Cuando Irlanda rechazó a los huérfanos judíos huyendo de los nazis, este hombre salvó a docenas

En sentido de las manecillas del reloj, desde la izquierda: Hubert Butler con su hija julia en 1960;
dos parejas que los Butler ayudaron a salvar de los nazis

Una nueva película que narra el antisemitismo irlandés es protagonizada por un héroe de la Segunda Guerra Mundial, el ensayista Hubert Butler, quien fue condenado al ostracismo por hablar contra la iglesia católica.

LONDRES.- El 9 de julio de 1943, el miembro recién electo del parlamento irlandés, Oliver Flanagan, se puso de pie para dar su primer discurso.

“Hay una cosa que Alemania hizo y eso fue sacar a los judíos de su país”, declaró él, diciendo que Irlanda debería seguir su ejemplo. “Ellos crucificaron a nuestro salvador hace 1,900 años y están crucificándonos a nosotros todos los días de la semana”.

Nadie se opuso a las palabras de Flanagan. Ciertamente, sus votantes no parecieron demasiado preocupados. Un año más tarde, Flanagan fue re-electo para la Dail, la cámara baja del parlamento de Irlanda, con el doble de votos que había recibido anteriormente.

Él continuaría conservando el asiento por las siguientes cuatro décadas, y, ascendiendo a través de las filas del partido Fine Gael, para servir a continuación en el gobierno y disfrutar un breve período como Ministro de Defensa de Irlanda en los años 1970.

Poco después del ahora notorio discurso, Flanagan estuvo de pie nuevamente en la Dail, cuestionando al primer ministro irlandés sobre los planes para que el país recibiera a 500 niños judíos de Francia. Bajo presión, Éamon de Valera negó que los niños eran judíos. La intervención de Flanagan, sin embargo, tuvo el efecto deseado y la disputa política que había ayudado a avivar aseguró que en última instancia Irlanda optara por dejar a los niños a su suerte.

Aunque la virulencia del antisemitismo de Flanagan puede haber sido inusual, Irlanda, la cual adoptó una posición de neutralidad durante la guerra, mostró poca compasión por los judíos perseguidos de Europa. Como Fintan O´Toole del Irish Time ha argumentado, la política irlandesa estaba “infectada con una combinación tóxica de antisemitismo y autocompasión”.

Fintan O´Toole, centro, con políticos irlandeses en el 2010

En los años 1930, el gobierno puso la responsabilidad por los refugiados en las manos del acertadamente llamado Comité para la Ayuda de los Refugiados Cristianos. A los judíos convertidos al cristianismo se les permitió establecerse en el país. A aquellos que no lo habían hecho, se les prohibió. Estos judíos, sugirió el secretario del comité, deberían ser cuidados por la comunidad judía estadounidense.

En una conferencia europea sobre los refugiados judíos en julio de 1938, un miembro de la delegación irlandesa, refiriéndose a la persecución de los católicos del país durante los días del gobierno británico, sugirió: “No sufrimos nosotros así en los días Penales y nadie vino en nuestra ayuda?”

Mientras tanto, en Berlín, el embajador violentamente antisemita del país, Charles Bewley, trabajó para echar por tierra las posibilidades de que cualquier judío pudiera deslizarse a través de la ajustada red que Irlanda había lanzado alrededor de sí misma. Sus informes de Dublín indicaban que los judíos estaban involucrados en pornografía, aborto y el “tráfico internacional de trata de blancas”. Ellos también negaron cualquier “crueldad deliberada” por parte del gobierno alemán hacia los judíos, y repitieron como loros la defensa de Hitler de las Leyes de Nuremberg.

Hacer click en el link para ver el vídeo.  http://www.timesofisrael.com/when-ireland-rejected-jewish-orphans-fleeing-nazis-this-man-saved-dozens/?utm_source=The+Times+of+Israel+Daily+Edition&utm_campaign=2cc5a94ac5-EMAIL_CAMPAIGN_2017_08_25&utm_medium=email&utm_term=0_adb46cec92-2cc5a94ac5-55331197 

Incluso después de la guerra, como el Dr. Byran Fanning subrayó en su libro “Racismo y Cambio Social en la República de Irlanda” del 2002, los ministros y funcionarios civiles irlandeses veían a los judíos como “enemigos de la fe y de la patria” que deberían ser expulsados del país.

Una propuesta para admitir a 100 huérfanos judíos de Bergen-Belsen fue inicialmente bloqueada y sólo procedió después de la intervención personal de Valera. Quizás esta fue la forma de expiación del primer ministro por su decisión el año anterior de visitar al embajador alemán para ofrecerle sus condolencias por la muerte de Hitler.

El político irlandés Éamon de Valera

Pero todas las personas estaban dispuesta a aceptar la línea oficial de fría indiferencia ordenada por el estado irlandés. Todos excepto Hubert Butler, el gran ensayista y escritor irlandés quien había sido descrito como “el George Orwell de Irlanda”.

Recientemente, la televisión irlandesa transmitió un documental de una hora, “El Nuncio y el Escritor”.

La película rastrea los esfuerzos pre-guerra de Butler a favor de los judíos vieneses y su lucha post-guerra para exponer algunos oscuros secretos que su propio país, y la iglesia católica, que tenía tanto poder sobre él, estaban determinados a que deberían permanecer enterrados.

Un devoto irlandés nacionalista, Butler era también un europeo y un aventurero Después de estudiar en Oxford, enseñó inglés en el Leningrado post-revolucionario, y más tarde desarrolló un amor, y fascinación, permanentes por los Balcanes. Habiendo sido testigo de los refugiados judíos escapando de los nazis a través de Yugoslavia a finales de los años 1930, él viajó a Viena poco después del Anschluss.

Se ofreció como voluntario con los cuáqueros, trabajando junto a la activista cuáquera estadounidense Emma Cadbury para ayudar en el rescate de los judíos de la cada vez más compleja depravación de los nazis. Butler aseguró visas de salida, mientras que su esposa, Peggy Guthrie, se reunía con los refugiados en Londres y los acompañaba a Irlanda. Algunos se quedaban en la casa de los Butler en Bennettsbridge. Los amigos fueron presionados para albergar a otros.

Con el tiempo, y con la ayuda de los Butler, los refugiados viajaron a América; la ley irlandesa no les permitía quedarse en el país.

Butler más tarde describió su trabajo en Viena como la época más feliz de su vida. El número exacto de judíos que los Butler rescataron nunca será conocido, pero se cree que sobrepasa los 100; muchas veces más que aquellos admitidos legalmente en Irlanda por su gobierno. Para O´Toole, las acciones de Butler “salvaron hasta cierta medida a Irlanda de la vergüenza eterna”.

Poniendo una lupa sobre los ‘esfuerzos’ católicos en Croacia

Después de la guerra, Butler regresó a Yugoslavia. El régimen fascista de Ante Pavelic en el estado independiente de Croacia -establecido por los nazis después de que invadieron las desmembrada Yugoslavia en 1941 -se convirtió en su centro de atención.

Una familia salvada por Hubert Butler, después de su relocalización en Argentina

El Holocausto, escribió más tarde Butler, fue simplemente el crimen más grande en la historia humana. En Croacia, tomó la vida de casi toda la población judía, muchos de ellos asesinados en el campo de concentración de Jasenovac.

Pero Butler estaba decidido a que otras atrocidades cometidas por el Ustasa de Pavelic no fueran olvidadas. Hablando fluidamente serbo-croata, asistió a los juicios de crímenes de guerra en Zagreb y en la biblioteca de la universidad de la ciudad hojeó los periódicos publicados por la iglesia católica durante el reinado de Pavelic. Butler quería descubrir que oposición, si alguna, había ofrecido la iglesia contra esto.

No era un punto académico. Durante el gobierno de cuatro años de Ustasa, unos 2.5 millones de serbios ortodoxos habían sido forzados a convertirse al catolicismo; se cree que alrededor de 300,000 habrían sido asesinados. La iglesia, la cual alentó las conversiones, alegó que no sabía nada de los crímenes que habían sido cometidos en su nombre. Pero, como Butler comenzó a exponerlo meticulosamente, eso simplemente no era verdad. Pavelic, escribió él, era “el epítome, la personificación de la extraordinaria alianza de la religión y el crimen”.

La milicia de la Ustase ejecutando gente sobre una fosa común
cerca del campo de concentración de Jasenovac

De regreso a Irlanda, sin embargo, pocos quisieron escuchar la historia de Butler. A medida que la Guerra Fría se profundizaba, la iglesia católica se había convertido en un importante guerrero en la lucha contra “el comunismo sin D-s”.

Cuando el régimen comunista de Tito llevó a juicio al arzobispo Aloysius Stepinac por colaboración con la Ustasa, 150,000 personas se manifestaron en Dublín en protesta, aparentemente desinteresadas o inconscientes del papel profundamente ambiguo desempeñado por el arzobispo de Zagreb bajo Pavelic.

Ante Pavelic

Stepinac había escrito a Pavelic en varias ocasiones para protestar contra las masacres cometidas por la Ustasa y eventualmente condenó públicamente la persecución de los judíos.

Sin embargo, él falló en romper con un régimen al cual inicialmente él había ofrecido un fuerte apoyo, mientras que su enfoque hacia la conversión forzada de los serbios, escribió John Cornwell en su biografía del Papa Pío XII, mostró una “dislocación moral”, que “respaldaba un desprecio por la libertad religiosa equivalente a la complicidad con la violencia”.

En una reunión de la Asociación Irlandesa de Asuntos Internacionales en Dublín en 1952, Butler respondió a un discurso sobre la persecución de la iglesia católica detrás de la Cortina de Hierro, refiriéndose a los crímenes en los cuales ésta había sido cómplice en la Croacia de los tiempos de guerra.

Butler apenas había empezado a hablar cuando el Nuncio Papal, Gerald O´Hara, salió de la sala. En el golpe posterior, Butler fue atacado en los medios de comunicación y condenado al ostracismo en su ciudad natal de Kilkenny. Como la locutora Olivia O´Leary sugirió: “Ser católico es ser irlandés. Había un elemento de ser leal a la tribu y el sentimiento de que Butler había insultado a un príncipe de la tribu”.

Detrás de puertas cerradas, el presidente irlandés, Sean T. O´Kelly, emitió una “advertencia” secreta contra Butler, chantajeándolo efectivamente. Tan peligroso era considerado el escritor, que, cuando, siete años después, él aplicó para renovar su pasaporte, los funcionarios debatieron si rechazar la petición, refiriendo incluso el asunto al director de la inteligencia militar irlandesa.

Butler, sin embargo, no iba a ser disuadido. En su lugar, comenzó a examinar el papel del gobierno irlandés en ayudar a los criminales de guerra alemanes, belgas, bretones y croatas a escapar de la justicia. Uno en particular lo obsesionaba: el ministro del interior de Pavelic, Andrija Artukovic.

Artukovic estuvo completamente implicado en los crímenes asesinos de su gobierno. Su promesa de acabar con los judíos, a quienes llamó “parásitos insaciables y venenosos”, precedió a la campaña de exterminación sistemática contra ellos en 1943. El Departamento de Justicia de Estados Unidos lo calificaría más tarde como “el Carnicero de los Balcanes”.

Butler reconstruyó cuidadosamente cómo Artukovic había logrado entrar en Irlanda en 1947, viviendo ahí por un año bajo el pseudónimo de Alois Anich antes de con ayuda de los funcionarios de Dublín -mudarse a Estados Unidos.

Andrija Artukovic

“El proceso por el cual un gran perseguidor es transformado en mártir”, escribió Butler secamente en su ensayo de 1966 “El Expediente Artukovic”, “es con seguridad algo interesante que necesita la investigación más cercana”.

Dos años más tarde, él escribió “Los Niños de Drancy”, volviendo su mirada implacable hacia las acciones de aquellos que habían colaborado, o se habían hecho de la vista gorda, con la deportación de los judíos parisinos en 1942.

Gran parte de los escritos de Butler permanecieron largamente sin conocerse hasta los años 1980 cuando sus ensayos fueron descubiertos por un joven editor independiente. A medida que las colecciones de sus obras eran publicadas, el reconocimiento internacional siguió con ediciones llevadas a cabo en New York, Londres y Paris.

Butler murió en enero de 1991. Por lo tanto, él no vivió para ver al Ministro de Justicia, Igualdad y Ley de su país, Michael McDowell, reconocer públicamente en el primer Día de Recordación del Holocausto de Irlanda en el 2003, que su país había sido “indiferente, hostil e insensible” hacia los judíos. Pero tampoco tuvo que presenciar el derramamiento de sangre y el salvajismo que visitó una vez más al pueblo de Yugoslavia apenas seis meses después de su muerte.

 

Fuente: The Times of Israel
Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil