¿Quién o qué fue el único amor verdadero de Golda Meir? Una nueva biografía tiene respuestas

La entonces primera ministra Golda Meir visitando a un soldado herido en el hospital durante la Guerra de Yom Kippur en 1973.

Una fuerte figura femenina que ayudó a fundar el estado, la matriarca de Israel era muy querida. La escritora Francine Klagsbrun ofrece una nueva visión de la vida de la ex primera ministra.

El 24 de septiembre de 1969, unos 5,000 entusiasmados judíos estadounidenses esperaban en el Aeropuerto Internacional de Filadelfia para saludar a la primera mujer primer ministro de Israel, Golda Meir.

La visita de estado de alto perfil era tanto personal como nostálgica.

Meir, después de todo, era parcialmente estadounidense ella misma. Nacida como Golda Mabovitch el 2 de mayo de 1898, en Kiev, Ucrania, la emigrante europea oriental se mudó a Milwaukee, Wisconsin, cuando ella tenía ocho años, emigrando posteriormente con su esposo, Morris Myerson, a Palestina cuando era una joven adulta en 1921. Ella dedicaría su vida a la política sionista y socialista a partir de entonces.

La autora y periodista radicada en New York Francine Klagsbrun dice que hasta esa histórica visita en 1969, ningún premier israelí llegando a Estados Unidos había sido recibido con tal entusiasmo, adoración y respeto por la comunidad judía ahí.

«Golda era una persona muy carismática que entendía a Estados Unidos muy bien porque ella creció ahí», explica Klagsbrun, una colaboradora regular para el Boston Globe, New York Times, Jewish Week y Newsweek.

«Leona: Golda Meir y la Nación de Israel», por Francine Klagsbrun.

Klagsbrun ha publicado recientemente ¨Leona: Golda Meir y la Nación de Israel¨, una biografía integral de 700 páginas de la primera ministra.

«Ella sabía cómo llegar [al] corazón de los judíos estadounidenses y estaba constantemente viniendo a Estados Unidos para recaudar dinero», dijo ella.

«En 1948, David Ben-Gurion sabía que los estados árabes iban a invadir Israel», añade Klagsbrun. «Y entonces, desesperado por armas, él envió a Golda a Estados Unidos, donde ella recaudó $55 millones hablando a través de todo el país».

Golda, como ella llegó a ser conocida afectuosamente en la prensa -tanto en Israel como en Estados Unidos -tenía un índice de aprobación de casi el 90 por ciento cuando ella asumió el cargo en 1969 como primera ministra. Sin embargo, Meir fue forzada a renunciar después de la Guerra de Yom Kippur en 1973.

Israel fue tomada por sorpresa en la guerra, y muchos culparon a Meir y a su gobierno Laborista por la falta de preparación militar del país, lo cual resultó en muchas bajas en el lado israelí.

La primera ministra Golda Meir reuniéndose con tropas de las Fuerzas de Defensa de Israel en los Altos del Golán durante la Guerra de Yom Kippur.

Pero la Guerra de Yom Kippur no, y no debería, definir por completo la carrera política de Meir, dice su biógrafa. «El legado de Golda es uno de integridad, trabajo duro y dedicación al estado y al pueblo judío».

«Golda no tenía el trasfondo intelectual que otros [líderes israelíes] tenían», explica Klagsbrun. «Su hebreo no era grandioso y ella no era muy versada en filosofía judía o el Talmud. Pero ella era una oradora eficaz, una política inteligente, y una persona del pueblo -todo lo cual fue de gran utilidad para el estado [de Israel]».

Klagsbrun es claramente una admiradora de su protagonista, pero no tiene reparos en señalar los numerosos defectos de Meir.

«El problema con el éxito de Golda -y lo que ella logró en su carrera política -fue que no se extendió a otras mujeres en Israel», dice Klagsbrun. ¨Ella no salió de su camino para ayudar a otras mujeres; no era una persona fácil con la cual trabajar; podía ser cruel con las personas que no le gustaban, y no entendía a los palestinos¨.

La primera ministra Golda Meir y miembros del gabinete visitando el comando del sur, 29 de octubre de 1973.

Klagsbrun se enfoca en este último punto en considerable detalle en su biografía.

Específicamente, la autora señala una entrevista publicada en el Sunday Times en junio de 1969, en la cual el periodista británico Frank Giles le preguntó a Meir si ella pensaba que la emergencia de las fuerzas combatientes palestinas eran un factor importante en Medio Oriente.

La respuesta de Meir en ese momento fue franca en su entrega. «No es como si existió un pueblo palestino y [los judíos] vinieron y los echaron y les arrebataron su país. Ellos [los palestinos] no existían», dijo Meir al periodista.

¨Golda no entendió el nacionalismo palestino en lo absoluto¨, dice Klagsbrun.

Documentos desclasificados proporcionan una nueva ventana

Ha habido una serie de biografías escritas tanto en hebreo como en inglés sobre la vida de Meir hasta la fecha. Sin embargo, ningún libro llega al mismo nivel de detalle de este tomo actual.

Klagsbrun asumió la enorme tarea de escribir una biografía tan extensa y detallada sobre la vida de Meir porque una serie de archivos claves han sido desclasificados.

La meticulosa investigación de Klagsbrun la llevó a una serie de países, donde ella estudió más de mil documentos, transcripciones telefónicas, y minutas de reuniones gubernamentales estadounidenses, israelíes, británicas y rusas.

Sin embargo, no todas las reuniones históricamente relevantes con o sobre Meir fueron puestas por escrito.

Golda Meir recibiendo a miembros de la ONU en Jerusalem.

Un registro histórico crucial faltante en los archivos concernía a una reunión vitalmente importante que Meir sostuvo con el presidente de Estados Unidos Richard Nixon el 25 de septiembre de 1969, llevada a cabo en el césped de la Casa Blanca para asegurar que ningún espía o infiltrador potencial dentro de la Casa Blanca pudiera oír o documentar su conversación.

Privadamente, Nixon era famosamente un antisemita. Pero estaba ansioso por establecer lazos políticos cercanos con Israel debido a su ubicación estratégica en Medio Oriente.

Esto fue especialmente cierto durante el tumultuoso período de la Guerra Fría a finales de los años 1960, cuando algunas naciones árabes en la región estaban recurriendo al comunismo y otras al nacionalismo pan-árabe, ambos pasos lejos de la participación en el orden mundial occidental liderado por los estadounidenses.

Ostensiblemente, ambos líderes estaban ahí para discutir las necesidades militares y económicas de Israel.

Pero Klagsbrun afirma que ahora hay significativa evidencia de los memos de Henry Kissinger -quien era entonces tanto secretario de estado como asesor de seguridad nacional para Nixon -confirmando que Meir «le dijo al presidente Nixon que Israel tenía armas nucleares».

La primera ministra Golda Meir y Henry Kissinger flanqueados por Yitzhak Rabin y su esposa Leah.

La política de Israel respecto a las armas nucleares, que los servicios de inteligencia extranjeros creen que había empezado a desarrollarse secretamente en los años 1950, es referida eufemísticamente como una «opacidad». Básicamente, explica Klagsbrun, la política era ni negar ni confirmar la supuesta posesión de armas nucleares de Israel. Oficialmente Israel continúa esta postura ambigua hasta el día de hoy.

«La actitud de Golda desde el mismo inicio fue que Israel debería dejar saber a Estados Unidos que ellos tenían armas nucleares», dice la autora. «En reuniones de gabinete, por ejemplo, ella siempre habló sobre la necesidad de ser abiertos sobre este tema. Ella no quería armas nucleares desarrolladas en Israel en primer lugar. Cuando ellas lo fueron, lo aceptó. Pero al menos ella quería revelar a Estados Unidos cuál era la situación».

La autora Francine Klagsbrun.

Israel había escogido claramente un lado en la Guerra Fría para el momento en que Meir supuestamente le confesó a Nixon sobre las supuestas capacidades nucleares de Israel en 1969. Pero hubo un momento cuando las inclinaciones ideológicas no eran tan claras, como el libro está interesado en señalar. Meir siempre fue una comprometida, aunque algo ingenua, socialista.

En un capítulo Klagsbrun recuerda lo que Meir una vez se refirió como el período de ¨luna de miel¨ de la relación de Israel con la Unión Soviética.

En septiembre de 1948, Meir empezó a servir como Embajadora de Israel para la Unión Soviética. Los periódicos rusos Izvestia y Pravda detallaron su llega con cierto alboroto en el momento; particularmente su intento de presentar a Israel como una pequeña nación pionera, viviendo simplemente en concordancia con los ideales socialistas.

Klagsbrun dice que Meir no comprendió del todo las distinciones que Stalin hacía entre la relación de la Unión Soviética con Israel, y la relación de la judería soviética con ella.

¨Stalin quería que los judíos soviéticos fueran fieles sólo a la Madre Rusia. Yo no creo que Golda, u otros israelíes, comprendieron bien esa distinción¨, explica la autora.

¨Los delegados israelíes tampoco entendieron cuán secreta era en realidad la Unión Soviética. Ellos estaban siendo observados y grabados en cada momento que ellos estuvieron ahí¨, añade Klagsbrun.

Mujer pionera en una sociedad fronteriza

Una cultura patriarcal dominó la política de Israel durante sus primeros años, mientras el estado se estaba formando y evolucionando rápidamente. La responsabilidad y prestigio que Meir buscó en ese momento fue la excepción, no la regla, para las mujeres en el naciente estado.

De acuerdo a Klagsbrun, al padre fundador y primer primer ministro de Israel David Ben-Gurion se le debería dar algún crédito por la audaz decisión de involucrar a una mujer en una posición política de liderazgo -especialmente en un momento cuando la presencia de una mujer no era una visión común en los círculos políticos, y no sólo en Israel.

En marzo de 1948, después que Meir recaudó una considerable suma de efectivo en Estados Unidos para adquirir armas para el incipiente estado, Ben-Gurion le dijo a Meir que ¨algún día cuando la historia será escrita, se dirá que fue una mujer judía quien consiguió el dinero para hacer que el estado fuera posible¨.

Ese mismo mes Ben-Gurion le dijo a una serie de colegas masculinos en una reunión del Partido Mapai que «es esencial tener mujeres en el gobierno».

«Golda era muy cercana a Ben-Gurion», explica Klagsbrun.

Sin embargo, surgieron discusiones entre ambas personalidades.

La primera ministra Golda Meir dando la bienvenida al canciller de Alemania Occidental Willy Brandt en el aeropuerto de Lod, el 7 de junio de 1973.

«Sobre lo que ellos pelearon fue Alemania», dice Klagsbrun. ¨Ben-Gurion estaba muy de acuerdo -probablemente con razón -con lo que él llamaba la nueva Alemania después del Holocausto. Él veía a Alemania como una fuente de apoyo financiero para Israel. Golda estaba de acuerdo con eso. Pero su corazón no estaba totalmente en ello.

«Golda sentía que Israel estaba formada por sobrevivientes del Holocausto, y que Ben-Gurion no era muy receptivo a eso», añade Klagsbrun.

Ellos también estuvieron divididos sobre el asunto Lavon en 1954, en el cual 11 jóvenes judíos egipcios llevaron a cabo operaciones de sabotaje en Egipto en un esfuerzo por crear el caos y forzar a los británicos a retener su control sobre el Canal de Suéz.

Tanto el primer ministro de Israel en esa época Moshe Sharett como su ministro de defensa, Pinhas Lavon, negaron cualquier conocimiento de la operación, pero el entonces director de inteligencia militar de las Fuerzas de Defensa de Israel Binyamin Gibli afirmó que él estaba dando las órdenes para la operación de parte del mismo Lavon.

Anwar Sadat con Golda Meir y Shimon Peres en la Knesset.

«Ben-Gurion quería llevar a una corte judicial a Lavon», dice Klagsbrun, «y los otros ministros -Golda y otros -aunque ellos no estaban enamorados de Lavon, sólo querían poner fin a todo».

«Esto se convirtió en un gran problema cuando Ben-Gurion llegó a estar verdaderamente obsesionado con la idea de un comité judicial», continúa Klagsbrun. «Golda quería seguir adelante y aceptar el pedido de un comité ministerial para limpiar a Lavon. Así que se convirtió en una manzana de la discordia entre ellos. En última instancia, llevó a un rompimiento en su relación [política]».

«Sin embargo, ellos volvieron a estar juntos y se reconciliaron», añade Klagsbrun. «Y sin importar lo que ocurriera entre ellos, Golda siempre dijo que fue Ben-Gurion el que fue verdaderamente responsable de la creación de Israel. Así que ella tenía enorme respeto y amor por él».

Enfoque en el frente interno

El libro de Klagsbrun no se enfoca sólo en la vida política de Meir. La biografía también hace un acercamiento a la vida colorida y más bien poco convencional de la ex primera ministra -especialmente las dificultades que Meir encontró en hacer malabares con su vida política y su familia.

Ella luchó para equilibrar estos dos mundos. Su relación con su esposo Morris Myerson, dice Klagsbrun, se convirtió en una pragmática, perdiendo algo de lo físico y afectivo.

En un ensayo que Meir una vez escribió llamado «Madres Prestadas», ella habló sobre lo que llamaba sus «luchas internas y la desesperación de la madre que va a trabajar como siendo sin paralelo en la experiencia humana».

A menudo, con la ayuda de Morris -y otros miembros de la familia que daban una mano para ayudar -Meir dejó a sus hijos en aquellos primeros años por meses en una época mientras dedicaba su vida a la política sionista y socialista.

«Los niños estaban muy resentidos con ella, pero cuando crecieron estuvieron tan orgullosos de ella», dice Klagsbrun.

Golda Meir y David Remez asistiendo a la primera Knesset en Jerusalem, 26 de diciembre de 1949.

Aunque Morris y Golda nunca se divorciaron legalmente, su matrimonio hacía tiempo que había terminado para el momento en que él murió en 1951. Klagsbrun dice que los rumores surgieron bastante regularmente sobre otros amantes que Meir tuvo dentro del Partido Mapai y fuera de él. Incluso se dijo que una vez tuvo una aventura con un árabe palestino aristócrata.

Pero fue David Remez, el primer ministro de transporte de Israel y signatario de su declaración de independencia, con quien Meir estaría física y emocionalmente cerca a través del curso de su vida.

El libro de Klagsbrun reimprime cartas íntimas -escritas en hebreo y con palabras codificadas -entre los dos amantes mientras ellos se hacían confidencia uno al otro, a menudo en código para evitar ser atrapados por sus cónyuges.

«David Remez, con quien Golda tuvo una aventura, creo que fue verdaderamente el amor de su vida», dice Klagsbrun.

«También sentí que ella tuvo una aventura con Henry Montor, quien era el director del United Jewish Appeal [y ex secretario del Tesoro de Estados Unidos] con quién ella trabajó muy cercanamente recaudando dinero en Estados Unidos», dice ella.

«Hubo otros hombres [sospecho yo] con los que ella tuvo aventuras, pero no pude encontrar documentos reales que lo probaran», concluyen Klagsbrun. «Ella era una mujer adelantada a su tiempo en ese sentido. Su actitud era vivir la vida al máximo».

 

Fuente:  The Times of Israel
Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil



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