Agosto 1 de 2022

Tisha Be´av: El luto por el Templo en la era moderna

POR: Moshe Taragin

Qué diría Napoleón: recreación del 2015 del regreso del emperador a Paris después de nueve meses de exilio en Elba.

¿Cómo podemos estar de duelo en Tisha Be´av en el moderno estado de Israel? Sin actualizar nuestro duelo, Tisha Be´av puede volverse emocionalmente vacío.

Al presenciar el duelo de los judíos en Tisha Be´av, Napoleón una vez comentó: ¨Una nación que llora y ayuna durante más de 2,000 años por su tierra y su Templo seguramente será recompensada con ambos¨.

La conmovedora escena que presenció Napoleón había estado desarrollándose en las ciudades y pueblos judíos durante más de 1,700 años. Tenía razón en estar impresionado. Somos el pueblo de la memoria y el futuro, y la consciencia histórica no puede ser derrotada por las armas ni la lengua.

¿Qué diría Napoleón si viera a los judíos en el moderno Israel sentados en el suelo y llorando por la gloria perdida? Probablemente gritaría ¨¡Despierten y levántense del suelo! ¿No ha sido restaurada vuestra gloria nacional? ¿No han regresado a vuestra patria?¨ Incluso el moderno estado de la Francia de Napoleón tiene mucho que envidiar a la república de Israel de 74 años. Hace doscientos años Napoleón se inspiró. Hoy probablemente estaría confundido.

El duelo es una experiencia profundamente personal y emocional. Simplemente ¨ir a través de los movimientos¨ sin experimentar una auténtica tristeza produce una experiencia apática y vacía. ¿Cómo podemos estar de duelo en Tisha Be´av en el moderno Estado de Israel? Millones de judíos viven en Israel, y millones de otros viven en su sombra espiritual. Aunque todavía luchamos con las fases finales de la historia, nuestra condición ni siquiera se asemeja a la de las generaciones previas. Vivir con triunfo y orgullo, ¿Cómo lloramos dentro de este contexto histórico desconocido? Sin actualizar nuestro duelo, Tisha Be´av puede volverse emocionalmente vacío.

Escribas terminan de escribir un rollo de Torah.

La lista de 42

Curiosamente, nuestra parashat Masej nos proporciona alguna orientación.

La sección de apertura de esta parashá enumera 42 estaciones desconocidas del desierto a través de las cuales los judíos viajaron durante sus 40 años de deambular. Las coordenadas de estos lugares son completamente desconocidas, y estas dunas de arenas crípticas son irrelevantes religiosamente. Sin embargo, la Torah describe nuestra llegada y nuestra salida de todos y cada uno de esos campamentos. Nuestra experiencia de 40 años fue lo suficientemente tortuosa sin enumerar las tediosas paradas, pero la Torah proporciona un registro minuciosamente completo.

Obviamente, hay un mensaje más profundo para esta lista de áridas llanuras desérticas. Evidentemente, la Torah proporciona un lente a través del cual mirar hacia atrás y reflexionar sobre 40 años de futilidad. ¿Cómo podemos hacer que tengan sentido todos los años perdidos y todas las vidas perdidas? Esta lente histórica ayuda a reenfocar nuestro viaje de 40 años por el desierto, y puede similarmente ayudarnos a desenredar la larga odisea de los últimos 2,000 años.

Tristeza y estabilidad

Comentando sobre lo ¨innecesario¨ de la lista de los campamentos, Rashi afirma que, irónicamente, la larga lista de ¨lugares de nada¨ revela cuán relativamente estable fue realmente este período sombrío. Al deducir las 14 estaciones visitadas durante el primer año, junto con las ocho ubicaciones visitadas durante el último año, resulta que sólo viajamos 20 veces más durante los 38 años intermedios.

Durante los 38 años oscuros de pérdida y de ¨silencio de radio¨ de D-s, viajamos, en promedio, una vez cada dos años. Esos dolorosos años pueden haber sido sombríos y trágicos, pero no fueron inútiles ni vanos. La gente siguió viviendo vidas estables y semi productivas sin demasiada inestabilidad y sin una constante reubicación. Sufrimos, pero la vida todavía tenía sentido y estabilidad. D-s todavía nos permitió vivir vidas relativamente normales.

En este sentido, nuestro más reciente viaje de 2,000 años se siente similar. Debido a nuestras continuas traiciones y rupturas religiosas, trajimos la tragedia sobre nosotros. Fuimos condenados a vagar a través de los páramos de la historia, marginados de la sociedad y perseguidos por nuestros malos actos.

Sin embargo, a pesar de nuestro sufrimiento insoportable, sobrevivimos a 2,000 años de hostilidad y odio. Y no sólo sobrevivimos; prosperamos. Formamos comunidades robustas, construimos una rica cultura nacional, y mantuvimos una fe firme en D-s, que prometió restaurarnos un día. Resistimos expulsiones, pogromos e inquisiciones, pero estos ataques fueron casi siempre seguidos por períodos de respiro, que nos permitieron recuperarnos, reabastecernos y animarnos.

A pesar de lo extenuantes que fueron, los últimos 2,000 años no fueron un agujero negro de la historia. Como lo hicimos en el desierto, hace miles de años, aceptamos nuestro destino y seguimos adelante, viviendo una vida significativa y productiva. No fue caos y vacío.

Regresar a casa, al Israel moderno, nos permite tener una visión más amplia y adoptar una perspectiva agridulce sobre el pasado. Al evitar la comida en Tisha Be´av, saboreamos la agonía de los dos últimos milenios de discriminación y de dislocación nacional. Sin embargo, en Tisha Be´av deberíamos también enorgullecernos de haber logrado el mayor milagro antropológico de la historia -la supervivencia de un pueblo disperso por todo el mundo sin un idioma, una cultura, una dieta o una bandera en común.

De una manera extraña, admirar nuestro éxito pasado en el exilio da forma al dolor del luto. Somo un pueblo tan ingenioso y resistente, como lo evidencia nuestra superación de los desafíos del exilio. ¡Cuán mejor sería nuestro mundo, si no hubiéramos fallado en la historia y perdido una segunda oportunidad para el Edén! Reconocer nuestra impresionante perseverancia a lo largo del exilio intensifica la gran pérdida de la historia judía. Este mundo podría haber sido mucho mejor. Un día lo será.

Un viaje de sanación

La segunda explicación de Rashi proporciona una perspectiva diferente sobre esos 40 años, así como sobre nuestros recientes 2,000 años. Rashi presenta una alegoría sobre un padre y su hijo enfermo que viajan a visitar a un reconocido médico. Cada parada en su viaje hacia el médico está llena de pavor y temor, mientras agonizan sobre su incierto destino. Cuando finalmente reciben la autorización médica, regresan a casa, recordando con cariño las diferentes etapas de su viaje por carretera. Lugares que una vez provocaron angustia y aprensión son ahora deliciosamente nostálgicos. En retrospectiva, reconocen que, a pesar de su temor, al menos tenían la compañía y el apoyo del otro.

A lo largo del desierto solitario, D-s nos acompañó y nos proporcionó comida, agua y seguridad. En retrospectiva, los campamentos en el desierto están impregnados de melancólica nostalgia y, por lo tanto, se enumeran.

Al salir del túnel oscuro y atemorizante del exilio judío, miramos hacia atrás con gratificación, sabiendo que, aunque estábamos esparcidos por todo el mundo, D-s nunca nos abandonó.

Enfrentamos una avalancha de hostilidad que estaba dirigida a las personas que representaban a D-s en el cielo y defendían el bien en la tierra. D-s estuvo a nuestro lado.

D-s no solamente nos acompañó, sino que, como el padre y el hijo visitando al médico, nosotros, también, estábamos viajando a un ¨lugar de sanación¨. Nuestros viajes y tribulaciones no fueron en vano, ya que transportamos a la humanidad a un lugar mejor. Trajimos a D-s de regreso a un mundo caótico y violento de salvajismo y magia negra. Trajimos la ciencia, la civilidad y las instituciones democráticas a un mundo atrasado y estancado. Trajimos la justicia social y la igualdad a un mundo de jerarquías sociales y raciales opresivas. El camino fue largo, pero siempre viajamos hacia ese lugar de sanación.

Ahora estamos en la etapa final de la sanación histórica. Estamos llegando a los límites de la curación proporcionada por humanos. Sólo trayendo completamente a D-s a este mundo podemos completar la sanación y reparar a un mundo fracturado. Pero hemos recorrido un largo camino a lo largo del viaje.

Entonces, este año en Tisha Be´av, llora, vive el duelo, admira, reconoce, espera y sueña. No creo que Napoleón comprendería este carrusel emocional, pero, de nuevo, él no vivió la historia judía. Nosotros lo hicimos y lo hacemos.

El escritor es un rabino en la Yeshiva Har Etzion/Gush, un hesder yeshivá. Tiene smicha y una licenciatura en ciencias de la computación de la Yeshiva University, así como una maestría en literatura inglesa de la City University de New York.

 

Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil
Fuente: The Jerusalem Post