Agosto 9 del 2022

Cómo un desierto de Israel se convirtió en un granero inesperado

La zona de la Aravá es árida y muy calurosa pero hoy es una de las que producen más vegetales del país. Y esto es gracias a la determinación y pensamiento innovador.

 Por Abigail Klein Leichman

Tanya Pons Allon recoge fresas en el Centro de Investigación y Desarrollo de Aravá. Foto: Laura Ben-David

Cuando ISRAEL21c en Español visitó el Centro de Investigación y Desarrollo de la Aravá en el sur del país Maayan Kitron, coordinadora de investigación de flores y hierbas del organismo, le entregó a la cronista una fruta amarilla de aspecto extraño envuelta en un capullo.

Al abrir la cáscara parecida al papel y darle un dulce mordisco a esta uchuva (también llamada tomate cherry o fresa), el sabor que aflora es comparable al de la piña con toques de tomate y vainilla.

Una baya dorada que crece en la Aravá. Foto: Abigail Leichman

Kitron también les proporcionó a los periodistas visitantes diferentes sabores de tomates cherry, pimientos y fresas cultivados en esa franja del desierto del Néguev que se extiende por el este de Israel desde el Mar Muerto hasta Eilat.

Se trata de un área de veranos largos y agotadores, es decir unas condiciones difícilmente hospitalarias para la agricultura.

“El día de verano promedio es de más de 40° C y por la noche la temperatura baja solo 10°C”, afirmó Kitron, que también tiene una granja familiar en el centro de la Aravá.

Sin embargo, los invernaderos del centro de I+D cultivan espinacas Gulliver (una especie de hoja verde similar a la espinaca que prospera en climas cálidos y se mantiene en el refrigerador durante un mes), Momordica (un melón amargo que tiene sustancias nutracéuticas potenciales incluida una “insulina natural”), tomates cherry , berenjenas, melones, pepinos y cultivos exóticos como el kiwano (un melón africano picudo).

Maayan Kitron muestra la espinaca Gulliver. Foto: Abigail Leichman

También hay fresas colgantes porque el suelo allí es demasiado caliente para ellas pero, por otro lado, la luz del sol resalta su dulzura.

“Aquí no puede crecer nada”

“En la década de 1950 no había nada aquí. Pero después, dos pioneros idealistas de 20 años querían fundar aquí una comunidad aquí y todos pensaron que estaban locos, que morirían de deshidratación. Sin embargo, el primer jefe de Gobierno de Israel David Ben-Gurion, que realmente creía en el desarrollo del Néguev, firmó un documento que les permitía colonizar esta área”, explicó Tanya Pons Allon, agricultora de la Aravá y directora del Instituto Conjunto Kasser para la Seguridad Global de Alimentos, Agua y Energía, una cooperativa del Centro de Investigación y Desarrollo de la Aravá en asociación con el Fondo Nacional Judío de EEUU (JNF), la Universidad de Arizona y el Consejo Regional de la Aravá Central.

Dunas de arena en el Valle de la Aravá. Foto: Doron Horowitz/Flash90

Allon contó que el entonces premios envió expertos a la zona para probar el suelo y el agua y que todos estuvieron de acuerdo en que nada podría crecer allí excepto un agrónomo que dijo que si se pudiera usar el agua de una manera más eficiente o cambiar el suelo de alguna manera, tal vez podría suceder. “Y Ben Gurion dijo: ‘Eso es lo suficientemente bueno para mí’”, agregó.

La especialista resaltó que la realidad que se aprecia hoy demuestra que con determinación y pensamiento innovador, y sin aceptar un no por respuesta, se puede lograr cualquier cosa.

Allon también dirige recorridos en nombre del JNF-USA en el Centro de Visitantes Vidor de Aravá R&D.

“Ahora tenemos 4.000 residentes en la región y se están construyendo nuevas comunidades. Esta zona no habría prosperado sin que la gente creyera que podría hacerlo”, enfatizó.

¿De dónde viene el agua?

Kitron reveló que la precipitación anual promedio en el valle de Aravá es de 50 milímetros y que este año cayeron menos de 20 milímetros. “Nuestra agua proviene de unos 60 pozos que hemos perforado y que están  todos conectados a un sistema de control en Eilat”, dijo. Y añadió que ahora también se está canalizando agua desde una planta desalinizadora en Ashkelon.

El agua salada del pozo debe tratarse pero la ventaja es que el riego da como resultado productos más dulces. ¿Cómo? Kitron explicó que eso se debe a la ósmosis: la concentración de sal en el agua hace que las raíces de las plantas liberen más azúcares.

“La granja promedio aquí tiene cinco hectáreas y cada una tiene una cuota de agua diaria, mensual y anual”, dijo.

El riego por goteo, una innovación israelí, hace que esto sea factible. Pero el calor y el suelo no particularmente fértil también son un desafío. “Así y todo, en nuestros días de gloria producíamos el 60 por ciento de las verduras exportadas de Israel, principalmente pimientos morrones. Hoy esto ha cambiado debido a problemas de divisas internacionales. La mayor parte de nuestra producción se destina al mercado interno. Y hemos pasado de pimientos a otras hortalizas de temporada, así como a dátiles y mangos”, manifestó.

Impacto global

El Centro de I+D de la Aravá fue creado en 1986 por el gobierno israelí y Keren Kayemet LeIsrael – Fondo Nacional Judío (KKL-JNF) como parte del programa de investigación y desarrollo del Néguev.

Su objetivo es desarrollar y promover nuevos materiales, elevar la calidad de los productos, encontrar nuevos vegetales para cultivar y abrir mercados para apoyar a los agricultores de esta zona periférica.

En los últimos años, se creó una división de investigación científica centrada en la biología molecular, el descubrimiento de fármacos, la biotecnología, ecología y geología.

El Instituto Kasser de Seguridad Global de Alimentos, Agua y Energía es parte de esa expansión y su meta es ayudar a las comunidades en países áridos e hiperáridos.

Al igual que Kitron y Allon, los 30 miembros del personal profesional del centro de I+D son residentes de primera y segunda generación de Aravá.

“Este nuevo proyecto del Instituto Kasser es muy emocionante para mí porque ofrece más oportunidades de empleo aquí y porque tiene un impacto global. Tomamos tecnología creada y patentada en la Aravá y la enviamos a todo el mundo”, afirmó Allon.

Allon indicó que se espera que la población mundial actual de 7.700 millones aumente a unos 10.500 millones para 2050. “Y al mismo tiempo, hay menos agricultores y menos recursos, y el clima se está volviendo loco. Si se puede cultivar algo aquí en el desierto sin agua en un clima duro, es posible hacerlo en cualquier lugar si se tiene el conocimiento”, enfatizó.

Cría sustentable de peces

El primer enfoque del Instituto Kasser es Kenia. Allí, el 70 por ciento del país está fuera de la red.

Investigadores en Arizona y en el sur de Aravá estudian qué cultivos crecen mejor bajo paneles solares para poder aplicarlo allí.

Mientras tanto, en la Aravá central, hay un experimento de acuicultura sustentable para el país africano.

Durante el recorrido, Allon presentó a Steven (29), un keniata graduado del Centro Internacional Aravá para Capacitación Agrícola (AICAT).

El keniata Steven le muestra a ISRAEL21c en Español la larva de la mosca soldado negra que alimenta a los peces. Foto: Laura Ben-David​

El hombre, un criador de tilapia, explicó que el alimento para peces es muy caro.

En el Instituto Kasser aprende a usar un sistema circular alimentado por energía solar que proporciona a los peces los nutrientes emitidos por la lenteja de agua cultivada de forma hidropónica con agua de la pecera.

La larva de la mosca soldado negra se alimenta de la lenteja de agua y luego se convierte en alimento para peces.

“Cuando regrese a Kenia, ayudaré al Ministerio de Agricultura porque, debido al crecimiento de la población y la escasez de agua, necesitamos nuevas soluciones para alimentar a nuestra gente. Aquí en la Aravá hay conocimiento que en casa carecemos”, expresó.

Steven no sólo regresará con conocimientos sino también con las conexiones del AICAT.

“La Embajada de Israel en Nairobi otorga subvenciones a los graduados de AICAT para iniciar iniciativas en Kenia”, dijo Allon.

“Ven y mira cómo florece el desierto”

ISRAEL21c en Español conoció a Kitron en el vestíbulo del Centro de Visitantes y Centro de Investigación y Desarrollo de Vidor en Hazeva, fundado en 2014 para atraer a los viajeros a detenerse en el camino a Eilat y ver cómo florece el desierto.

El Vidor tiene un espacio de exhibición interactivo, pantallas audiovisuales y productos cultivados en Aravá para la venta.

El centro de visitantes de Vidor permite conocer a las familias campesinas de la Aravá. Foto: Abigail Leichman

 La Aravá central tiene hoy un sector turístico activo que incluye muchos pequeños hostales y moteles que brindan ingresos adicionales a los agricultores.

 

Fuente: Israel 21C