Junio 3, 2022

El trueno del Sinaí resuena fuera de la historia

El poder de la revelación no radica en un momento mítico que se dice que ocurrió en el pasado lejano, sino en los innumerables relatos de los judíos.

Por Scott Copeland

¿Necesitamos saber la ubicación física exacta del Monte Sinaí? (iStock)

¿Alguna vez te has parado al pie de una montaña y te has sentido abrumado por la magnitud y las increíbles alturas? A lo largo de los siglos y en innumerables culturas y civilizaciones, las montañas inspiran asombro y reverencia. ¿Qué se esconde entre los riscos y picos? ¿Qué sucede cuando la piedra atraviesa las nubes y se rompe la frontera entre el cielo y la tierra?

Ya sea en los nevados del Himalaya o en los Andes peruanos, a la montaña se la imagina como el hogar de lo divino, un escalón entre el mundo inferior y superior. Incluso en lugares sin montañas naturales, como las llanuras desérticas de Egipto y Sumer, la gente levantó pirámides y zigurats para imitar el poder de la montaña como una «escalera al cielo».

La Biblia hebrea tiene sus propias escaleras al cielo – entre ellas el Monte Sinaí – el lugar donde Moisés se encontró con la presencia divina y, después del Éxodo de Egipto, donde una turba de esclavos liberados se convirtió en la nación de Israel:

“Al tercer día, al amanecer, hubo truenos y relámpagos, y una densa nube sobre la montaña, y un toque de shofar que se elevaba… Ahora el monte Sinaí estaba todo en humo, porque el Señor había descendido sobre él en fuego; el humo se elevaba como el humo de un horno y toda la montaña se estremecía y temblaba.” (Éxodo 19: 16, 18)

En el choque de la luz y la sombra, del amanecer y la oscuridad; y con la descarga ensordecedora del cuerno celestial – La Biblia hebrea declara la revelación de la Torá al pueblo judío en el Monte Sinaí. Aunque la Biblia relaciona a Shavuot con la cosecha de trigo y el recuerdo de la esclavitud de los israelitas; la tradición judía post bíblica del siglo II EC sitúa la revelación masiva en el Sinaí en el centro de la festividad de Shavuot.

Ningún texto antiguo conserva la ubicación de una montaña específica identificada como Sinaí u Horeb. Ningún recuerdo textual de la revelación va acompañado de un mapa o coordenadas GPS. Ninguna evidencia arqueológica apunta a una colina, un tel o un pico rocoso específico. Bien podría ser que la tradición judía no se preocupara por el sitio del Sinaí porque el Sinaí es solo uno de los muchos campamentos nocturnos atravesados por los esclavos hebreos recientemente liberados. Sinaí es sin duda un momento dramático de especial importancia; sin embargo, es un sitio de orientación. Se establece la constitución para una nación que prueba la libertad por primera vez.

Sinaí es una preparación para la vida, pero la vida misma – y lo que esta nueva nación hará de esa vida – tendrá lugar, no en el mito, sino en el paisaje físico de la tierra conocida como Canaán – la tierra prometida. Lo que la nación hará de esa promesa y ese paisaje – una historia de flujos y reflujos de éxito y fracaso – es la principal preocupación de la Biblia hebrea. No es casualidad que la Biblia hebrea repita constantemente la necesidad de recordar que fuimos esclavos en Egipto. El recuerdo de la opresión y el don de las responsabilidades de la libertad es la brújula moral que debe guiar la marcha del Sinaí a Sion; entonces y ahora.

Creyentes esperanzados, exploradores inquebrantables, eruditos bien intencionados y algunos charlatanes han tratado de identificar la posición exacta del Sinaí. Algunos lo sitúan en la Península Arábiga. Otros apuntan a los confines más lejanos del Neguev israelí. El más conocido del Monte Sinaí es un monasterio remoto – el de Santa Catalina – identificado por monjes cristianos y ascetas en el siglo VI EC. Ninguna tradición judía apoya la afirmación de los primeros cristianos. Sin embargo, los peregrinos y turistas ansiosos por caminar en el lugar donde se dice que la palabra de Dios fue revelada a Israel parecen imperturbables por la falta de evidencia histórica.

¿Pero es importante? ¿Necesitamos saber el sitio físico exacto o probar su veracidad histórica para apreciar y honrar la tradición y la memoria preservada en la tradición de la Torá en el Sinaí?

Según mi comprensión del judaísmo y la experiencia judía, si el Sinaí puede señalarse con la misma exactitud histórica que podemos señalar a la Casa Dizengoff como el lugar donde Ben Gurion proclamó la independencia del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948 no tiene nada que ver con el poder del momento bíblico.

El trueno del Sinaí resuena porque los judíos cuentan la historia. Para mí, el poder del Sinaí no se trata de historia. Se trata del recuerdo, de la maravilla de una historia contada una y otra vez cada semana y cada año desde Yemen a Yonkers, desde París a Perth en sinagogas, escuelas, campamentos de verano y cenas festivas. Para mí, el poder de la revelación no radica en un momento mítico que se dice que ocurrió en el pasado distante, sino en los innumerables relatos de judíos en épocas muy diferentes y lugares muy diferentes a través de un sentido de origen y memoria compartidos, y de un presente y un futuro comunes.

En cada recuento, algo se conserva. Y en cada recuento, algo debe renovarse. La preservación por sí sola no es suficiente para fertilizar el suelo sano de una cultura viva. Solo si cada narrador agrega algo de su propio significado, la memoria seguirá creciendo. Porque el narrador, el padre, el maestro y el educador del recorrido deben contar la historia de tal manera que sus oyentes y alumnos se sientan obligados a decir que esta historia también es mía y quiero transmitirla con mi propia voz. La revelación solo vive cuando se aplica la relevancia.

La relevancia se deriva del latín ‘levantar’. Cuando contamos nuestras historias y compartimos nuestros recuerdos, levantamos la esperanza. Nos recordamos que ninguno de nosotros somos un «yo» aislado. Cada uno de nosotros es parte de una familia y una comunidad. Nuestros antepasados fueron capaces de superar sus tribulaciones y desafíos, nosotros también podemos. Nuestras historias y recuerdos brindan inspiración y energía para la aspiración. Si los héroes y heroínas de las grandes historias judías tuvieron éxito a pesar de sus debilidades y defectos, también podemos dedicarnos de nuevo a cruzar nuestros propios desiertos, dividir nuestros propios mares y llegar a nuestras propias tierras prometidas imperfectas.

Si estás en la sinagoga en Shavuot mientras se lee la Torá (o la próxima vez que elijas estar en una lectura pública de la Torá) prests atención a la persona que, después de la lectura, es responsable de levantar el pesado pergamino para que todos lo puedan ver antes de que sea devuelto sano y salvo al arca sagrada. Pregúntate, ¿cómo puedo yo también levantar la Torá, encontrar su relevancia en mi vida y compartirla con los demás? El judaísmo no es un culto cerrado dependiente de las decisiones de los ordenados e iniciados. Todo Israel estuvo de pie en el Sinaí y cada uno de nosotros puede elegir estar allí de nuevo.

 

Traducción: Comunidad Judía en Guayaquil
Fuente: The Times of Israel