Septiembre 23 de 2022

El papa de Hitler, Pío XII, finalmente debería ser cancelado – Opinión

POR: Shmuley Boteach


El papa Pío XII aparece en una foto de archivo sin fecha de los archivos del periódico del Vaticano, ´Osservatore Romano´.

Sólo un papa fue testigo real de un genocidio y no hizo absolutamente nada al respecto, y ese fue Eugenio Pacelli, el papa Pío XII.

La historia nos cuenta que ha habido buenos papas y malos papas, hombres morales que ocuparon la silla de San Pedro y hombres abominables que la deshonraron.

Por cada gigante como Juan XXIII o Juan Pablo II, los papas más grandes de la actualidad, hubo un Rodrigo Borgia, cuyo nombre es sinónimo de asesinato y corrupción papal, o el papa León X, el papa Medici, cuya venta de indulgencias para financiar sus extravagantes gustos enfurecieron a Martín Lutero y ayudaron a impulsar la Reforma Protestante.

Pero sólo un papa fue testigo real de un genocidio y no hizo absolutamente nada al respecto, y ese fue Eugenio Pacelli, el papa Pío XII, que reinó durante todos los seis años de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.

El papa de Hitler

Durante la última década, ha habido un esfuerzo concertado de parte de muchos en la Iglesia Católica y algunos en la comunidad judía para rehabilitar la reputación del hombre infamemente conocido como el ¨Papa de Hitler¨. Nos contaron que Pío secretamente salvó a un número incalculable de judíos; que la razón por la que el pontífice nunca condeno a Hitler o al Holocausto fue para proteger a los judíos. Si hubiera hablado, Hitler habría sido aún peor con los judíos (un argumento que sería cómico, si no fuera tan trágico. ¿Cómo se puede hacer algo peor que gasear a 10,000 judíos al día?) Nos contaron que Pío, como cardenal secretario de estado bajo su predecesor Pío XI, no tuvo más remedio que negociar el primer tratado entre Hitler y cualquier estado extranjero porque Pacelli tenía que proteger a la Iglesia Católica.

Y así sucesivamente, con la Iglesia Católica tratando de resucitar la reputación de Pío a fin de poder hacer con él lo que normalmente se hace con cualquier otro pontífice: beatificarlo y canonizarlo, como al papa Juan Pablo II, que ya es un santo.

El papa Juan Pablo II coloca una plegaria escrita en una grieta en las piedras del Muro de los Lamentos, en el 2000.

Participé en dos visitas papales, al papa Benedicto XVI y al papa Francisco, organizadas por mi amigo Gary Krupp de la Fundación Pave the Way, diseñada en parte para abordar la controversia en torno a Pacelli. Considero a Gary un amigo y un judío dedicado a la supervivencia y protección de Israel. Ha servido como un puente importante entre la comunidad judía y el Vaticano, y lo respeto y me gusta.

Pero, sobre el tema de Pío XII, él está simple y completamente equivocado, como lo están otros defensores del papa de Hitler. Gary y yo incluso tuvimos un debate público en la Ciudad de New York sobre Pío, donde se le unió un historiador católico de su lado y que está disponible en YouTube.

Lo que siempre se nos ha dicho en la comunidad judía es que no se pueden sacar conclusiones definitivas sobre la presunta colaboración de Pío con los nazis, porque los archivos del Vaticano nunca habían sido abiertos o examinados. Si lo fueran, entonces Pío no sólo sería exonerado, sino que emergería como un héroe para la comunidad judía.

El crédito es para Francisco, que finalmente ordenó que los archivos del Vaticano sean abiertos. Miles de documentos relacionados con el papado de Pío XII fueron examinados por el Prof. David Kertzer de la Universidad Brown, quien ganó un Premio Pulitzer por biografía por su excepcional libro El Papa y Mussolini. Su nuevo libro, El Papa en Guerra: La Historia Secreta de Pío XII, Mussolini y Hitler, es aún mejor. Si yo tuviera la autoridad, lo haría de lectura obligada en todas las secundarias de Estados Unidos, para que así los estudiantes pudieran ser testigos del adagio de Elie Wiesel de que ¨lo opuesto al amor no es el odio. Es la indiferencia¨.

El libro de Kertzer es una detonación nuclear para los fragmentos restantes de la reputación de Pío. Lo más condenatorio es la presentación más completa de los horrendos e inolvidables eventos del 16 de octubre de 1943, cuando las SS arrestaron a 1,260 judíos romanos, casi todos los cuales morirían gaseados solo siete días después en Auschwitz. Los judíos fueron obligados, un Shabbat en la mañana bajo la lluvia, a congregarse en el ghetto judío. Desde ahí fueron transferidos a un colegio militar justo al otro lado, literalmente, de la ventana de la residencia de Pío en el Palacio Papal en la Plaza de San Pedro.

Aunque no sabemos si Pío realmente abrió su ventana y vio a las madres y bebés judíos llorando durante 36 horas por cualquier tipo de comida o agua, antes de ser empujados dentro de vagones de ganado hacia Auschwitz, sabemos que Pío conocía cada detalle de su encarcelamiento. Una princesa italiana obtuvo una audiencia y, literalmente de rodillas, le rogó al papa que hablara. Muchos otros, incluidos eclesiásticos, hicieron lo mismo, suplicando al papa que utilizara su cercana relación con el embajador alemán para la Santa Sede, Ernst von Weizsacker, para que los liberaran.

Aquí es donde se pone positivamente repugnante. Kertzer muestra en los archivos, que el papa sí intervino. Aproximadamente 250 de aquellos detenidos fueron liberados debido a la intervención del papa. ¿Y por qué? Porque el papa dijo que eran judíos que habían sido bautizados y, por lo tanto, no deberían ser asesinados. El resto, 1,007, fueron obligados, en las condiciones más abominables, a subir a los trenes, y casi todos fueron gaseados al llegar. Dieciséis sobrevivieron al Holocausto.

Así que ahora tenemos una prueba definitiva de que las protestas del papa funcionaron. Podría haber salvado a todos los judíos de Roma. Pero ¡ay! Pertenecían a la religión equivocada. Así que el papa dejó que fueran deportados y gaseados.

De hecho, el papa envió al cardenal secretario de estado al embajador alemán para ver si el asesinato de los judíos de Roma era esencial. El embajador insinuó que la orden había venido del propio Hitler. Cuando el papa y el cardenal comprendieron que era el propio Hitler quien había dado la orden, le dijeron al embajador que no protestarían públicamente.

La Iglesia Católica debe enfrentar el fracaso moral

Podría continuar sobre otros descubrimientos de Kertzer: cómo el papa tenía un canal secreto, previamente no revelado, establecido directamente con Hitler, a través de un nazi que era un bisnieto de la reina Victoria y que estaba casado con la hija del rey de Italia; cómo Pío, nunca, ni siquiera una vez, habló en contra del genocidio de los judíos -¡ni una! -repentinamente encontró su voz para protestar ante el propio presidente Roosevelt por el bombardeo aliado de las iglesias en Roma. Pero no hay necesidad de criticar más a Pío, ya que es la Iglesia la que debería hacerlo y no los judíos.

La Iglesia Católica debe aceptar no sólo la falla moral y el silencio de Pío XII, sino su directa y bien documentada colaboración con los nazis. Desde su reprobable concordato con Hitler en 1933 que legitimó al ogro nazi ante los ojos del mundo, hasta la decisión de Pío XII de destruir hasta la última copia de la planeada encíclica de su predecesor Pío XI, Humani Generis Unitas (La Unidad de la Raza Humana) que condenaba el antisemitismo nazi directamente. Tristemente para los judíos y para el mundo, el papa Pío XI murió días antes de su publicación planeada para febrero de 1939. Su sucesor, el papa de Hitler, se aseguró de que nunca viera la luz del día.

Cuando tuve el privilegio de las audiencias papales en el Vaticano, fuimos llevados a la gruta del Vaticano, donde están enterrados los papas. Muchos peregrinos estaban en la tumba de Juan Pablo II, el primer papa en la historia en visitar una sinagoga. Antes de convertirse en papa fue, por supuesto, cardenal arzobispo de Cracovia.

Pensé para mí mismo que Juan Pablo debe haber sentido animadversión personal contra Pío XII, viendo que el papa se mantuvo en completo silencio incluso cuando Hitler invadió Polonia en 1939 y bombardeó Varsovia hasta enterrarla en el olvido. Los polacos le rogaron al papa que hablara, pero el papa de Hitler característicamente mantuvo silencio.

Pero luego, al otro lado de la gruta, vi otra tumba. Era la de Pío XII. Inmediatamente sentí una palpable sensación de maldad mientras me acercaba. No podía creer que a este cobarde y antisemita se le permitiera estar enterrado cerca de un gigante moral como Juan Pablo. La tumba de Pío XII deshonra y mancha al Vaticano.

Francisco es un gran hombre, un gran amigo del pueblo judío, pero un crítico injusto de Israel. También se mantuvo notablemente en silencio en medio de la invasión de Putin a Ucrania, y decidió, hasta recientemente, permanecer al margen.

Francisco tiene su propia controversia, que se remonta a la brutal dictadura militar argentina en Argentina en los años 1970 y principios de los 1980, cuando servía como director de la orden jesuita ahí.

Ha sido acusado de guardar silencio cuando dos de sus sacerdotes, Orland Yorio y Franz Jalics, fueron torturados y asesinados por el trabajo misionero que llevaban a cabo en los barrios marginales. El cardenal Bergoglio fue acusado de guardar silencio durante este horrible período y retirar la protección jesuita a los dos sacerdotes, dando así luz verde a los militares para actuar contra ellos. Francisco ha mantenido que fue injustamente calumniado y que, por el contrario, hizo todo lo que estuvo a su alcance tras bambalinas para salvar sus vidas.

Ahora, Francisco puede demostrar que se toma en serio la responsabilidad de un eclesiástico de hablar frente al mal y sobre aceptar la responsabilidad del pasado antisemita de la Iglesia ordenando que Pío XII sea exhumado del Vaticano y enterrado fuera de Roma.

Y allí debería yacer, solo y no visitado, mostrando a todo el mundo que el precio de la colaboración con el mal y el silencio en el centro del genocidio es ser etiquetado como un anatema profano y ser condenado al destierro eterno.

El escritor, ¨el rabino de Estados Unidos¨, a quien The Washington Post llama ¨el rabino más famoso de Estados Unidos¨, es el autor de Holocaust Holiday: One Family´s Descent into Genocide Memory Hell. Sígalo en Instagram y Twitter @RabbiShmuley.

 

Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil
Fuente: The Jerusalem Post

                                                                                                     



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