Marzo 29 de 2022

El consejo que le di a Madeleine Albright cuando descubrió que era judía

POR: Stuart Eizenstat


La entonces Secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Albright, observa mientras Stuart E. Eizenstat, entonces Subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Comerciales y Agrícolas, habla durante la sesión plenaria de apertura de la Conferencia de Washington sobre Activos de la Era del Holocausto en el Departamento de Estado en Washington, D.C., 1 de diciembre de 1998.

Fue una gran servidora pública, una defensora de los derechos humanos toda la vida, y una constante aliada de Israel -pero para mí Madeleine era también una querida amiga.

JTA.- ¨¿Hace cuánto tiempo me conoces, Stu?¨ Madeleine Albright me hizo esa pregunta con un sentido de urgencia que nunca antes había escuchado de ella.

Era mediados de enero de 1996, y yo estaba en mi habitación de hotel en Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial. Me llamó a través de una línea segura desde su oficina en el Departamento de Estado durante la transición a continuación de la reelección de Bill Clinton en 1996, antes de que fuera confirmada por el Senado como la primera mujer Secretaria de Estado en la historia estadounidense. Yo estaba a punto de ser nombrado por el presidente para el cargo que ella me ofreció como Subsecretario de Estado para los Asuntos Económicos, Comerciales y Agrícolas.

¨Bueno¨, respondí, ¨20 años, desde que tú y yo trabajamos juntos en el Ala Oeste de la Casa Blanca de Carter, tú como enlace del Congreso para el Consejo de Seguridad Nacional bajo Zbig Brzezinski, y yo como Asesor Principal de Política Interior del presidente Carter.

La siguiente pregunta fue aún más rara: ¨¿Cuál es mi religión?¨

¨Madelein, eres una católica checa, por supuesto. ¨¿De qué se trata todo esto?¨ Me explicó que un periodista de Washington, Michael Dobbs, estaba haciendo un artículo investigativo sobre sus orígenes mientras esperaba la confirmación del Senado, y, sorprendentemente, determinó que era judía, no católica. Ella había sabido que sus padres huyeron dos veces de Checoslovaquia: primero a Londres cuando Hitler y los nazis iban a tomar el poder, y luego nuevamente en 1948, esta vez a Estados Unidos, después de que su padre, un diplomático checo que regresó después de la guerra, fue confrontado por Stalin y los comunistas. No sabía que sus padres nacieron judíos y se convirtieron al catolicismo durante la guerra, criándola a ella y a sus hermanos como católicos.

¨¿Qué debo hacer?¨, preguntó. Me dijo que temía que la comunidad judía estadounidense se opondría a su nominación, creyendo que estaba avergonzada y encubría su pasado judío, y esto podía hundir su confirmación. Además, dijo, ¨¿Qué se supone que le diga a mis tres hijas? ¿Voy a decirles que ahora deberían convertirse al judaísmo?¨

Mi consejo inmediato fue que dijera la verdad, la cual era que nunca supo sobre la conversión de sus padres; abrazar con orgullo su pasado judío recién descubierto; y que por supuesto, ni ella ni sus tres hijas deberían sentir que necesitaban convertirse al judaísmo. También expliqué que dado mi trabajo sobre la justicia del Holocausto en la administración Clinton, y la frecuente interacción con sobrevivientes del Holocausto, la comunidad judía comprendía que durante la Segunda Guerra Mundial fueron usadas todas estas clases de métodos para proteger a los niños judíos, incluido colocarlos en conventos católicos u hogares cristianos donde fueron criados por gentiles justos.

Le dije que varios de los amigos judíos que había hecho en Bélgica cuando era el embajador de Estados Unidos para la Unión Europea habían sido salvados justo de esa manera. Tomas Kraus, el director de la Federación de Comunidades Judías Checas, confirmó después que ¨es común para los judíos de esta parte del mundo que ignoren sus raíces judías¨.

Siendo cándido estaba seguro, que no habría retroceso ni de parte de la comunidad judía ni del Senado. Además, le recordé, una embajadora para la ONU durante los primeros cuatro años de Clinton en el cargo, se había establecido como una fuerte y ferviente partidaria de Israel contra los ataques árabes.

Siguió mi consejo y fue confirmada con una notable votación de 99-0. En su primer viaje al extranjero como Secretaria de Estado, estuve en su oficina por un informe de última hora, miró sus maletas y, con su ingenio característico, dijo, ¨Bueno, con mi recién descubierto origen judío, ¡supongo que debería decir voy a arrastrar mi maleta!¨ Todos nos echamos a reír.

Pero Madeleine Albright fue más allá de mis mejores esperanzas en identificarse con su pasado judío. Como Secretaria de Estado, en su viaje inaugural a su ciudad natal, Praga, en julio de 1997, fue directamente a la Sinagoga Pinkas para ver los nombres de sus abuelos entre las más de 77,000 víctimas del Holocausto checas y eslovacas inscritas amorosamente por los sobrevivientes checos en el muro de la sinagoga. Encontró los nombres de sus abuelos paternos, Arnost y Olga Korbel, quienes perecieron en los campos de exterminio nazis -Arnost en Theresiendstadt en 1942 y su abuela en Auschwitz en 1944. En la sinagoga dijo públicamente, ¨Esta noche, su imagen estará grabada para siempre en mi corazón¨.

Más tarde durante su recorrido por su nativa República Checa y otros dos países del ex bloque soviético en la OTAN -un tema candente hoy con la invasión rusa de Ucrania -recorrió otros lugares judíos en Praga, y conmovedoramente confrontó su pasado: ¨La maldad del Holocausto¨ ha adquirido ¨un significado personal aún mayor¨ desde que supo el destino de sus abuelos. ¨A los muchos valores y facetas que conforman lo que soy, ahora agrego el conocimiento de que mis abuelos y miembros de mi familia perecieron en la peor catástrofe en la historia humana. Así que me voy de aquí esta noche con la certeza de que esta nueva parte de mi identidad agrega algo más fuerte, más triste y más rico a mi vida¨.

Dio un paso más y en un viaje posterior fue a pequeños pueblos donde sus abuelos paternos y maternos habían vivido, para tratar de revivir su historia. Como su subsecretario, vi de cerca cómo su experiencia como una refugiada del fascismo dio forma a sus opiniones sobre política exterior y sus más grandes triunfos en las dos Guerras de los Balcanes, en Bosnia y Kosovo. Como embajadora para la ONU, se unió con el Asesor de Seguridad Nacional, Tony Lake, para instar con éxito al presidente Clinton, a pesar de la oposición del Pentágono y el Departamento de Estado, para que asumiera un liderazgo agresivo de Estados Unidos en la OTAN y dirigiera ataques militares en contra de los serbios bosnios a continuación de la brutalidad en contra de los musulmanes bosnios alentada por el hombre fuerte serbio, el presidente Slobodan Milosevic.

La masacre de julio de 1995 de más de 7,000 hombres y niños bosnios en Srebrenica, lanzados a una fosa común, evocó para ella el Holocausto del que sus padres habían escapado. Confrontó al Jefe Conjunto de Estado Mayor, General Colin Powell, diciendo, ¨¿Cuál es el punto de tener este magnífico ejército del que usted siempre está hablando si no lo podemos usar?¨ Esa acción militar pavimentó el camino para los Acuerdos de Dayton negociados por Richard Holbrooke, el acuerdo de paz que terminó la guerra.

En enero de 1999, a continuación de otra masacre serbia de los albaneses de Kosovo en el pequeño pueblo kosovo de Racak, la Secretaria de Estado Albright combinó brillantemente la diplomacia con la fuerza militar de la OTAN, nuevamente a pesar de la oposición del Departamento de Defensa, para asegurar la paz que dura hasta este día.

Ella fue una partidaria fuerte y constante de mi trabajo sobre la justicia del Holocausto en mis negociaciones con los bancos suizos y franceses, las empresas de trabajo esclavo alemanas y austríacas, y las compañías de seguro europeas. Pronunció el discurso de apertura en la Conferencia de Washington que llevó a los Principios de Washington sobre el Arte Confiscado por los nazis, donde entrelazó su propio trasfondo del Holocausto con el desafío contemporáneo de devolver el arte saqueado. Y me pidió que liderara la delegación estadounidense a la conferencia de Kioto sobre el Cambio Climático, dándome un fuerte respaldo para los Protocolos de Kioto.

Decidió nombrar la sede del Departamento de Estado en honor al presidente Harry S. Truman, para simbolizar el liderazgo que había tomado para construir un nuevo pacífico mundo posguerra, con el liderazgo estadounidense. Compartimos risas cuando descubrimos que la inicial de su segundo nombre ¨S¨ no era una abreviatura de cualquier nombre, sino sólo una letra que su madre agregó a su nombre.

También pasamos por tragedias, la acompañé a la Base Dover de la Fuerza Aérea, cuando nos encontramos con los ataúdes cubiertos con banderas de los diplomáticos estadounidenses asesinados en un ataque terrorista en las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania, y pronunció un discurso inspirador sobre los sacrificios que los diplomáticos estadounidenses asumieron para tratar de crear un mundo mejor.

Madeleine Albright, pequeña en estatura, pero inmensa en impacto, tenía carisma, chispa, brillantez y fluidez en checo, francés, polaco y ruso. Conectó la política exterior que forjó con el presidente Clinton a las vidas de la gente común en todo el mundo. Todas estas cualidades la hicieron más grande que la vida. Una de sus señas de identidad era usar una variedad de broches en la solapa de su ropa para subrayar sus mensajes político y diplomáticos. Cuando le pregunté por qué, ya que no había hecho esto en nuestros años anteriores juntos, recordó cuando el dictador de Irak, Saddam Hussein, a continuación de Kuwait, la comparó a una ¨serpiente sin paralelo¨. Usaba un broche de culebra en respuesta, y con eso nació una tradición.

Estados Unidos ha perdido a una gran servidora pública estadounidense, un modelo para las mujeres como la primera mujer Secretaria de Estado, una profesora en la Universidad Georgetown, una autora, una defensora de toda la vida de la democracia y los derechos humanos, una amiga constante de Israel, y alguien que abrazó su identidad judía de origen. Y yo he perdido a una buena amiga.

Los puntos de vista y opiniones expresados en este artículo son los del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de JTA o su empresa matriz: 70 Faces Media.

Sobre el autor

Durante la administración Clinton, Stuart E. Eizenstat fue embajador de Estados Unidos para la Unión Europea, subsecretario de comercio y de estado, vicesecretario del Tesoro, y un representante especial del presidente en temas sobre el Holocausto. Durante la administración Clinton, fue el asesor en jefe de política interna de la Casa Blanca. Copresidió el directorio del Instituto de Política del Pueblo Judío (JJP por sus siglas en inglés).

 

Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil
Fuente: The Jerusalem Post