Septiembre 12 del 2022

El documental de PBS de Ken Burns hace preguntas difíciles sobre cómo trató Estados Unidos a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial

POR: Andrew Lapin

Esperando en las puertas del cónsul de Chiune Sugihara, refugiados judíos en Kovno, Lituania, aproximadamente 1940.

El cineasta explica porqué ´Estados Unidos y El Holocausto´, que se estrena el 18 de septiembre, no es solamente otra película sobre el Holocausto.

JTA.- Una de las primeras personas presentadas en la nueva serie documental de Ken Burns sobre el Holocausto es Otto, un hombre judío visto en el primer episodio de la serie que trata de asegurar el pasaje a Estados Unidos para su familia, pero se ve obstaculizado por la feroz legislación anti-inmigración del país.

No es hasta el tercer episodio que los espectadores se enteran, que la hija de Otto recibe el apodo de Anne, y las piezas encajan: Él es el padre de Anne Frank, la víctima más famosa del Holocausto.

Joseph Stalin, Franklin Roosevelt y Winston Churchill durante la conferencia de Teherán en 1943.

Burns llama al detalle retrasado un ¨truco de bola oculta¨, con la esperanza de que una audiencia con un conocimiento sólo superficial de la familia Frank no se dé cuenta de inmediato del hecho de que Otto era el padre de Anne. Burns y sus codirectoras, las cineastas judías Sarah Botstein y Lynne Novick, querían que sus espectadores reflexionaran sobre la cuestión de cuánto creía el gobierno de Estados Unidos que valía la vida de Anne cuando todavía era una niña judía que estaba viva y respiraba y aún no era la autora de fama mundial y mártir de la condición humana.

¨Era importante para nosotros buscar una manera en la que pudiéramos reorganizar los tropos familiares para que así vean: Esta es una familia que se está yendo de Alemania, y esperando eventualmente poner más distancia entre ellos yendo a Estados Unidos, en el cual, básicamente, la mayoría de su población y la política de su gobierno, no los quiere¨, le dijo Burns a Jewish Telegraphic Agency.

Burns es el documentalista más importante de la historia estadounidense, con trabajos icónicos como ¨La Guerra Civil¨, ¨Jazz¨, y ¨Baseball¨ (donde explicó el truco real de la bola escondida, un juego de manos en el campo), convirtiendo los programas de PBS en televisión imperdible varias veces en las últimas cuatro décadas. Su más reciente, ¨Estados Unidos y el Holocausto¨, se estrena en la emisora pública el 18 de septiembre y se transmitirá durante tres noches.

El proyecto tomó siete años para completarse. En el 2015, el Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos contactó a Burns con una petición: ¿Consideraría hacer una película sobre Estados Unidos durante el Holocausto?

Burns y sus colaboradoras de largo tiempo, Botstein y Novick, junto con el escritor Geoffrey C. Ward, ya habían estado considerando un proyecto así. Su miniserie del 2007 sobre la Segunda Guerra Mundial y su proyecto del 2014 sobre los Roosevelt, cubrieron períodos históricos que se superpusieron con el Holocausto, pero no exploró el tema en profundidad -y sus creadores reconocieron la brecha.

Archivo – El director Ken Burns en un panel de discusión durante la Gira de Prensa de Verano de la Asociación de Críticos de Televisión, 29 de julio del 2019, en Beverly Hills, California.

Producida en sociedad con el museo y la Fundación de la Shoah de la Universidad del Sur de California, y basándose en la última investigación sobre el período de tiempo, la serie resultante de seis horas explora los eventos del Holocausto en gran detalle. Pero también narra el clima xenófobo y antisemita en Estados Unidos en los años que llevaron al genocidio nazi de los judíos de Europa: una nación en gran medida hostil a cualquier clase de refugiado, particularmente los judíos, y reacia a intervenir en una guerra en su nombre.

La serie pinta una imagen de un país que en gran medida está fracasando ante la mayor crisis moral del siglo, a través de una combinación de ineptitud burocrática, nerviosismo político y abierta intolerancia que emana de las calles hasta las cámaras de poder más cacareadas -mientras un puñado de héroes, trabajando principalmente al margen, tienen éxito en ayudar a pequeños números de personas.

¨Había una manera, porque lo estábamos relacionando con Estados Unidos, que se podía obtener una imagen diferente y, quizás, más fresca¨, dijo Burns. ¨Estados Unidos no hace nada, y luego, de repente, lo hace. Son los chicos malos, y luego son los chicos buenos¨.

Los cineastas esperan que un mensaje así tendrá resonancia moderna, especialmente porque llega de un mundo muy diferente de aquél en que comenzó el trabajo: en medio de un clima creciente de gobiernos autoritarios, extremismo de derecha, la negación del Holocausto y los feroces debates sobre cómo enmarcar la historia estadounidense en el aula.

Por estas razones y más, Burns dijo, ¨Nunca trabajaré en una película más importante¨.

Una multitud de más de 4,000 personas llenó el Tabernáculo del Evangelio en Fort Wayne, Indiana, para oír al Coronel Charles Lindbergh, visto en el estrado del orador en el centro, dirigirse a un mitin del Primer Comité Estadounidense en 1940.

Refugiados judíos en la cubierta del MS St. Louis en 1939.

La película fue un viaje especialmente personal para Botstein y Novich, que son judías las dos. El padre de Botstein (el presidente del Bard College, Leon Botstein) nació en Suiza en 1946, de dos judíos polacos que se habían conocido en la escuela de medicina en Zurich y más tarde fueron a Estados Unidos como refugiados. Ella es una estadounidense de primera generación y dijo que hacer la película la ayudó a comprender mejor la supervivencia de su familia.

¨Mi abuela solía decirme: ´Si alguien te sacude en medio de la noche, ¿qué dirías? ¿Eres una estadounidense? ¿Eres una judía? ¿Eres una mujer? ¿Eres Sarah?´¨, dijo Botstein. ¨Porque su identidad había definido todo lo que le había sucedido, y no quería tener esa experiencia viviendo en una parte bastante liberal del Estado de New York¨.

Novick, mientras tanto, fue criada en Estados Unidos, en una familia judía secular que ya había estado ahí por generaciones. Para ella, el proyecto le abrió los ojos de una manera diferente.

¨Ahora comprendo mejor, creo, el mundo en que mis abuelos, o algunas veces bisabuelos, crecieron, y cómo era realmente el Estados Unidos antisemita¨, dijo.

Como la mayoría de los proyectos de Florentine Films, la compañía de producción de Burns, ¨Estados Unidos y el Holocausto¨ cuenta su historia con abundante documentos históricos -en este caso, fotografías, cartas y filmaciones de noticieros -a menudo leídos en voz alta por celebridades, incluidos Meryl Streep, Liam Neeson, Hope Davis y Werner Herzog. Ellos dan voz a las historias de Frank y otros como él que buscaron refugio en Estados Unidos, pero, en su lugar, murieron en las cámaras de gas y en los campos de concentración.

Foto Ilustrativa: Refugiados judíos de la Segunda Guerra Mundial en una cocina al aire libre en Shangai.

También se complementa con extensas entrevistas a sobrevivientes del Holocausto e historiadores, en particular Deborah Lipstadt, una influyente erudita del Holocausto y actualmente enviada especial del Departamento de Estado para el antisemitismo. Lipstadt ofrece lo que los directores vieron como la conclusión más inquietante de la película: que los nazis lograron su objetivo de paralizar permanentemente a la población judía mundial, que no se ha repuesto por completo en las décadas posteriores al Holocausto.

El enfoque estadounidense significa que la película tarda 30 minutos en llegar a Alemania. La línea de tiempo comienza no con el ascenso de Adolf Hitler al poder, sino con el Acta Johnson-Reed de 1924, una ley estadounidense que estableció cuotas nacionales para todos los inmigrantes al país y que llegaría a ser un factor importante en la política de refugiados de Estados Unidos durante la expulsión masiva de los judíos de Europa.

Los cineastas hacen un amplio recorrido al establecer el clima político racista de la época, discutiendo el Acta de Exclusión de los Chinos del siglo XIX; el amor de Theodore Roosevelt por la eugenesia; la campaña pública de antisemitismo de Henry Ford; y las leyes de Jim Crow, que convirtieron a las personas negras en ciudadanos de segunda clase y en las que Hitler eventualmente se basaría para elaborar sus propias leyes raciales.

¨Para poner la mesa significaba que teníamos que ir muy lejos¨, dijo Novick.

Diplomáticos alemanes otorgan a Henry Ford, centro, la condecoración más alta para los extranjeros, La Gran Cruz de la Águila Alemana, en Detroit, 30 de julio de 1938, por su servicio al Tercer Reich. Karl Kapp, cónsul alemán en Cleveland coloca la medalla mientras Fritz Heiler, izquierda, cónsul alemán en Detroit estrecha su mano.

El enfoque cronológico hace particular énfasis en lo que ya había ocurrido en Europa para el momento en que los estadounidenses se involucraron significativamente: el ¨Holocausto a balazos¨, por ejemplo, en el que más 1.5 millones de los que en última instancia serían 6 millones de judíos muertos, fueron asesinados a tiros y arrojados a fosas comunes en todo la Europa Oriental ocupada por los nazis antes de que los campos de concentración fueran siquiera construidos.

Mientras detalla los horrores que se desarrollan en Europa, la película se enfoca en el surgimiento de movimientos simpatizantes de los nazis en el frente interno, incluido el Primer Comité de Estados Unidos, y analiza las tensiones dentro del Departamento de Estado, donde los funcionarios antisemitas en posiciones de poder socavaron los esfuerzos para intervenir diplomáticamente en favor de los judíos.

La película también discute las divisiones dentro de la comunidad judía estadounidense sobre si dejar entrar a tantos refugiados judíos. Veinte y cinco por ciento de los judíos estadounidenses en ese momento no querían dejar entrar a más, algunos porque despreciaban a los refugiados europeos orientales como pobres y no asimilados, y otros porque tenían miedo de empeorar la vida para los judíos todavía en Europa si hablaban con demasiada fuerza.

¨Me tomó un tiempo entender realmente la idea de que hubo una voz significativa dentro de una poderosa comunidad judía estadounidense que [creía] que no debíamos decir demasiado porque sólo revolvería la olla y despertaría más antisemitismo¨, dijo Novick.

Raoul Wallenberg, derecha, con judíos en la embajada sueca en Budapest, fecha exacta incierta.

También hubo héroes en el frente interno, y la película relata sus historias. Varían Fry y Raoul Wallenberg, que viajaron a Europa para rescatar a tantos judíos como pudieran, están representados, al igual que los esfuerzos de la Junta de Refugiados de Guerra de Estados Unidos y los diplomáticos estadounidenses como John Paley. También se destaca la defensa de figuras como Jan Karski, el rabino Stephen Wise, Ben Hecht y Peter Bergson.

Para representar la historia, los cineastas confiaron en gran medida en su consejo asesor (tienen uno para cada proyecto que emprenden) para determinar cuánto tiempo dedicar a varios eventos históricos, si mostrar ciertas imágenes o simplemente describirlas y cómo describirlas. ¨No vamos a ningún lado sin un consejo de asesores¨, djo Botstein.

Para ¨Estados Unidos y el Holocausto¨, los asesores incluyeron a historiadores del Holocausto como Debórah Dwork, Peter Hayes y Richard Breitman, así como a eruditos de la historia racial como Nell Irvin Painter, Mae M. Ngai y Howard Bryant.

A menudo los asesores no estuvieron de acuerdo en cómo representar momentos de la historia, y este desacuerdo se refleja algunas veces en la película misma. Un debate sobre si Estados Unidos debería haber bombardeado Auschwitz,o incluso los trenes que conducían al campo de exterminio, resonó en la sala de asesores tanto como lo hizo en los más altos niveles del gobierno en los últimos meses de la guerra. La película reproduce esos debates, citando a los historiadores que argumentaban ambos puntos.

Esta es una foto de archivo del 4 de febrero de 1945, desde la izquierda, el primer ministro británico Winston Churchill, el presidente de Estados Unidos Franklin Roosevelt y el premier soviético Josef Stalin, mientras se sientan en el patio del palacio Livadia, Yalta, Crimea.

El trato de la película a Franklin D. Roosevelt es también notable, dado el demostrado interés de Burns en el presidente de Estados Unidos. Muchos historiadores en la actualidad culpan a Roosevelt por no tomar acciones más decisivas para evitar un mayor derramamiento de sangre en los momentos claves en la guerra. El director señaló que la nueva serie es más crítica de las acciones de FDR durante el Holocausto que su serie anterior ¨The Roosevelts¨, pero Burns todavía cree que el presidente actuó principalmente dentro de sus posibilidades como político. ¨Él no podía agitar una varita mágica¨, dijo. ¨No era el emperador o un rey¨.

Todas las películas de Burns se lanzan con guías didácticas y están destinadas para el uso en las aulas, pero llevar ¨Estados Unidos y el Holocausto¨ a las escuelas fue de particular importancia para los cineastas porque vieron la oportunidad de incluirla en las docenas de mandatos estatales de educación sobre el Holocausto que se han aprobado.

Y también, dijo Novick, porque los cineastas han notado el surgimiento de varias ideologías supremacistas blancas de extrema derecha, incluidas muchas figuras que defienden la negación del Holocausto. ¨Es una batalla sin fin que tiene que ser peleada¨, dijo. La película en sí no se relaciona con tales negacionistas.

En su publicidad para la película, Burns y la compañía se están asociando con varias organizaciones parar tratar de llevar las lecciones del Holocausto a la actualidad, incluidos el Comité Internacional de Rescate, una agencia de ayuda para refugiados, y el grupo de expertos financiados por el gobierno estadounidense, Freedom House.

Ginger Lane (abajo a la derecha) y sus hermanos llegan a la Ciudad de New York como sobrevivientes del Holocausto que fueron escondidos en un huerto frutal cerca de Berlín por no judíos, 26 de mayo de 1946.

Los productores le pidieron a JTA no revelar los detalles del final de la película -una petición inusual para un documental sobre el Holocausto. Pero la razón es que Burns y su equipo no terminan con la liberación de los campos en 1945. En su lugar, llegan hasta el presente de formas inesperadas.

¨La mayoría de nuestras películas llegan hasta el presente¨, dijo Burns. ¨Y seríamos negligentes si no asumiéramos el más gigantesco de los temas, y no dijéramos que esto rima tanto con el presente¨.

Cuando se le preguntó por qué la película hace algunas de las conexiones que hace, Burns citó una línea que ofrece Lipstadt en la película: ¨Si ´el tiempo para detener un Holocausto es antes de que suceda´, entonces eso significa que tienes poner sobre la mesa todos los ingredientes que van en él. Quizás estos ingredientes no suman …Pero si ves a personas reunidas, en la cocina, con los mismos ingredientes, tienes que decir, no puedo esperar hasta la comida esté preparada¨.

https://www.timesofisrael.com/ken-burns-pbs-documentary-asks-hard-questions-about-how-us-treated-jews-during-wwii/

 

Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil
Fuente: The Times of Israel