Junio 7 del 2022

Esta inmigrante ucraniana en Israel lo está logrando sola

POR: Lisa Samin

Anna Korsunskaya, 23 años.

Ella sueña con completar su carrera, trabajar como ingeniera, contribuir con su país, que su padre la llevé a la jupá en su boda y construir una familia en Israel.

Anna Korsunskaya nació y creció en la ciudad de Zaporozhye, en el sureste de Ucrania. Hay intensos combates y bombardeos en las áreas circundantes y el ejército ruso se acerca cada día más a la ciudad.

Los padres de Anna trataron de hacer Aliyah cuando ella tenía tres años, pero no se materializó. Su madre nació en una región autónoma de la ex Unión Soviética y no tenía un certificado de nacimiento, un documento crítico.

Aunque sabía que era judía y asistía a una escuela judía, Anna dice que la familia no celebraba realmente las fiestas judías o los rituales. Puede rastrear su chispa judía hasta sus bisabuelos paternos. Ellos eran muy ortodoxos, pero le inculcaron a su abuelo la importancia de no incumplir con su judaísmo.

El abuelo de Anna es un modelo para ella. Era un ingeniero aeronáutico muy respetado y Anna soñaba con seguir sus pasos y convertirse en ingeniera.

Cuando tenía 14 años, la vida la enfrentó con un desafío. Su padre le dijo que quería que se fuera a Israel, para completar la secundaria, convertirse en ciudadana y obtener una educación universitaria. Anna, que había asistido a un campamento de verano judío además de a la escuela y sentía una conexión con Israel, se sorprendió que su padre fuera tan inflexible acerca de su partida.

Una vista muestra un edificio administrativo dañado de la planta de energía nuclear de Zaporizhzhia, en medio de la invasión rusa a Ucrania, en Enerhodar, la región Zaporizhzhia, Ucrania, en esta imagen de folleto publicada el 4 de marzo del 2022.

¨Quería que tuviera una mejor vida y oportunidades para el futuro¨, dice Anna. ¨Me dijo que, sin dinero o conexiones, podía ser la joven más inteligente, más talentosa en Ucrania, pero no podría ir demasiado lejos¨.

Anna dudó, pero se unió a un programa, Na´aleh, que trae adolescentes, muchos de la ex Unión Soviética, a Israel antes que a sus padres. Asistió a la secundaria en Nahalal, un moshav en el valle Jezreel en el norte de Israel.

Se destacó en la escuela y tuvo la suerte de conocer a algunos amigos maravillosos, con los cuales todavía está en contacto. Iba a casa de una amiga para Shabbat y la familia la adoptó. Hasta el día de hoy pasa todas las fiestas con ellos.

¨Me encanta la calidez y la aceptación de los israelíes¨, dice Anna. ¨Me hicieron sentir en casa¨.

Pero Anna extrañaba terriblemente a sus padres y estaba molesta porque no podían visitarla en Israel.

¨Sin importar cuántos a amigos tengas, no hay nada que pueda reemplazar el sentimiento de amor y pertenencia que recibes de tus padres. No tenía el lujo de ir a casa después de un largo día en el ejército, o en la universidad, y simplemente dejarme llevar y saber que alguien estaría ahí para mí¨, dice.

Anna pasó a servir en una unidad de soporte logístico para soldades de combate. ¨Era responsable por la preparación y distribución de los suministros críticos que los soldados necesitan para entrenar y combatir¨.

Antes de que el COVID-19 cambiara el mundo, Anna había estado viviendo en Israel durante siete años sin sus padres.

Regresaba a verlos una vez al año, pero no pudo ir durante la pandemia. Esto le causó un gran dolor, ya que la tragedia golpeó y su madre falleció. Anna estaba desolada.

Le suplicó a su padre que la visitara cuando se abriera el espacio aéreo. Cuando los rumores de guerra comenzaron, nuevamente le suplicó que viniera. El no creía que realmente habría una guerra y le dijo a Anna que si había una terminaría en unas pocas semanas.

¨Mi padre quería enviarme dinero por mi cumpleaños, pero le dije que usara este dinero para comprar un boleto a Israel. Dos días después, estalló la guerra y mi padre no pudo irse. Él tiene 49 años y todavía es elegible para ser reclutado en el ejército¨, dice Anna. ¨Todos los hombres sanos entre 18 y 60 años están listos para ayudar en la lucha por la independencia de Ucrania¨.

Anna es ahora una estudiante de segundo año en el Instituto Universitario OTR Braude de Ingeniería. Se está especializando en ingeniería mecánica. Además de sus estudios intensivos, está muy preocupada por su padre.

¨El ejército ruso está acercándose y un cohete cayó muy cerca de donde vive él. Estoy exhausta de escuchar las noticias y del estrés¨, dice. La planta nuclear ubicada en Zaporozhye, la más grande de Europa, fue incendiada a principios de marzo; un escenario aterrador.

Anna también tiene un hermano mayor que permanece con su familia en Ucrania, una tía y un primo que son refugiados en Suiza y otra tía y su hija que son refugiadas en la República Checa.

Además de sus estudios, Anna encuentra tiempo para ser voluntaria, en el marco del programa Atidim Takeoff que le brinda apoyo económico, académico y social, lo que le permite ir a la universidad. Trabaja con soldados solitarios y los ayuda a superar los obstáculos de estar solos en un país nuevo.

¨Algunos de estos soldados son verdaderos héroes¨, dice Anna. ¨Yo vine a Israel en un programa y tuve apoyo. Hay soldados con los que trabajo que simplemente vinieron solos y tengo la mayor admiración por ellos. Se merecen toda la ayuda que podamos darles¨.

Anna también merece ayuda, pero ha probado que es fuerte y resiliente. Recientemente renunció a ser camarera en la noche para comenzar un trabajo de estudiante en su campo en MicroKim, que diseña y fabrica productos avanzados para las industrias de defensa y comerciales. Agradece a las personas que apoyan a Atidim por estar ahí para ella y darle un regalo invaluable.

Anna reza para que su padre se le una en Israel cuando termine la guerra. ¨Éste es nuestro hogar¨, dice inequívocamente.

Sueña con completar su carrera, trabajar como ingeniera, contribuir con su país, que su padre la llevé a la jupá en su boda y construir una familia en Israel.

Anna Korsunskaya, 23 años. De Zaporozhye, Ucrania al Valle Jezreel, 2013.

 

Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil
Fuente: The Jerusalem Post