Yom Ha’atzmaut: Un matrimonio inflexible de más de 3.500 años

Este año, Yom Ha’atzmaut conmemora el 68 aniversario de un matrimonio que ha durado más de 3.500 años. Esto puede sonar como una paradoja, pero es la ineludible verdad sobre la Tierra de Israel y los judíos. Ningún matrimonio ha durado tanto tiempo, ha tenido un compromiso tan profundo y ha sido tan abrumador en su amor como el que existe entre los judíos y su tierra natal. Pero, ningún matrimonio ha sido tan doloroso o tan trágico, ya que los integrantes fueron obligados a separarse por el Imperio Romano hace casi 2.000 años. La novia y el novio se juraron amor incondicional, pero no se reunieron sino hasta después de 1.878 años. Pero, durante todos esos años, nada – absolutamente nada – pudo separar emocionalmente a la pareja, incluso cuando estaban a miles de kilómetros de distancia el uno del otro. Este matrimonio no dependía de dónde se encontraban sus integrantes, sino más bien de dónde habitaban sus almas.

Para que el matrimonio tuviera éxito, los judíos, metafóricamente y sin precedentes, sacaron a la Tierra de Israel de su lugar natural y la transformaron en una patria portátil, llevándola consigo a los cuatro rincones del planeta. Recién en 1948 pudieron, las personas y su tierra, reunirse físicamente.

La fundación del Estado de Israel no es entonces el principio de la unión entre la tierra y el pueblo judío, sino una reafirmación del compromiso de matrimonio que tuvo lugar hace miles de años entre Dios y Abraham. El Estado de Israel no fue establecido en 1948, sino hace más de 3.000 años, cuando Abraham compró la cueva Macpela con el fin de enterrar a su esposa Sara. Se reafirmó unos cientos de años después, cuando los Israelitas heredaron la tierra bajo el liderazgo de Josué, inmediatamente después de la muerte de Moshe (Moisés).

Pero el matrimonio no debe darse por sentado. Ni siquiera después de 3.500 años. Cuando un novio ofrece su nueva esposa un anillo como signo de compromiso, él sabe que esto es sólo la primera entrega de una promesa en curso. El matrimonio no puede subsistir si ambas partes no reinvierten constantemente en su relación. El momento en que un matrimonio se cuenta en años en lugar de reconocerlo según el esfuerzo compartido de nuevas oportunidades, ha llegado a su fin. Sólo una misión – un sueño común – puede sostener un matrimonio, y sólo algo más grande que el mismo, va a permitir que tenga éxito. Parafraseando a Aristóteles, el matrimonio es una sola alma que habita en dos cuerpos. Sin embargo, un alma que ha perdido su objetivo, se ha perdido a sí mismo.

Irónicamente, una parte significativa de la población de Israel lucha hoy en día para mantenerse casada espiritualmente con su tierra. El desenfrenado materialismo, el secularismo y el fanatismo religioso han erosionado sentido de la identidad judía y la conciencia histórica de Israel que da sentido a su existencia nacional. Un número creciente de personas carecen de auto-comprensión judía y cuestionan hasta por qué deberían vivir en este país. Es verdad que los maravillosos soldados israelíes están dispuestos a sacrificar sus vidas por nuestro país. Pero ¿cuánto tiempo puede continuar esto cuando Israel no es nada más que un país? La gente está dispuesta a morir sólo por aquello por lo que ha vivido. Y los seres humanos pueden vivir una vida con sentido sólo cuando saben que hay algo eterno por lo que vale la pena morir.

Por tanto, es crucial identificar el elemento que ha unido a la pareja durante estos miles de años. Y ese elemento es, inequívocamente, la misión de ser «una luz para las naciones», como lo pronunció Dios al profeta Isaías. El matrimonio fue creado para dar a luz a una fuente de enseñanzas religiosas y morales que inundarán la humanidad con el conocimiento de que la vida es sagrada y que Dios espera la respuesta del hombre a su llamado con el fin de redimir Su mundo.

Esta es, pues, la tarea de la Tierra y el Pueblo de Israel: elevar a la raza humana para que se convierta en un enlace entre lo divino y lo terrenal. Porque la vida es un mandato, un privilegio – no un juego o una mera trivialidad. El pueblo judío se casó con la tierra con el fin de crear una sociedad modelo para ser emulada por toda la humanidad.

Son los rabinos los que consagran un matrimonio. Pero eso es sólo una parte de su tarea. Como pastores, es su responsabilidad asegurar el éxito del matrimonio y atenderlo si tambalea o se estanca. Esta es la tarea de los líderes religiosos de Israel hoy. Deben transformar al pueblo judío mediante la creación de un anhelo espiritual por su misión única, restaurando así el matrimonio en todo su potencial después de la larga y difícil separación.

Los verdaderos líderes religiosos no deben ser «honrados» o «muy respetados». Más bien, como hombres de la verdad debe provocar admiración sin precedentes entre los israelíes y los judíos. Al mismo tiempo sus imponentes personalidades deben atraer a la gente con su desbordante amor.

Los tiempos exigen una orientación religiosa y moral inquebrantable. El liderazgo religioso debe liberarse del marasmo en el que se ha estancado. En una iniciativa sin precedentes, debe conducir la nave de un judaísmo inspirador, rejuvenecido, a toda vela directo al corazón de la sociedad israelí, provocando olas que afecten todos los aspectos de la vida. Ya no puede ocuparse solo del kashruth de nuestros alimentos, o de nuestro judaísmo. Por encima de todo, debe inspirar el kashruth de nuestras almas. Al igual que los profetas de la antigüedad, nuestros líderes religiosos deben generar una revolución espiritual, provocando un alboroto ético-religioso que sacuda hasta los cimientos del Estado. Su completo fracaso de hacerlo es nada menos que una trágica negligencia en el cumplimiento del deber. Los israelíes están a la espera de dicho movimiento, y no hay duda de que su respuesta va a ser abrumadora.

Sólo entonces los judíos volverán a engancharse con su tierra. Sólo entonces podrá el pueblo judío permanecer eternamente casado a su tierra. Sólo entonces ningún tercero, ya sea el antisemitismo europeo, los esfuerzos del BDS (siglas en inglés), Extremismo Musulmán, auto-odio judío o el engaño de la UNESCO, se atreverá a interferir en su vínculo matrimonial. Esta es la esperanza y el futuro de Israel.

¡Que Dios bendiga este matrimonio eterno!

 

Fuente: The Times of Israel
Traducido por la Comunidad Judía de Guayaquil.