Septiembre 9 del 2022

Damasco, 1840. Cuando desenterraron a los muertos, torturaron a los rabinos y el peluquero confesó a latigazos

Enlace Judío- Durante mucho tiempo, los judíos fueron víctimas de falsas acusaciones rituales (libelos de sangre), lo que ocasionó grandes desgracias a nuestro pueblo, como torturas, saqueos, violaciones, y asesinatos. Aunque casi todas estas falsas acusaciones se habían dado en Europa, tambien hubo algunas, como la que ocurrió en 1840 en Siria, en la ciudad de Damasco “Sham”, donde vivían 400 familias judías.

Un dia 9 de febrero de 1840, desaparecieron el padre Tomas, que era un monje del convento franciscano en Damasco, y además médico, junto con su ayudante Ibrahim Amara.

Como el sacerdote tenía un muy mal carácter, entonces se había ganado muchos enemigos en la ciudad. Al principio decian que había sido asesinado por algún enemigo, porque justo unos días antes, tuvo una discusión con un señor turco, quien aparentemente lo había oído maldecir a Mahoma y entonces le dijo: “Ese perro cristiano morirá por mi mano”.

La fabricación de culpables: fueron los judíos

Sin embargo, luego se dijo que el cura Tomas y su ayudante habían sido vistos por última vez en el barrio judío. Entonces corrió el rumor en la ciudad, que los judíos habían asesinado al clérigo, para utilizar su sangre en la elaboración de la Matzá, para la fiesta de Pésaj.

Los árabes entonces comenzaron a maldecir e insultar a los judíos, iniciando con la policía una intensa búsqueda en las casas judías. Pero al no encontrar nada, el día de Shabat obligaron a la comunidad a abrir todas las tumbas de los fallecidos en las últimas dos semanas, para verificar si habían enterrado allí a los desaparecidos.

En aquellos tiempos, Siria estaba ocupada por los otomanos bajo el mando de Mehemet Alí, pashá de Egipto, quien a su vez se dejó convencer por el cónsul francés Ulysses Ratti Menton, de que los judíos habían sido los asesinos para efectos rituales.

Mientras, un judío renegado convertido al islam, quien había cambiado su nombre a “Muhamad Afandi”, hijo del rabino Jaim Nissim Abulafia, acuso a los rabinos, testificando en falso, que el mismo, sin saber el motivo, había llevado la sangre del “Badri (padre) Tuma” a la casa del Jajam, para que la mezclara con la harina de la Matza para Pesaj.

A su vez, una anciana musulmana de 90 años, afirmo que había “soñado” que los judíos los habían matado y los enterraron debajo de la casa del Jajam Moshe Abulafia.

El cónsul francés entonces inmediatamente se presentó en el barrio judío, acompañado por soldados franceses, y arrestó a varios líderes de la comunidad, así como a Shelomo Negrin, quien era el peluquero de la comunidad, conocido como Salim El-Halak.

El peluquero, tras 500 latigazos, “confesó” lo que ellos querían escuchar

Entonces el Jajam Yaakov Antebi, quien fuera el principal rabino de la comunidad damasquina durante 30 años, se dirigió a la sinagoga “El Franj”, convocando a toda la Kehilá a reunirse para pedir misericordia a DI-s, ya que se avecinaban momentos trágicos para la comunidad.

Al mismo tiempo tocaron el Shofar del Rab Yoshiau Pinto, al que le atribuían unas fuerzas espirituales, y quien había sido el rabino principal de Damasco hasta el año 1648.

Luego el Jajam Yaakov Antebi se despidió de su familia, como si fuera a encontrarse con la muerte. Posteriormente lo detuvieron junto a los rabinos Moshe Abulafia, Isjak Harari, Yosef Harari, Aharon Harari, Halfon Attie, David Harari, y Yosef Laniado.

Estos dos últimos, murieron torturados en prisión, mientras que otro aceptó convertirse al islam para salvar su vida.

El pogrom

La multitud entonces atacó el barrio donde vivían los judíos, destruyendo varias sinagogas. También quemaron varios rollos de la Torá de la muy antigua sinagoga Jobar, en las afueras de Damasco.

A su vez, 63 niños fueron encarcelados y maltratados. Incluso el rabino Antebi escribió que tras las torturas que recibió, lo llevaron en condiciones deplorables al juzgado, donde negó todas esas falsas acusaciones, por lo que fue nuevamente golpeado hasta quedar inconsciente.

Durante 45 días el Jajam Antebi estuvo encerrado en un cuarto oscuro, sin poder cambiar sus ropas, lo que le ocasiono caer gravemente enfermo por los golpes que le propinaron.

Mientras, un judío de la comunidad se hizo pasar como gentil, y de esa manera pudo salir de Damasco hacia Alepo, donde vivía el rabino Abraham Antebi, tío del Jajam Yaakov Antebi, para contarle lo que estaba ocurriendo.

 

El Jajam Abraham Antebi entonces le informo al cónsul de Austria en Alepo, Eliahiu de Piccioto, para que avisara a las comunidades de la diáspora, lo que sucedía en Damasco.

Los informes no tardaron en llegar a Moshe Montefiore en Gran Bretaña, así como a la familia Rothschild en Alemania, y a Adolph Cremieux en Francia, quienes tenían una gran influencia en el gobierno de sus países.

Por intermedio de Moshe Montefiore, quien solicito una audiencia privada con la reina Victoria, junto al abogado yehudí Adolph Cremieux de Francia, lograron involucrar a los gobiernos de Francia e Inglaterra, para presionar al gobernador de Egipto y de Siria, a fin de liberar a los judíos de ese falso libelo, que se había dispersado por todo el mundo, llegando incluso a los Estados Unidos.

Allí, 15.000 judíos estadounidenses realizaron una protesta en seis ciudades del país y frente al consulado de Siria. Incluso el presidente de los EE. UU, Martin Van Buren, manifestó lo siguiente: “No puedo evitar el dolor, sabiendo que aun en esta época avanzada, todavía se acuda a medidas tan bárbaras, para obligar la confesión de los imputados”.

Entonces Montefiore, apoyado por algunos líderes influyentes, encabezó una delegación que se presentó ante el gobernador de Siria, Mehemet Ali.

Gracias a las negociaciones realizadas, el 6 de septiembre de 1840, se logró la libertad de todos los prisioneros judíos de Damasco, aunque cuatro de ellos ya habían fallecido en cautiverio.

Más tarde, en Estambul, Moshe Montefiore logró convencer al Sultán Abdulmecid, para que publicara un “Firman”, edicto que anula toda acusación del libelo de sangre en todo el Imperio Otomano.

Por lo tanto, el día 8 de Elul, fue instaurado por los Jajamim de Damasco como un día de fiesta, por el milagro de haberse salvado de esas persecuciones y falsa acusación, y se acostumbra entre las Kehilot del Shuam, o Shamis, a no decir Tajanum en las Tefilot de este dia.

 

Fuente: Enlace Judío