexiones con artistas y escritores. Mantuve una amarga y tormentosa conversación sobre el sionismo en su habitación”.

Ese mismo año, Tom comenzó a trabajar en dos proyectos. Ambos, cada uno a su manera, dieron fe de sus cualidades como «prácticamente una ilustradora ingeniosa, y quizás un verdadero genio». Uno de ellos eventualmente sería un gran éxito y resultaría ser un punto culminante en su labor creativa. El otro condujo a disputas legales prolongadas.

La primera fueron sus ilustraciones para «David el soñador» – diez historias sobre sueños del ensayista, humorista y poeta infantil estadounidense Ralph Bergengren, que se publicó en 1923 (y se publicó en hebreo en 2020). Bergengren escribió «David el soñador», inspirándose en el icónico libro de Sigmund Freud de 1899 «La interpretación de los sueños», que había causado sensación en todo el mundo.

Dados esos antecedentes, no sería exagerado suponer que el poeta y ensayista se acercó a Tom no solo por su extraordinario talento, sino también porque le encantó la idea de que el nombre de Freud apareciera en la portada del libro, así como su deseo de  ilustraciones “psicoanalíticas”. Sin embargo, señala Miriam Ben-Israel en el libro, Tom fue agraciada con “una resistencia a las tendencias y una inmunidad a las expectativas”. Sus ilustraciones contienen elementos de misterio y enigma, pero no son freudianos.

El estilo de estas ilustraciones varía entre el Art Nouveau y la Nueva Objetividad, que era geométrico y analítico, en el que se asomaba la melancolía. Las ilustraciones sorprenden por su originalidad, innovación y descaro, así como por su total dedicación al texto.                                                                                 

Gershom Shalom. Foto: Biblioteca Nacional de Israel

La imagen del propio David el soñador – que una y otra vez se entrelaza en el trabajo creativo de Tom – está dotada de una ambigüedad de género y un lenguaje corporal angular, figura con la que algunos críticos identifican a la propia Tom. “Esta innovación, que se mudará y luego tendrá una forma diferente”, escribe Ben-Israel sobre las ilustraciones, “con el tiempo resultará ser la cualidad formativa única de su obra creativa”.

Esta cualidad única también caracterizó a “El libro de las letras” – un libro para niños dedicado a las 22 letras del alfabeto hebreo, ilustrado como una especie de acertijo que necesita ser descifrado para descubrir las letras, completo con 22 poemas. A Tom se le ocurrió la idea del libro debido a su creciente interés en el renacimiento del hebreo, un idioma que conocía hasta cierto punto, según la correspondencia descubierta por Vardi.

Al mismo tiempo, Salman Schocken, jefe del comité de cultura de la Organización Sionista Mundial, estaba en el apogeo de los esfuerzos para fundar una editorial judía que compitiera con las editoriales alemanas. Los miembros del comité que presidía buscaban libros que hicieran realidad la visión que había esbozado en 1916 – volver a sus raíces judías para rescatar al judaísmo de su reclusión y generar un renacimiento cultural.                                                                             

El logo de la editorial Ophir. Foto: Ilustración de Tom Seidmann-Frued/Archivo Tom Seidmann-Freud

«Las ilustraciones de Tom aparentemente se dibujaron de acuerdo con estas instrucciones», escribe Ada Vardi. Encontraron su camino a Schocken, a través de una amiga de Tom que hizo el vínculo entre ellos. Se apresuró a escribir a Agnon y le ordenó trasladarse de Leipzig a Múnich para escribir los breves textos de cada letra y trabajar en estrecha colaboración con Tom. Esperaba que su trabajo colaborativo produjera libros infantiles adicionales. Concluyó su carta a Agnon con la esperanza de que la tarea lo alegraría.

Resultó que a Agnon no le produjo felicidad en absoluto. No tenía ningún interés en ir a Múnich, que estaba colapsando y era peligrosa en ese momento, para una tarea que por naturaleza reduciría su libertad artística. De mala gana escuchó a su patrón y abordó un tren a Múnich. “Básicamente, estoy preparando mi pie para un zapato”, se quejó en una carta a Schocken en mayo de 1919. Mientras tanto, Tom estaba consternada al ver cómo las luchas por el poder suplantaban la alegría de la creación.

Vardi encontró durante sus visitas al archivo de Schocken una carpeta llena de correspondencia sobre “El libro de las letras”, en la que Tom solicitó repetidamente que se le asignara la gestión de la producción del libro para que pudiera tener el control total de los colores y asegurar su publicación.

“Hubo amargas disputas entre ellos, porque estábamos tratando con dos perfeccionistas” dice Vardi. “Estaba claro que Schocken deseaba consultar con ella y que estaba bien versado en todos y cada uno de los detalles. Por otro lado, rechazó las soluciones sugeridas o simplemente no respondió a ellas”.

“El trabajo carece de conexión con la viabilidad de su realización”, escribió Schocken a Tom. Ella respondió: “Estoy convencida de los principios… del libro en su forma actual”. La correspondencia, que se volvió aún más dura y amarga, eventualmente se convirtió en un proceso judicial. Tom finalmente recibió una compensación por incumplimiento de contrato y angustia emocional. Pero Tom ya estaba muerta y su hija Ángela recibió la compensación.

La editorial Schocken publicó las rimas de Agnon, ilustradas por Yoni Ben-Shalom, en 1983, 13 años después de su propia muerte. “El libro de las letras”, tal como se concibió originalmente con las ilustraciones de Tom, nunca se publicó.

La muerte es dulce

Este asunto causó mucha angustia a Tom, pero no fue más que uno de una serie de golpes, y ni siquiera el más duro. El padre de Tom murió repentinamente de un ataque al corazón en 1920, poco antes de que ella regresara a Berlín. “En septiembre, mi dulce y buen padre falleció y nos dejó a todos de luto y en un estado de gran confusión”, le escribió a su mejor amiga Helena (Lily) Zedek. “Cuando desarrolló la enfermedad, después de mi regreso de Múnich, fue tan bueno, tan afable e inteligente, y una vez más estaba más cerca de mí… casi como en la infancia. Y su muerte me hizo sentir un gran pánico”.

Solo un mes después, Tom conoció a Jakob (Janco) Seidmann, un escritor, erudito e intelectual judío de Bucovina. “Cuando salí por la noche por primera vez, un mes después de la muerte de mi padre, conocí a mi esposo”, le escribió a Zedek. “Me casaré en primavera. A lo largo de todos los años negros y asquerosos, apenas creí que – a pesar de todo – las cosas estarían bien. Será así cuando estemos juntos, y eso supera mis expectativas”.

Nunca se ha escrito nada sobre el propio Seidmann, a pesar de que durante su breve vida fundó y dirigió cuatro editoriales y se convirtió en uno de los intelectuales judíos más destacados en la década de 1920 en Berlín. “Magnificencia oportunidad perdida”, un artículo fascinante del Dr. Gil Weissblei, archivista y experto en la historia de los libros hebreos, traza en “El libro de Tom” el camino de la pareja por la vida. Fue estudiante de yeshivá y se alistó en el ejército del Káiser cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra, buscó participar en el renacimiento judío de esa época en Berlín, cuando su camino se cruzó con el de Tom.                                                                   

Tom, sosteniendo a Ángela, y Jakob.

La única hija de la pareja, Ángela, nació en 1922. Durante un tiempo pareció que la pequeña familia podía esperar buenos tiempos. Pero Tom se encontró con otra tragedia en la primavera de 1923, cuando su hermano Theodor se ahogó en un río no lejos de Berlín. Tom, que era muy cercana a su hermano, 12 años menor que ella, le dedicó su hermoso libro infantil de 1923, «El viaje del pez». Esta no sería la última tragedia.

Otra catástrofe llegaría, que involucraba al poeta nacional Haim Nahman Bialik. Tom conoció a Bialik a través de Seidmann, quien había encontrado trabajo en “Iver”, la agencia de distribución de libros hebreos más grande e importante de Alemania a principios de la década de 1920. Bialik, que llegó a Berlín en 1921 y se convirtió en un líder de la escena cultural hebrea de la ciudad, quedó muy impresionado con el joven dedicado y su pasión por las publicaciones, escribe Weissblei. Cuando Bialik escuchó que su esposa era ilustradora de libros para niños, Bialik los invitó a una reunión y les propuso que establecieran juntos una nueva editorial de libros en hebreo.

La propuesta fue aceptada, se abrió la editorial Ophir y el comienzo fue optimista. “Este shidduch es bueno para todos nosotros”, celebró Bialik. “Él y su esposa son personas jóvenes y honestas que están entregadas en cuerpo y alma al proyecto”. Ophir publicó tres libros. La pareja era muy activa.

Seidmann, que estaba bastante a gusto con la cultura judía tanto tradicional como con la nueva secular, así como con la cultura alemana, estableció nada menos que otras tres editoriales: Gesher, que buscaba tender un puente entre la cultura de Europa occidental y oriental; Horev, que publicó ediciones del Talmud y Midrash en ediciones económicas y fáciles de portar, y Biblion, que publicó la traducción alemana del Talmud de Eliezer Goldschmidt. Seidmann incluso produjo la «Edición Jubileo» – una antología de cuatro volúmenes de los poemas del poeta nacional marcando su 50 cumpleaños. Este proyecto esencialmente determinó el canon de las obras de Bialik, señala Weissblei.                                                                                                           

Shmuel Yosef Agnon Foto: GPO

A pesar de este éxito, pronto llegó un colapso total y absoluto. Seidmann asumió obligaciones financieras colosales y fracasó financieramente. Fue declarado en quiebra en octubre de 1929. Dejó a un lado su orgullo y pidió ayuda a los miembros de su familia, pero dudaron en responder. “Además de su profunda desesperación, sintió una terrible humillación, aparentemente porque sus acreedores eran colegas, escritores y editores con quienes tenía estrechas relaciones amistosas”, escribe Weissblei. “Además de eso vino la amarga noticia de que no tendría los medios para completar la enorme empresa cultural”.

El 19 de octubre de 1929, Seidmann envió a su esposa e hija fuera de su casa e intentó cortarse las muñecas. Al no poder hacerlo, se ahorcó. Dejó una nota culpándose solo a sí mismo por todo lo que había sucedido y pidiendo perdón a todos los que no había pagado.

A partir de entonces, prácticamente las únicas huellas de Tom Freud y Jakob Seidmann en la cultura se refieren a su relación con Bialik y su papel en esta trágica serie de acontecimientos. El poeta nacional, que incluso antes del suicidio de Seidmann no había gozado de la reputación de ser un individuo especialmente derrochador, no se había apresurado a enviar a su editor Seidmann la suma de dinero que le debía, lo que fue una mancha en su relación.                                                                                   

Ilustración de Tom Seidmann-Freud para “David el soñador” (1923). Foto: Atlantic Monthly Press, Boston/Archivo Tom Seidmann-Freud

“No podía creer que las relaciones entre nosotros pudieran estar tan estropeadas hasta tal punto. Después de todo, debes admitir que mi comportamiento hacia ti siempre ha sido amistoso y que siempre concedí mis propios derechos a tu favor”, escribió Seidmann a Bialik.

Pero este último no se apresuró a calmar la ira de Seidmann. “Recuerde, amigo mío”, escribió el respetado poeta, “que incluso la peor paz es mejor que un desacuerdo. Después de todo, todavía eres joven y aún no has adquirido una buena reputación pública. Considere, entonces, si vale la pena para usted y para su trabajo futuro estropear nuestra relación simplemente en aras de la satisfacción temporal. Después, ya no habría ninguna oportunidad de reparar esta relación estropeada”.

“De las cartas surge que Bialik no estaba tan de acuerdo con mi abuelo”, dice Drori. “Creo que creía que su nombre era suficiente y que no tenía que pagar, según lo que estaba escrito en el contrato entre ellos”.

Vardi propone una posibilidad diferente. “La gente siempre escribe sobre el malvado Bialik que llevó a la pareja al precipicio”, dice ella. “Quizás este es un momento en la historia, pero ciertamente no es toda la historia”.

La imagen que dibuja Weissblei en su artículo apoya esta posibilidad. Describe cómo factores inesperados llevaron al colapso, como el cierre del mercado ruso tras la muerte de Lenin, el aumento de los costos del papel y la impresión en Alemania y apuestas financieras fallidas. Todos estos factores juntos llevaron a la profunda crisis, que reflejó inversamente la habilidad y la visión del brillante editor.

“Fiel al nombre del artículo, Seidmann fue una magnífica oportunidad perdida, pero él mismo fue totalmente magnífico”, afirma Vardi. Ella señala que solo unas pocas personas asistieron a su funeral, debido al estigma de su suicidio. La prensa apenas mencionó el asunto de su muerte. “Entonces resultó que murió dos veces: primero, su muerte trágica e innecesaria, y luego el olvido cultural de este hombre brillante y lleno de creatividad, debido a la forma en que eligió morir”.                                                                           

Haim Nahman Bialik. Foto: Abraham Suskin/GPO

Por extraño que parezca, Tom estaba en un rollo creativo en este mismo momento. En 1927, unos dos años después de la ruptura de la sociedad con Bialik, se puso en contacto con Herbert Stopper, un editor de libros para niños que admiraba su talento. Publicaron juntos varias de sus mejores obras. “Das Wunderhaus” (“La casa de las maravillas”) y “Das Zauberboot” (“El barco mágico”), por ejemplo, son libros interactivos con partes móviles. Una revista especializada en libros alemana incluyó dos de los libros en su lista de los 50 libros más bellos publicados en Alemania. El trabajo de Tom junto con Stopper produjo otras obras atractivas e innovadoras, como una serie de libros de texto con títulos como “¡Hurra! ¡Estamos leyendo!» y “¡Hurra! ¡Estamos escribiendo!» Recibieron elogios con los que otros autores e ilustradores solo podían soñar, incluida la efusiva reseña de Walter Benjamin en Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Sin embargo, Tom no obtuvo ningún placer de estas críticas positivas. Tras la muerte de Seidmann, se hundió en una profunda depresión. “Cuando regresaron a casa, fue Tom quien lo encontró. Su impulso inicial fue morir con él; ella no podría vivir sin él”, escribió su amiga Greta Fischer. “Pero ella fue privada de cualquier posibilidad de hacerlo. Estaba rodeada de amigos y familiares. Se acercó a la tumba prácticamente sin cuerpo bajo las telas negras, moviéndose espasmódicamente y sin entender.”

La mujer sobre la que su prima Anna Freud había escrito: “A pesar de su talento, era una persona infeliz, por decir lo menos” y “Ha tenido tendencias suicidas durante bastante tiempo”, dejó de comer. Los que la rodeaban se vieron obligados a hospitalizarla. Su hija Ángela fue colocada con amigos. Tom siguió trabajando en los libros para niños en el hospital. En algún momento ella comenzó a comer de nuevo. Sus amigos esperaban una recuperación.

Sin embargo, ella ya había esencialmente decidido morir. “La dulce muerte/ Los imanes atraen los aguijones de tu pecho/ Piedras y fragmentos de piedras se desvanecen de los cerros del corazón”, escribió. El 7 de febrero de 1930, Tom murió en el hospital después de una sobredosis de pastillas.

Una imagen sorprendente en el armario

“Pensamos que Lily, la hermana de Tom, que vivía en Inglaterra, era nuestra abuela”, dice Ayala Drori. “Hacia el final de la escuela secundaria, estaba mirando unas fotos viejas que estaban en el armario y vi fotos de mi madre cuando era niña, en compañía de personas que no reconocía. Yo recuerdo. Estaba a punto de lavar los platos, y me acerqué a ella y le pregunté quiénes eran estas personas en la foto. Mi madre respondió: ‘Estos son mis padres’. Y esa fue la primera vez que la vi llorar”.

No era una mujer que tiende a llorar.

“Era una mujer fuerte y reservada. Desde entonces, la he visto llorar solo una vez – cuando murió mi padre. Fue muy mimada de niña. Su madre, Tom, la fotografió en un millón de poses, usando ropa que Tom cosía para ella y jugando con juguetes que Tom construyó para ella. Mi madre se sentaba durante horas a su lado cuando dibujaba. Caminaban por la naturaleza y visitaban a sus familiares. Vivía en una especie de capullo cálido y amoroso, y luego perdió a sus dos padres a la vez a los 7 años”.

¿Alguna vez habló de eso?

“Solo hacia el final de su vida. Dijo que tenía unos padres maravillosos, que su padre era muy cariñoso y le cantaba canciones, y que ella y su madre eran inseparables. Tuvo siete años buenos, que la ayudaron más adelante. Junto con sus anhelos, se permitió enojarse para preguntar cómo pudieron haberle hecho esto. En ese momento, ciertamente se sintió completamente abandonada”.

Lily y su marido, Arnold, actor y director del teatro de Hamburgo, adoptaron a Ángela. Posteriormente, a raíz de las persecuciones nazis, se trasladaron a Praga. Ángela emigró a Palestina en marzo de 1939 a través de Youth Aliyah. Vivió en el Kvutzat (Kibutz) Kinneret durante dos años, y más tarde en el Kibutz Dor y en Haifa, donde aprendió a ser partera.

Fue entonces cuando Ángela cambió su nombre a Aviva y se casó con Eliezer Harari. La pareja se instaló en Ramat Hasharon y tuvo tres hijos. Eliezer falleció en 2011. La abuela de Aviva, Marta/Mitzi, fue enviada a su muerte en Treblinka en 1942.

Tan pronto como la propiedad de Tom pasó a manos de su hija y sus nietos, varias personas expresaron interés en ella. La curadora y artista Ayala Gordon organizó una exposición en 1984 basada en las obras de Tom en el Ala de la Juventud del Museo de Israel. También reeditó el libro de Tom «Diez conversaciones para niños» – cuentos de Hans Christian Andersen y los hermanos Grimm traducidos por Bialik e ilustrados por Tom. Ophir lo publicó en 1923.

La erudita literaria y pediatra Barbara Murken de Alemania dedicó años a investigar la vida de Tom. Llegó a Israel en 1981 para entrevistar a Aviva Harari. “Sería incorrecto decir que ella no estaba en absoluto en la conciencia pública”, dice Drori.

Vardi también se opone a que Tom sea presentada como una artista olvidada. “Hay una especie de placer dudoso en el ‘descubrimiento’ de una ilustradora aparentemente desconocida; es prácticamente un acto de autocomplacencia”, dice ella. “Limita en el sensacionalismo”.                                                                                      

La nieta de Seidmann-Freud, Ayala Drori. Foto: Cortesía

La brecha entre la profundidad y la innovación de la obra de Tom y la representación superficial y sensacionalista de ella sin duda se deriva de la historia del doble suicidio, siente Vardi. “La tragedia no solo truncó su productividad creativa, sino que también la ensombreció”, afirma. “Cuando empezaron a hablar de sus ilustraciones, la gente se preguntaba qué tan bien se adaptaban realmente a los niños. Y a decir verdad, el exceso de dulzura, el insidioso afán de resolución y final feliz, la determinación de crear un conflicto solo para mostrar a los niños que pueden hacer cualquier cosa – que es tan frecuente en el mundo de la literatura y la poesía infantil – no es su historia. No sé si es posible escribir o ilustrar de esa manera hoy en día”.

Esa no es la única brecha. En Alemania, Tom Freud se considera parte del canon cultural. Los coleccionistas allí compran sus libros por miles de dólares. Su obra se exhibió en 2017 en la Galería Grimmwelt como parte del festival de arte Dokumenta celebrado en Kassel. Los jóvenes ilustradores alemanes conocen bien su trabajo. Por el contrario, Vardi y Kedem ni siquiera pudieron recaudar fondos en Israel para publicar el libro.

“Nos acercamos a numerosos organismos culturales en Israel, todos los cuales acogieron la noticia con entusiasmo, pero ninguno respondió a nuestra solicitud de participar en el proyecto”, relata Vardi. “Mifal Hapayis (la lotería estatal) y el fondo de bibliotecas lo apoyaron hasta cierto punto. Las fundaciones alemanas lo rechazaron, alegando que parecía un proyecto de libro comercial. Otros museos y organizaciones nos rechazaron cortésmente. Asia Publishers lo está lanzando y brindando toda la ayuda que pueda, pero la inversión monetaria es solo nuestra”.

¿Por qué cree que sucede así?

“Creo que aún no hemos entendido el significado cultural de una artista como Tom, que es como una intersección concurrida. Europa del Este, Europa Occidental, el hebreo, el modernismo de Berlín, e incluso sus neurosis, vigor y creatividad, todo se cruza y se vuelve más claro a través de ella. Y de todas estas intersecciones, emerge su estilo distintivo: cuanto más simple e ingenuo es su dibujo lineal y más naturales los colores, más tenso y ojo de águila te vuelves. Y cuanto más infantil es su ilustración, más oscura se vuelve, provocando tus pensamientos y atrayéndote a la página. Creo en el poder creativo de Tom. Creo que la gente quedará cautivada por su indiscutible encanto y mirará más allá del escándalo personal. Se necesita tiempo para que la historia superficial se desvanezca; en ese momento, una historia mejor emerge de las profundidades”.

 

Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil
Fuente: Haaretz