Junio 23 del 2022

No hace falta un mapa para encontrar el antisemitismo

Opinión. Los antisionistas pueden disfrazarse con el manto de la solidaridad con los oprimidos, pero este movimiento es tan conspirativo y antijudío como la extrema derecha.

La semana pasada, un grupo antisionista llamado BDS Boston promovió una iniciativa de una organización anónima llamada «The Mapping Project» que recientemente publicó un gráfico que representaba lo que, según ellos, son los nodos interconectados del «sionismo, el control y el imperio» en el estado de Massachusetts. Entre sus objetivos: una escuela secundaria judía, una colaboración artística, un organismo coordinador de sinagogas, la Facultad de Medicina de Harvard y la organización Combined Jewish Philanthropies.

Los organizadores explicaron: «Hemos presentado direcciones físicas, nombres de los funcionarios y líderes, y hemos trazado las conexiones. Estas entidades existen en el mundo físico y pueden ser alteradas en el mundo físico. Esperamos que la gente utilice nuestro mapa para averiguar cómo hacer frente de forma efectiva… apoyamos la no cooperación, la autodefensa comunitaria y la resistencia en todas sus formas».

 Un mapa de supuestas conexiones entre grupos judíos y otras organizaciones en Massachusetts creado por el grupo The Mapping Project. (Ynet)

Invocar el espectro de una siniestra conspiración judía es un viejo tropo antisemita y la llamada a la acción que lo acompaña es una que ha llevado a la gente al vandalismo, a los pogromos y a cosas peores contra el pueblo judío a lo largo de los siglos, incluso en la actualidad. Al divulgar datos personales y demonizar a la comunidad judía de Boston, al mismo tiempo que hacen un llamado a la «autodefensa» y a la «resistencia», no es difícil imaginar a qué podría incitar esta perturbada propaganda.

Lamentablemente, el «Mapping Project» no es un caso aislado de un grupo marginal. Por el contrario, es un ejemplo de cómo los cada vez más agresivos difamadores del antisionismo alimentan antisemitismo crudo a la corriente principal. El movimiento apenas intenta utilizar la pantalla de la oposición a las políticas israelíes para encubrir una hostilidad venenosa hacia el pueblo judío.

El sionismo es la creencia de que el pueblo judío tiene derecho a la autodeterminación y a tener un Estado en su patria ancestral. El anhelo de retornar a Sion (el término bíblico para la tierra de Israel) ha sido fundamental para el judaísmo y la identidad judía durante miles de años.

En su forma actual, el antisionismo no es solamente la oposición intelectual a esta idea. Es un sistema de creencias que se basa en la negación de la nación judía y del derecho de los judíos a la autodeterminación. Estos grupos antisionistas niegan la conexión histórica y espiritual que los judíos tienen con la tierra de Israel y buscan deslegitimar y extinguir la existencia del único Estado judío del mundo.

 Un trabajador municipal borra un graffiti antisemita en un comercio judío de Londres.
(MCT)

Y como se ve en el proyecto de mapeo antes mencionado, los grupos antisionistas modernos emplean regularmente tropos e imágenes antisemitas –así como una retórica incendiaria– para vilipendiar a todos los individuos y grupos asociados con el sionismo e Israel, es decir, los judíos.

Escuche cómo se refirió Zahra Billoo –una destacada activista musulmana estadounidense y líder durante mucho tiempo del capítulo de San Francisco del Consejo de Relaciones Islámico-Americanas (CAIR, por sus siglas en inglés)– a la solidaridad palestina. En un discurso público el año pasado, dijo que el enemigo no son sólo los extremistas de derecha, sino los «sionistas educados», incluidas las principales organizaciones judías estadounidenses, como las federaciones judías, Hillel y las «sinagogas sionistas». Tejió una conspiración de nefastas organizaciones judías que supuestamente están trabajando juntas para perjudicar a los musulmanes. ¿Y cuál fue la respuesta del CAIR? La organización la apoyó a pesar del evidente prejuicio. En Brooklyn College, Estudiantes por la Justicia en Palestina (SJP) publicó en Instagram: «El sionismo no es bienvenido en el campus» y «#ZionismoufCUNY», pidiendo claramente la exclusión de los judíos (estudiantes, personal, profesores) de todos los campus de CUNY.

Y la semana pasada la organización «antisionista» Voz Judía por la Paz (JVP) que, a pesar de su nombre, no representa a la comunidad judía ni a nadie realmente interesado en la paz, compartió una caricatura en su cuenta de Instagram que mostraba a soldados israelíes bebiendo sangre palestina, un clásico tema antisemita.

En estos casos y en muchos más, los activistas pueden estar denunciando a los «sionistas», pero así es como encubren sus ataques a los judíos. El problema de este juego retórico es que no engañan a nadie.

Durante décadas, la Liga Antidifamación (ADL) ha hecho seguimiento a este uso de «sionista» como epíteto, empezando por la Unión Soviética, donde se diseñó originalmente esta táctica de desinformación. De hecho, en 1967, nada menos que Martin Luther King, Jr. amonestó a un joven por hacer un comentario despectivo sobre los sionistas diciendo: «Cuando la gente critica a los sionistas, se refiere a los judíos. Estás hablando de antisemitismo».

Porcentaje de comentarios con contenido antisemita en noticias que involucran a las comunidades judías o a Israel. (Congreso Judío Latinoamericano)

 Ni los historiadores ni yo sabemos qué motivó al Dr. King a decir esto, pero quizás sabía por experiencia que cuando se demoniza lo suficiente a un pueblo, esto lleva a muchos a la acción violenta.

El año pasado, por ejemplo, durante el conflicto entre Israel y el grupo terrorista Hamás, la ADL registró 387 incidentes –incluyendo 15 descarados asaltos– en el mes, un aumento de casi el 150% con respecto al mismo período de 2020.

Desde entonces, los judíos han sido agredidos por llevar una bandera israelí y lucir una estrella de David. Una sinagoga en Florida fue etiquetada con grafitis que incluían «F-Israel», y en el lado opuesto, un restaurante israelí fue vandalizado con un letrero de «F-Judíos» pintado con spray. La lista sigue y sigue y sigue; el entorno de amenazas se amplía.

Recientemente, cuando expuse estos puntos en un discurso ante las directivas de la ADL, algunos observadores se mostraron en desacuerdo con mi equiparación de la amenaza de las organizaciones antisionistas –como el SJP, el JVP y el CAIR– con la amenaza que representan las organizaciones extremistas, como los neonazis que corearon «los judíos no nos reemplazarán» en Charlottesville, los Proud Boys y los Oath Keepers.

Para ser justos, se trata de amenazas muy diferentes. Como lo dije en el discurso y como la ADL ha documentado durante décadas, el extremismo de derecha es una amenaza singularmente letal y peligrosa para la comunidad judía y para nuestro país. Durante años, los individuos se han dejado llevar por las teorías de conspiración de la supremacía blanca para asesinar a judíos y miembros de otras minorías. Desde Pittsburgh hasta Poway y Buffalo, es un peligro violento que no debe ser subestimado.

Manifesetación antisemita en París. (AFP)

 Al mismo tiempo, también debemos reconocer la creciente amenaza que supone el movimiento antisionista organizado, que –a pesar de su esfuerzo por disfrazarse bajo el manto progresista de la solidaridad con las minorías oprimidas– no es menos conspirativo y antisemita. Si no se controla, la demonización, el vilipendio y las teorías conspirativas de los antisionistas producirán mayor violencia, incluso mortal.

Esto no es una abstracción paranoica. Más bien, es lo que han experimentado las comunidades judías en Europa en los últimos años y es lo que vemos que ocurre a otros grupos minoritarios –como los asiático-americanos en Estados Unidos– a raíz del COVID, por nombrar sólo un ejemplo.

Seamos claros: esto no significa que Israel deba estar exento de críticas.

Hay una gran cantidad de grupos judíos, dentro y fuera de Israel, que critican las acciones del Estado judío –entre ellos, Ameinu, J Street y T’ruah–. A diferencia de los grupos antisionistas que piensan que la solidaridad con palestina implica racismo anti-judío, estos grupos creen que el sionismo no implica ser anti-palestino. De hecho, junto con la ADL suelen condenar a los políticos, grupos y comentaristas que incitan a la violencia contra los árabes israelíes o los palestinos, y abogan por un Estado palestino junto al Estado judío de Israel.

Igualmente importante es que estos críticos de dentro y fuera de la comunidad judía –muchos de ellos orgullosos progresistas– formulan sus críticas sin demonizar a los judíos, sin llamados a la violencia contra las organizaciones judías, y sin pedir la erradicación del Estado judío.

Estas organizaciones saben que las palabras tienen consecuencias. Las palabras llevan a acciones y, por eso, las eligen cuidadosamente. Los líderes de SJP, JVP y CAIR también lo saben. Y por eso no tenemos otra opción que tomar en serio lo que dicen. Y a juzgar por sus palabras, está claro que estos grupos antisionistas representan una creciente amenaza antisemita en Estados Unidos, una amenaza que la ADL redoblará sus esfuerzos para contrarrestar.

 

Fuente: Ynet Español