¿Quién es el soberano en el Monte del Templo?


El Monte del Templo en Jerusalem, el lugar de un ataque mortal la semana pasada.

Este martes, conmemoraremos el 9 de Av, cuando el Templo fue destruido. El Templo representa nuestra unidad. Cuando restauremos nuestra unión, no necesitaremos ladrillos para probar que nuestro lugar está aquí en Israel.

 No es un secreto que la campaña de difamación árabe en los medios de comunicación y las manifestaciones “populares” organizadas contra la colocación de detectores de metales en las entradas al Monte del Templo no tienen nada que ver con medidas de seguridad. Desde la perspectiva del Wakf (la organización musulmana controlando y administrando el Monte del Templo), y del resto del mundo árabe, la resistencia a los detectores representa la resistencia a la soberanía de Israel sobre el Monte del Templo en particular, en la ciudad de Jerusalem, y en todo Israel. Entre más dure la campaña, más ganarán los árabes el favor del mundo, e Israel cada vez más será visto como el matón en el vecindario.

Hasta ahora, casi nadie recuerda que los detectores fueron colocados en las entradas porque tres terroristas abrieron fuego sobre la policía israelí, matando a dos oficiales e hiriendo a un tercero. Todo lo que el mundo entero ve ahora es que Israel no está dejando a los musulmanes rezar en su lugar sagrado, cuando de hecho, la única gente que mantiene a los fieles fuera del Monte del Templo es el Wakf, quienes están diciéndoles a los fieles que no entren en protesta por la colocación de detectores.

El Templo -la Unidad de Israel.

No solamente el Wakf objeta la autoridad de Israel sobre el Monte del Templo. Las resoluciones de la UNESCO negando la historia judía en el Monte del Templo, Jerusalem, y la Cueva de los Patriarcas en Hebron representan la opinión de todo el mundo de que nosotros no pertenecemos aquí. Si la ONU fuera a votar hoy sobre el establecimiento de un estado judío, quién votaría “Sí”? Probablemente sólo Estados Unidos.

Para ser soberano en la tierra de Israel, y particularmente en el Monte del Templo, se debe entender qué representa el Templo y llevar tu vida de acuerdo a ello. El libro Netzah Israel (Capítulo 4) escribe, “La Casa fue arruinada debido al odio infundado, porque sus corazones se dividieron y ellos se separaron fueron indignos de un Templo, el cual es la unidad de Israel”.

Si nosotros reflexionamos honestamente sobre nuestra sociedad, sobre lo que proyectamos al mundo, es claro que nosotros estamos profundamente divididos y proyectamos desunión y discordia en todos lados. El Maharal de Praga escribe en Hidushey Avot (Gittin 55b):  “El Templo debería ser la totalidad del mundo entero, no sólo de Israel…Ya que el Templo es la totalidad del mundo entero, incluidas las naciones, no fue arruinado por las naciones, sino por el odio infundado y la división, cuando Israel se dividió”.

En otras palabras, el Templo no pertenece a ninguna nación o religión; representa la unificación del mundo. Por lo tanto, sólo aquellos que defienden y ejecutan la unidad ameritan estar ahí. La palabra hebrea Yehudi (judío) viene de la palabra yihudi, que significa unidos (Yaarot Devash, Parte 2, Drush no. 2). Cuando nosotros, los judíos, nos unimos “como un solo hombre con un solo corazón”, fue la primera y única vez en la historia cuando personas de clanes diferentes, a menudo rivales de toda Babilonia y el Cercano Oriente se unieron y forjaron una nación. Nuestra unidad, por lo tanto, fue un modelo a seguir para todo el mundo. Como resultado, inmediatamente a continuación del establecimiento de nuestra nación, se nos ordenó ser “una luz entre las naciones”, llevar nuestro método de unidad al resto de la humanidad.

El libro Sefat Emet (Shemot, Yitro) describe lo que significa ser “una luz entre las naciones”:  “Los hijos de Israel son los garantes de que ellos recibieron la Torah [la luz de la unidad] a fin de corregir al mundo entero”. Pero si nosotros no estamos unidos, y por lo tanto no proyectamos unidad al resto del mundo, nos podemos referir verdaderamente a nosotros mismos como los “hijos de Israel”? Y si no somos verdaderamente los hijos de Israel, unidos como los hijos de Israel están destinados a estar, podemos reclamar la soberanía sobre la tierra?

La Sedición Conquistó la Ciudad, y los Romanos Conquistaron la Sedición.

El historiador judío-romano Josefo Flavio vivió en la época de la ruina y fue testigo de primera mano de muchos de los eventos. Él escribió muy claramente sobre las causas de la ruina del Templo y del exilio (Las Guerras de los Judíos, Libro IV, Capítulo 6): “La sedición [entre los judíos] conquistó la ciudad, y los Romanos conquistaron la sedición”. En los días del Templo, Flavio detalló, “El atributo del que [los judíos] más carecían era la misericordia…Ellos transfirieron su ira de los vivos a los muertos, y de los muertos a los vivos [de su propio pueblo]. El terror era tan grande que los sobrevivientes llamaban ´felices´ a los muertos, ya que ellos ya descansaban. …Estos hombres pisotearon todas las leyes de los hombres [el amor por los otros], y ridiculizaron las palabras de los profetas. Sin embargo, estos profetas predicen…que la ciudad debería ser tomada y el santuario quemado por la guerra cuando una sedición invada a los judíos, y su propia mano contaminaría el Templo. Ahora estos fanáticos…se convirtieron ellos mismos en instrumentos del cumplimiento [de las profecías]”.

Cuando usted piensa sobre el odio actual entre los dos lados del mapa político en Israel o entre los dos lados del mapa político entre los judíos estadounidenses, las similitudes con la enemistad entre nuestros ancestros son demasiado llamativas para ignorarlas. “Al final del período del Segundo Templo”, escribe el libro Una Carta de Elías (Parte 3), ¨la lucha y el odio se intensificaron en Israel, y el orgullo fue la raíz del deseo por el dominio absoluto. Esto los llevó al odio hacia sus semejantes hasta que no pudieron aguantar la existencia misma del otro. De esa raíz del orgullo también surgió la audacia para pecar desvergonzadamente, porque ellos no percibían la contradicción entre sus acciones y sus opiniones, y su consciencia no les hacía esconder sus acciones. Y si a ellos no les importa el conflicto entre sus opiniones y sus acciones, entonces son considerados como “todo pecado”. “Estas son las cosas que causaron la ruina de la Casa”.

Una Tierra sin un Soberano

Hoy, nosotros tenemos un estado, y aparentemente tenemos soberanía. Pero el nombre, “El Estado de Israel”, todavía carece de contenido. Nuestra intolerancia el uno hacia el otro, nuestro desdén hacia nuestro propio pueblo se está disparando. Si no nos damos cuenta de que estamos repitiendo el mismo crimen de odio infundado que cometimos hace dos milenios, seremos expulsados de esta tierra nuevamente hasta que estemos listos para unirnos sobre nuestras diferencias como lo hicieron nuestros ancestros en el desierto.

Este lunes en la noche, conmemoraremos el nueve de Av, la fecha cuando el Templo fue destruido. Pero fue destruido en nuestros corazones mucho antes de que los ladrillos estuvieran en llamas. Con estas convincentes palabras, El Hida describe la ruina interior (Devarim Achadim, Tratado no. 6): “Qué podemos decir cuando nos lamentamos todo el día por la ruina de la Casa y la [ausencia de] la redención?…Todo fue arruinado por el odio infundado, y si estamos desunidos ahora y hay odio infundado, como pude ser construida la Casa, ya que la causa de nuestra ruina no ha cesado en nosotros? Cómo podemos decir que esperamos Tu salvación todo el día mientras todavía hay odio infundado en medio de nosotros? Ay! Cómo puede el hombre hacer buenas acciones mientras su impureza del odio sin fundamento todavía está en él?”

Para ser los dueños de la tierra de Israel, debemos llegar a ser una vez más el pueblo de Israel, yehudim [judíos] de la palabra, yihudi [unidos]. A menos que reconstruyamos nuestra unidad y reasumamos nuestro compromiso para ser un faro de unidad entre las naciones, el mundo no apoyará nuestra existencia aquí y seremos expulsados una vez más.

La soberanía en la tierra de Israel es diferente a la soberanía en cualquier otra tierra -adquirida por el poder militar. Esta tierra no tiene soberanía; sus habitantes son personas que están dispuestas a conectarse, a unirse por encima de su odio, exactamente igual que nuestros antepasados. Si podemos aprender la lección de los horrores de nuestros ancestros y trascender nuestros egos egoístas, mereceremos permanecer aquí, y el mundo entero estará detrás de nosotros. Pero si optamos una vez más por la enemistad, entonces sufriremos la hostilidad del mundo entero, pero no antes de que peleemos unos contra otros una vez más.

Para más información sobre el antisemitismo y el papel del pueblo de Israel, por favor visite Why Do People Hate Jews.

Michael Laitman tiene un doctorado en Filosofía y Kabbalah y una maestría en Bio-Cibernética Médica. Él fue el primer discípulo del Kabbalista Rav Baruch Shalom Ashlag (el RABASH). Laitman ha escrito más de 40 libros, los cuales han sido traducidos a docenas de idiomas.

 

Fuente: The Jerusalem Post
Traducción: Comunidad Judía de Guayaquil