Raquel Markus, la escritora judía que conquistó la poesía latinoamericana

La poeta venezolana se alzó con el primer premio en la categoría Poesía del prestigioso concurso «Notas Migratorias César Vallejo 2021» por su obra, «El Apego», en la que aborda sus sentimientos y pensamientos durante su breve paso por Israel como inmigrante. Entrevista exclusiva de Ynet Español.

 La poeta, escritora y periodista judía-venezolana Raquel Markus obtuvo el primer premio en la categoría Poesía del prestigioso concurso «Notas Migratorias César Vallejo 2021», en el cual participaron más de 350 personas y fueron galardonadas otras dos mujeres en los géneros Literatura y Periodismo.

Markus recibió el primer lugar por su poema «El Apego», en el cual expresó sus más profundos sentimientos y pensamientos durante su dura inmigración a Israel en el año 2015, donde vivió menos de un año antes de regresar a Venezuela.

En diálogo exclusivo con Ynet Español, la galardonada poeta cuenta acerca la felicidad y la sorpresa que sintió tras ganar el codiciado premio, su experiencia en Israel, su conexión con el judaísmo y el sionismo, su carrera, sus proyectos y las grandes repercusiones que tuvieron su poema y su trabajo después del concurso.

«He participado en muchos concursos de Latinoamérica y España, y he conseguido ser finalista en varios de ellos. Sin embargo, nunca había alcanzado un éxito como el de «Notas Migratorias César Vallejo». El hecho de haber competido en eventos con anterioridad me motivó a continuar, y finalmente me llevó a obtener este galardón para el cual, la verdad, no tenía ninguna expectativa»

Raquel Markus. (Cortesía de Raquel Markus)

  –¿Cuándo empezó tu pasión por la poesía?

–Escribí mi primer poema cuando tenía 9 años. Lo que me movilizó fue la muerte de mi abuelo materno. Antes de escribirlo, yo ya había leído muchos. Y después de su fallecimiento tuve una necesidad muy fuerte de expresar lo que sentía. Cuando lo mostré, muchos se sorprendieron porque en apariencia era significativamente más profundo de lo que se esperaba de una niña de esa edad. Y a partir de ese momento me motivaron a seguir por ese camino. Y en cada fecha conmemorativa que se celebraba en la escuela me pedían que hiciera y recitara un poema. Luego, gané dos concursos comunitarios. Eso fue un gran estímulo. Tiempo después, ingresé por concurso abierto nacional a un curso en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, que en esa época era considerado la meca cultural en Caracas. Éramos 18 poetas que fuimos seleccionados para ser preparados por un poeta reconocido a nivel nacional llamado Harry Almela, que desafortunadamente falleció hace pocos años. Y en esas clases semanales aprendí mucho. De hecho, al terminar el curso me dije a mí misma que a partir de ese momento me había convertido en una poeta.

–¿Qué sentiste al ganar el primer premio en la categoría Poesía?

–He participado en muchos concursos de Latinoamérica y España, y he conseguido ser finalista en varios de ellos. Sin embargo, nunca había alcanzado un éxito como el de «Notas Migratorias César Vallejo». El hecho de haber competido en eventos con anterioridad me motivó a continuar, y finalmente me llevó a obtener este galardón para el cual, la verdad, no tenía ninguna expectativa. Yo fui la primera sorprendida cuando me enteré que había quedado entre los 42 semifinalistas en la categoría de Poesía. Se trata de un premio muy importante y de un reconocimiento internacional enorme. Además, es un doctorado honoris causa, algo a lo que yo jamás creí que podía acceder. De hecho, tengo que viajar en abril a Perú para la ceremonia de premiación.

–¿Cuán importante fue el apoyo de tu familia para obtener el premio?

–Escribir es un proceso muy complicado, sobre todo en el ámbito de la poesía. Uno vuelca en unas líneas cosas de su alma, de sus emociones, y eso lo va a leer mucha gente. Se puede decir que uno se está desnudando. Es más, diría que un desnudo de cuerpo no te expone tanto como un desnudo de alma. Mis poemas revelan un aspecto de mí misma, y para que yo pueda llegar a ese tipo de conexión interna, de exploración profunda, necesito mucho tiempo. Y ellos me han permitido dedicarme a la escritura, a pesar de la gran cantidad de horas que no he podido ni puedo dedicarles. Y eso es un apoyo muy importante. Además, mi esposo me ayuda económicamente y en lo que a las tareas hogareñas se refiere, ya que tampoco puedo hacerme de mucho tiempo para ocuparme de ellas. Además, a mi hija le interesa el mundo de la moda y me ha ayudado a peinarme, a maquillarme y a elegir ropa para las entrevistas. Se suele creer que para un poeta eso no es necesario, pero lo cierto es que uno quiere verse bien en los videos que aparece. También me asiste con la agenda y a responder mensajes en las redes sociales y WhatsApp, porque la verdad que no tengo el tiempo suficiente para hacerlo, y ese tiempo que ahorro lo uso para escribir, elaborar contenido o conceder entrevistas.

–Respecto del poema en sí, en el cual describiste todas tus emociones sobre el desarraigo, ¿cuánto influyó tu experiencia como inmigrante en Israel?

–Yo emigré a Israel en 2015 y volví antes de estar un año allí. Lo cierto es que mi experiencia no fue muy buena. Yo soy sionista, crecí dentro de un movimiento sionista en Hebraica. Mi ideal siempre fue vivir en Israel. Pero la verdad es que era un sionismo no muy realista, sino ideológico. Me embarqué en esa aventura sin comprender realmente cómo es la sociedad israelí, por lo que tuve un shock cultural muy fuerte. No obstante, mi principal dificultad fue el idioma. Yo había estado un año en el ulpán (instituto de estudios del idioma hebreo), y podía salir a hacer compras, pero no entendía las noticias en el periódico, en la radio o en la televisión. Estaba totalmente aislada. Mi hijo iba al jardín maternal y volvía todos los días llorando porque no podía comunicarse con nadie. Pasaron meses hasta que logró adaptarse. Mi hija, que entonces tenía 10 años, también sufría mucho en la escuela primaria porque le sucedía lo mismo, a pesar de que iba a un colegio internacional, al que asistía gente de diversos países. Había pasado de ser la mejor alumna de su colegio a no entender lo que decían los maestros en las clases. Y también lloraba todos los días porque no quería ir a la escuela. Además, no todos hablan en inglés allí como se dice, y yo tenía muchas dificultades para comunicarme para hacer trámites, por ejemplo. Por otro lado, debido a que mi nivel de hebreo era muy bajo, no podía ejercer mi profesión de periodista y escritora. Eso significaba que yo estaba renunciando a mi carrera por el resto de mi vida. A mi esposo le sucedía algo similar, ya que él es odontólogo, y en esa época debía pasar por un largo y difícil proceso para dedicarse a su profesión, por lo que él también sentía que estaba renunciando a su carrera. La limitación idiomática nos impedía encajar en el mercado laboral en general. La única alternativa que teníamos era limpiar oficinas o casas, pero después de una vida dedicada al periodismo y la escritura, no era algo que quería hacer. Además, ya habíamos empezado a usar nuestros ahorros. La realidad es que uno emigra con la esperanza de estar mejor, y ese no era nuestro caso, razón por la cual decidimos regresar a Venezuela.

 Raquel Markus junto a su hijo. (Cortesía de Raquel Markus)

«Yo sigo trabajando por el sionismo en el Departamento de Emprendimientos Sionistas de la Organización Sionista Mundial. Tocan el himno de Israel y yo me paro y me pongo la mano en el corazón, ese es mi himno. Yo sigo siendo israelí, no he renunciado a mi nacionalidad. Yo amo Israel»

–Pero tu conexión con el sionismo y el judaísmo se ha mantenido.

–Por supuesto. Yo sigo trabajando por el sionismo en el Departamento de Emprendimientos Sionistas de la Organización Sionista Mundial. Tocan el himno de Israel y yo me paro y me pongo la mano en el corazón, ese es mi himno. Yo sigo siendo israelí, no he renunciado a mi nacionalidad. Yo amo Israel, tengo familia allí, como mi hermana menor. También sigo las noticias del país, escucho música israelí, miro series israelíes, sé cuáles son las últimas tendencias y demás. Siento que es un Estado al que pertenezco y para el que trabajo desde afuera.

–¿Cómo es ser judía sionista en Venezuela, un país que no tiene relaciones con Israel?

–Yo soy sionista desde que era pequeña; crecí en un movimiento sionista. Yo no voy a dejar de ser quien soy por miedo. Sí ha habido algunos actos y gestos hostiles desde algunos sectores del gobierno, pero ya no es así. Yo no lo sentí en primera persona. Nunca me he sentido coartada de expresar mi amor por Israel. De hecho, antes del concurso, yo dije que soy judía y que mi experiencia como migrante fue en ese país, y aún así me dieron el premio. Yo voy a seguir trabajando por lo que creo, por lo que amo y por lo que soy.

–¿Qué repercusión tuvo tu trabajo después del premio que ganaste?

–Lo más emocionante fue la cobertura que le dieron algunos medios de Venezuela, algunos de ellos muy reconocidos, como Caraota Digital y La Patilla. Además, uno de los periodistas más queridos en el país, Luis Olavarrieta, me hizo una entrevista para Caraota Digital. En otro portal de noticias, llamado Curadas, me pidieron que recitara el poema, y fue el video que obtuvo más visualizaciones. Cabe destacar que el primer medio que cubrió la noticia fue Nuevo Mundo Israelita, el periódico de la comunidad judía de Venezuela. Gracias a su apoyo, logré llegar a otros portales. Los escritores siempre queremos llegar a la mayor cantidad de personas, porque sentimos que tenemos algo que aportar, algo que tenemos adentro, pero algunas veces no conseguimos la forma de hacerlo. Y es bueno que a uno lo reconozcan y pueda tener un gran alcance.

–¿Algunos venezolanos que emigraron se sintieron identificados con tu poema?

–Sí, me llegaron un montón de mensajes de personas felicitándome. Es algo muy lindo que reconozcan mi trabajo. Y sí, muchas personas que emigraron me dijeron que se sintieron sumamente identificadas con el poema porque es algo que le puede pasar a cualquiera, aunque tal vez no todo el mundo tenga la capacidad de expresarlo. No obstante, la emoción del desarraigo, del desapego, de la nostalgia, de la distancia, y todas esas palabras que yo nombro en el poema son reales para cualquier migrante, ya que ellos también se preguntan cómo pueden formarse una nueva identidad en un país donde nadie los conoce. Les queda un hueco en el alma, y deben luchar contra eso porque nunca van a dejar de sentir ese vacío, o tal vez tarden muchos años en superarlo. Escribir sobre este tipo de cosas es doloroso, de hecho muchas veces termino llorando mientras lo hago, ya que estoy sacando de mí emociones que no veía o no sentía, y cuando leo esas palabras se me mueve el mundo. Me arrepiento de no haber escrito más sobre ello, pero he hecho varios poemas sobre mi conexión con el judaísmo e Israel, que muestran la parte bonita de haber vivido allí. Además, la experiencia de la migración nos unió más como familia, ya que pudimos atravesar por todas las dificultades juntos. Uno da por sentado que sus familiares lo quieren, pero en esa situación uno necesita demostrarlo a diario. Ahora, como escribí en el poema, todos los días rezamos el Shemá Israel antes de irnos a dormir y damos las gracias por todo lo que hemos recibido durante el día, por todas las bendiciones y por la salud, y pedimos que para que al día siguiente estemos bien. Es una pequeña ceremonia que empezamos a hacer en Israel y la seguimos haciendo aquí.

 Raquel Markus junto a su hija. (Cortesía de Raquel Markus)

  –¿En qué estás trabajando actualmente?

–Estoy trabajando en un libro muy ambicioso, que se llama “Los hijos judíos de Estambul”, y cuenta la historia de una familia desde el Imperio otomano hasta la República Turca. Al documentar su historia, también muestro cómo era la vida judía bajo el Imperio otomano desde la expulsión de los judíos de España. También estoy trabajando para el departamento de emprendimientos sionistas de la Organización Sionista Mundial (OSM) junto a Anabela Jaroslavsky. Estamos realizando tareas relacionadas con redes sociales y también hacemos un podcast llamado “Voces para inspirar”. Además, estoy trabajando como productora de contenidos en la Universidad Bar Ilán Latinoamérica.

–¿Qué proyectos tienes a futuro?

–Uno de mis proyectos personales es mi cuenta de Instagram (@escritora.creativa), que actualmente está en crecimiento a raíz del premio que recibí. Allí comparto algunos de mis poemas, frases de personas destacadas y alguna reflexión sobre esas citas, entre otro material original. En la página, las personas podrán encontrar, además, algunos poemas leídos con mi voz e imágenes que los acompañan, con el fin de tener una conexión más profunda con la gente. También me contactaron de una página web importante, “La fonoteca”, la cual se encarga de seleccionar a pocos poetas de cada país para que puedan publicar sus poemas, y me pidieron que grabara tres de mis obras. Esto es un gran logro para mí y estoy muy feliz de haberlo alcanzado.

A continuación, el poema escrito por Raquel Markus por el cual recibió el primer premio en la categoría Poesía del concurso «Notas Migratorias César Vallejo 2021»:

«El apego»

Me di cuenta del apego al despegarme

percibí la nostalgia al regresar

comprendí la distancia al recorrerla

y el peso de un adiós al abrazar

Aprendí a medirme al extrañarme

a revelarme en todo lo que dejo atrás

soy el país que llevo entre mis huesos

soy la ciudad que no me atrevo a nombrar

Me distancio de mí misma al acercarme

me despojo de mi piel al despertar

circundo las distancias que me acechan

y ataco sus murallas con mi paz

Contradigo cada uno de mis mantras

desconfío del pasado que aún me marca

soy certeza diluida en un café

y un secreto que no temo defender

Soy más que mi reflejo en el espejo

Soy más que mi nombre en la boca del otro

Soy más que el viento que se llevará mis cenizas

Soy más que la foto en el marco de la sala

Soy más que el recuerdo que me guardarán mis hijos

Soy más que el Shemá Israel que recitamos cada noche

Soy las letras que componen mis poemas

y el ruido que hago al caminar descalza por la casa

Soy los sueños que me construyen cada noche

y los que voy dejando atrás entre olvidos y reproches

Soy las manos que cepillan dientes y cabellos

y las que siembran de cariño la piel de mis amores

Me desprendo nuevamente en el espejo cada día

y aparezco en las manos que recorren la geografía de mi cuerpo

Me busco entre las sábanas que arropan pesadillas y temores

y me encuentro en la espuma de las olas que revientan a mis pies

Me pierdo entre sonidos de un idioma castizo y provinciano

y me hallo nuevamente entre rezos que aprendí de mis abuelos